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Las recientes denuncias de acoso y violencia sexual en contra del productor Harvey Weinstein han liberado la palabra de las mujeres a través del mundo. Por medio de las redes sociales y hashtags como #MeToo y #YoTambien, desde la sororidad se multiplicaron las denuncias de agresiones sexuales en contra de las mujeres. Por su parte, periódicos y noticieros abrieron sus espacios a quienes optaron por testimoniar en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y ahora en México. Con el develamiento del velo patriarcal que mantenía a las actrices sometidas a la violencia sexual en la industria del cine, la palabra se liberó.

Hoy en día, por doquier se están denunciando prácticas cotidianas de acoso en el trabajo, en las calles, y en el transporte colectivo. Las manifestaciones locales de esta ola global toman formas diferentes, y en México, donde los colectivos feministas denunciaron con fuerza los feminicidios en meses pasados, como el de Mara ocurrido en Puebla, de nueva cuenta son las jóvenes universitarias las que están levantado la voz. En Monterrey, un grupo de jóvenes crearon un blog para denunciar el acoso de profesores de las instituciones de educación superior.

Desde finales de los años 1990s, la fiebre certificadora de todas las instituciones de educación superior se convirtió en sinónimo de garantía de ‘excelencia’, con la llevada y traída ‘calidad educativa’. Innumerables son los cursos de formación y capacitación que recibió el profesorado: en ‘competencias’, en uno tras otro rediseño curricular, en ¡valores!, emprendedurismo, y hasta para transformarse en ‘universidades compasivas’. Pero en esta carrera acreditadora las instituciones de educación superior olvidaron de lo principal: cómo conocer y valorar la calidad científica, moral y ética del personal contratado como docentes, particularmente frente a la contraparte educativa: la relación con las y los estudiantes. Es decir, ninguna certificación resuelve el autoritarismo que se sigue ejerciendo en el aula. Este ejercicio de poder, como hidra aberrante tiene múltiples cabezas, la del acoso, el abuso, la intimidación contra mujeres (y seguramente contra varones también) para obtener aquiescencias sexuales. Es la evidencia más brutal de que nuestro sistema universitario (público y privado) está muy lejos de la pretendida excelencia. Aun así, el sector de académicos universitarios donde laboran intelectuales, artistas, literatos, músicos, etc. goza de prestigio en esta ciudad tan alejada de los libros pero tan proclive a la admiración del título.

Por lo anterior, esta semana el mundo universitario en Monterrey se sintió incómodo. Un grupo de jóvenes decidieron tomar la palabra y le pusieron nombre y apellido al asedio de profesores. El sitio www.acosoenlau.com apareció el jueves 9 y el sábado 11 fue desaparecido de la web. Quienes hayan promovido su desaparición bloquearon sólo una página de internet pero no pueden desaparecer ya un reclamo, un derecho. Para quienes promueven la enseñanza con ‘evidencias’ allí tienen las evidencias de la intolerancia, de la violación del derecho de manifestación, de la complicidad, del abuso de poder. Las jóvenes dicen, en este tiempo de redes sociales, será una y todas las páginas que sean necesarias para expresarse. Sólo solidaridad puede demandar esta acción.

Por lo anterior, las académicas y académicos de este colectivo manifestamos:

a) Nuestra preocupación por la existencia de profesores que sin respetar su investidura y sus responsabilidades de formadores y educadores ofenden la dignidad de aquellas jóvenes que han sido encomendadas a su cargo, abusando incluso de su integridad sexual, y cometiendo faltas que desde luego deben ser punibles.

b) Nuestra indignación por la existencia generalizada de denuncias que recurren al anonimato para expresar el repudio a dichas conductas delictivas debido a la indiferencia de las autoridades y al rechazo de la sociedad que tiende en este tipo de casos de violencia sexual y de género a culpar a las víctimas a quienes se responsabiliza por provocar o consentir el daño sufrido.

c) Nuestro repudio por la censura que desde el poder se ejerce para silenciar situaciones que cuestionan el buen funcionamiento de nuestras instituciones educativas, privadas y públicas, que tanto presumen de la formación en valores.

Ante lo cual demandamos y exigimos:

  1. Que las instituciones de educación superior reconozcan la existencia de la problemática del acoso sexual, por encima de su interés en cuidar la imagen institucional, y tomen cartas en el asunto a fin de prevenir y sancionar estas prácticas.
  2. Que se investiguen a fondo las denuncias existentes (o las que podrían existir) y se conmine a las y los denunciantes a formalizar sus denuncias por lo menos ante los departamentos jurídicos de las universidades y escuelas señaladas y/o en sus departamentos de recursos humanos.
  3. Que se establezcan con calidad de urgencia Protocolos institucionales contra el acoso sexual. Al respecto, reconocemos los pronunciamientos institucionales que casi inmediatamente hicieron el Tec de Monterrey y la UDEM, mientras que, enorme vergüenza nos provoca que la universidad pública siga decidiéndose por el oprobioso silencio. En este sentido, recordamos el suceso en la UANL en 2015 cuando el colectivo Quimera denunció el trasfondo cosificador que de las estudiantes hace el concurso Señorita UANL, acción por la que fueron amenazadas e injuriadas. Pero ni ellas en su denuncia, ni nosotros como colectivo, recibimos nunca respuesta al oficio entregado a las autoridades universitarias el 20 de octubre de ese año. Igual silencio mantuvo la institución pública ante los reportajes en la revista Proceso acerca de la existencia de sitios en redes sociales que usaban/usan el nombre de la institución (Culos UANL y Tetas UANL).[1]
  4. La impartición obligatoria en todas las universidades de cursos obligatorios destinados a las y los profesores donde se expliquen cuáles son los códigos de conducta a respetar para relacionarse éticamente con las alumnas y los alumnos.

Son cada vez más las mujeres que acceden a la educación superior, a los puestos de mando, y al balancear la representatividad en la toma de decisiones y expandir la conciencia sobre las ventajas de la equidad de género tanto para mujeres como para hombres, hacen peligrar los privilegios patriarcales. Consideramos a la violencia sexual y de género como una expresión de estas transformaciones societales que amenazan el modelo hegemónico de masculinidad, y nos invitan a acompañar a nuestros familiares, amigos, parejas y colegas varones en esta transición hacia formas alternas de vivir la masculinidad.

Monterrey, 13 de noviembre de 2017

[1] http://www.proceso.com.mx/503690/repudian-violencia-cosificacion-la-mujer-en-la-uanl-denuncian-pagina-que-exhibia-universitarias

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