#MeToo, descalificación patriarcal y el absurdo de llamarnos feminazis / Libertad Chavez-Rodriguez

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Hace un año aproximadamente, al final de una editorial sobre acoso sexual contra mujeres en los ámbitos científicos, tanto formativos como profesionales, dejaba al aire la pregunta: ¿Por qué las carreras de las mujeres en la ciencia sí son descartables y las de los hombres acosadores no? (Vozes43-Chavez)

El tema vuelve a estar sobre la mesa en todo México a partir del resurgimiento del movimiento #MeToo en las redes sociales, especialmente en Twitter, para denunciar diferentes formas de acoso sexual y violencia contra las mujeres, esta vez refinado para los sectores de periodistas, escritores y académicos con los respectivos hashtags #MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooEscritoresMexicanos, #MeTooAcademicos, a los que les siguen denuncias particulares contra creativos, músicos y activistas, entre otras decenas de gremios profesionales con hashtags particulares y cuentas de Twitter propias donde se pueden canalizar denuncias, que pueden ser anónimas si se desea. El pasado miércoles 27 de Marzo se creó la cuenta de Twitter #MeTooUANL, en la que lamentablemente pueden encontrarse cientos de denuncias anónimas de alumnas y exalumnas de la UANL, en particular las denuncias se concentran contra profesores, académicos y personal de las facultades de Ingeniería y Mecánica (FIME) y de Artes Visuales (FAV), y en las Preparatorias 8 y 9 (https://twitter.com/MeTooUanl).

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En noviembre de 2017 inició AcosoEnLaU, como colectivo nos pronunciamos

Ante estas denuncias, las suposiciones y rumores de campañas de odio contra los hombres o de calumnias contra los acosadores denunciados no se hacen esperar; esto sin lugar a sorpresa, porque la descalificación de las voces de las mujeres es sistemática en el sistema patriarcal. Con ello se ponen en duda la veracidad de las denuncias, la dimensión del problema y su extensión a círculos de profesionistas e intelectuales, cuyos actos de violencia contra las mujeres han sido puestos en evidencia. Sin embargo, en otros países ha sido demostrado que las cifras de denuncias falsas es desdeñable y que representa un mito social que solo entorpece la lucha contra las violencias de género; en el caso de España, entre 2009 y 2016 se han realizado más de un millón de denuncias por violencia machista, de las cuales 212 han sido encontradas falsas, lo que representa solo el 0.02 por ciento del total de denuncias.

También se cuestiona el hecho de que las denuncias sean anónimas, que la denuncia no se haya hecho en un momento cercano a la agresión y la falta de formalización de las denuncias acudiendo a las instancias legales. Se pasa por alto la complejidad psicológica y psicosocial que enfrentan las víctimas de acoso y violencia sexual para procesar lo ocurrido y atreverse a denunciarlo, al tener que seguir conviviendo con sus agresores que en muchos de los casos son conocidos y forman parte de sus círculos sociales, escolares y/o profesionales, y finalmente al reconocer la ineficacia del sistema legal que debería ampararlas y asegurar su acceso a la justicia. Así, según datos del INEGI[1], se estima que solo 1 de cada 10 agresiones sexuales es denunciada, y que 88.4 por ciento de mujeres que han experimentado violencia física y/o sexual por un agresor distinto de la pareja no solicitó apoyo a alguna institución ni presentó denuncia o queja ante alguna autoridad; en los ámbitos escolares y laborales, solo 0.8 y 2.3 por ciento respectivamente solicitaron apoyo a alguna institución. Una problemática adicional es el hecho de que ciertas formas veladas de acoso y violencia no están tipificadas como delitos en el sistema penal mexicano.

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Por otra parte, son indignantes las reacciones de hombres atacando con insultos y ofensas directas a mujeres que denuncian el acoso sexual y otras formas de violencia machista, o a las que apoyan a otras mujeres que han denunciado, compartiendo sus publicaciones en las redes. Estos ataques por escrito se suscitan incluso en reacción a publicaciones que tienen que ver con la defensa de los derechos humanos de las mujeres, por ejemplo a decidir sobre sus propios cuerpos en torno a las recientes discusiones y sucesos sobre la penalización y criminalización del aborto en Nuevo León y otros estados del país[2], y en general en publicaciones que aluden a posturas feministas.

Además de la revictimización mediante ofensas que aluden a la culpa y/o incitación de las propias víctimas, y a la sexualidad de las mujeres, uno de los términos más repetidos es el de “feminazi”. La primera vez que lo escuché no daba crédito, y hasta ahora me sigue pareciendo absurdo, aberrante y sumamente ofensivo, tanto hacia las mujeres como hacia las personas y los pueblos que fueron víctimas del genocidio nacionalsocialista durante el holocausto. El término fue popularizado por el locutor de radio y periodista conservador estadounidense Rush Limbaugh en 1992 –aunque atribuye el término al académico  Thomas Hazlett– para describir “a una feminista para quien lo más importante en la vida es asegurar que ocurran tantos abortos como sean posibles”[3], tratando de establecer una relación, a todas luces falsa, entre la lucha por la legalización del aborto en los años noventa, con el holocausto perpetrado durante la Segunda Guerra Mundial, y con ello entre el feminismo y el nazismo. El término ha sido criticado vehementemente por activistas y académicas feministas, entre ellas la activista Gloria Steinem, quien lo califica como un término cruel y antihistórico[4], señalando la represión del movimiento feminista, la persecución y asesinato de conocidas feministas bajo el régimen nacionalsocialista alemán; también, aclara el posicionamiento del Tercer Reich contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres al cerrar las clínicas de planificación familiar, declarar el aborto como crimen de estado y obligar a una gran cantidad de mujeres de la supuesta “raza aria” a reproducirse, como una obligación moral con el régimen, y a muchas otras a realizar experimentos relacionados con la capacidad reproductiva de las mujeres, por ejemplo para probar mecanismos de esterilización masiva.

El pseudo-término se ha popularizado y actualmente se usa como ofensa, estrategia de silenciamiento o puesta en alto contra cualquier mujer que presente una postura firme, por lo general ante la falta de capacidad argumentativa o la ignorancia sobre ciertos temas en torno a planteamientos feministas y a aspectos de género, aunque no exclusivamente. Se trata efectivamente de un absurdo histórico, pues como se ha documentado, no existe relación entre el genocidio perpetrado durante el holocausto con las luchas feministas. (Ver acerca de “El gran reemplazo“)

Por todo ello me parece muy delicada la idea de apropiarse del término “feminazi”, como ha ocurrido por ejemplo con la apropiación del termino queer en los estudios feministas y entre los grupos LGTBQ+, pues la ofensa va mucho más allá al poner las luchas de las mujeres por la equidad de género, al mismo nivel que los crímenes de lesa humanidad cometidos bajo el régimen nazi durante el holocausto, incluido el exterminio de millones de personas.

Al usarlo ignoramos la historia y a la vez trivializamos el genocidio nazi basado en ideologías de superioridad racial y en un totalitarismo fascista, en el que fueron perseguidos y exterminados sistemáticamente amplios grupos sociales en razón de su religión (judíos, testigos de jehová), sus capacidades físicas (discapacitados, minusválidos, personas con defectos congénitos), sus creencias políticas (comunistas y todo tipo de disidentes políticos) y sus preferencias sexuales (homosexuales), mediante la eliminación física, por medio de los trabajos forzados, el hambre y las cámaras de gas, internados en campos de exterminio y deshumanizados hasta la muerte. Al darle cabida en nuestro lenguaje a un término sin sentido, lo reproducimos y lo normalizamos, difamando los logros de las mujeres feministas, ya que representa justamente todo aquello que el feminismo pretende erradicar: todas las formas de violencia y de discriminación entre los seres humanos, entre ellas el sexismo, la misoginia, la homofobia, el racismo y la xenofobia.

1 de abril de 2019

[1] ENDIREH, Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, 2016. México, INEGI, 2016.

[2] Un recuento de los acontecimientos de Marzo de 2019 en torno a la reforma constitucional del Artículo 1 en Nuevo León, sobre la “protección a la vida desde la fecundación hasta la muerte natural”, se encuentra en: Vozes43/Durin

[3] Limbaugh, R. H. (1992). The way things ought to be. New York: Pocket Books.

[4] Steinem, Gloria (1995). Outrageous Acts and Everyday Rebellions. New American Library.

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