Memoria y olvido: la “excepcionalidad” regiomontana / Eleocadio Martínez Silva

El olvido que como sociedad tenemos de acontecimientos y hechos que nos han lastimado no es, al parecer, algo exclusivo de Nuevo León. En otros países o en otras grandes ciudades de México también sucede. Pero, a la vista de algunos observadores, resulta ser una especie de “excepcionalidad” regiomontana. Solamente reparamos en los acontecimientos cuando historiadores y sociólogos recuperan aspectos sustantivos de nuestra memoria colectiva, como el asesinato de obreros en 1936 afuera del Casino Monterrey a manos de guardias blancas de los patrones. Nunca se levantó un memorial que nos recordara la opresión del capital reynero.    

Como nos lo hace saber Paul Ricoeur (2000), los memoriales son de gran importancia para las sociedades, pues la memoria trae al presente las imágenes cargadas de emociones en búsqueda de hacer justicia y una compensación en el presente y en el futuro. Es la memoria la que exige en la cotidianidad confrontar el enigma de que lo sucedido en el pasado, perdura en el presente y, por consiguiente, puede ser empleado por la población para justificar un futuro mejor, a pesar de que no se pueda sentir orgullosa de un pasado.

En algunos países de nuestra región sus sociedades no olvidan los agravios de los que han sido objeto. Están simbolizados en múltiples lugares de la memoria: plazas, museos, monumentos, parques con los que se reafirma la identidad colectiva y el no olvido. También es común que los estudiantes, los obreros, los jóvenes marchen cada aniversario de un acontecimiento que los lastimó. Basta hacer una búsqueda superficial y notar los múltiples lugares de la memoria que se han levantado a las víctimas de las guerras sucias en el Cono Sur y en Centroamérica.

Mural en memoria de los estudiantes asesinados por el ejército realizado por alumnos del Tec de Monterrey, retirado por las autoridades. Imagen tomada de internet

La “excepcionalidad” regiomontana se hace visible cuando nos reflejamos en lo que sucede en algunas de nuestras principales ciudades, que también viven la tragedia de los asesinatos y desapariciones perpetuadas por las bandas criminales y el Estado mexicano. En Tijuana, en el 2021, familiares, amigos, asociaciones civiles y el gobierno municipal  convirtieron en memorial para víctimas de desaparición el predio “La Gallera”, lugar en el que, hace 13 años, personas desaparecidas fueron calcinadas por el crimen organizado.  Lo mismo sucede en Ciudad Juárez, donde se cuenta, entre otros lugares de la memoria, con el “Memorial del Campo Algodonero” donde se hallaron decenas de cuerpos de desaparecidos. En esta misma ciudad, en el 2011, se develó una placa afuera del palacio de gobierno estatal,  lugar   del asesinato de la activista Marisela Escobedo a manos del crimen organizado. En Guadalajara, el emblemático lugar de la ciudad conocido como La Minerva ha sido teñido de rojo en memoria de las mujeres víctimas de la violencia. Las activistas cubrieron el lema inscrito en el monumento “Justicia, sabiduría y fortaleza custodian a esta leal ciudad” remplazándolo por el de “Sangre de mi sangre” y resignificando así el monumento. En la Ciudad de México se han levantado numerosos memoriales a las víctimas en toda su historia, el más cercano fue el “Memorial a las Víctimas de la Violencia”, inaugurado en 2013.

También, a lo largo de la frontera norte de México, se han levantado lugares de la memoria dedicados a los miles de trabajadores migrantes que han muerto a lo largo de la frontera tratando de cruzar a Estados Unidos en busca de trabajo y una vida mejor.

Mural «light» restituido por las autoridades. Imagen tomada de internet

Con estos lugares de la memoria se busca redignificar y hacer memoria de las víctimas y sobrevivientes para el derecho a la verdad, para el acceso a la justicia, a la reparación integral y a las garantías de no repetición, para que esto no vuelva a suceder a ninguna persona.

En la “excepcionalidad” regiomontana los acontecimientos trágicos del 2 de octubre de 1968 y de 1971 quedaron en el Olvido. No edificamos un memorial para honrar a los estudiantes asesinados en 1971, que enarbolaron las demandas de los universitarios de lo que hoy es la UANL. La memoria de este suceso es recuperada por la organización Tierra y Libertad que cada año realiza movilizaciones y que, desde 1976, rememora el asesinato de seis colonos de la colonia Granja Sanitaria por la policía de Nuevo León en las jornadas de lucha por la tierra urbana. Nunca se levantó un memorial.  

Memorial realizado por los familiares de las víctimas del Casino Royale, destruido por los propietarios del lugar. Imagen tomada de internet

En el presente, la comunidad académica de la UANL olvidó el asesinato de sus estudiantes por  grupos criminales en el contexto de explosión de violencia en la ciudad. Recordemos que el alumno de la Facultad de Filosofía y Letras, José Fidencio García Neri, fue asesinado en el 2012 en un enfrentamiento entre bandas criminales, cuando estaba realizando sus tareas de servicio social en una colonia popular de San Nicolás de los Garza, y la estudiante Lucía Quintanilla de la Facultad de Artes Visuales, asesinada en un fuego cruzado de bandas criminales en el 2015 en el centro de Monterrey. La comunidad universitaria no ha levantado memoriales.  Mucho menos recordamos a obreros, albañiles, jóvenes, de colonias populares asesinados por bandas criminales y las policías. Nos enteramos de estos sucesos por medio de la nota policiaca.

Anodino memorial a las víctimas del casino Royale, construido por el gobierno y sin mantenimiento. Imagen tomada de internet

Los pocos memoriales que se han erigido en la ciudad para recordar a las víctimas de la violencia reciente, fueron edificados para pasar desapercibidos. Así lo muestra el languidecido memorial para recordar a las 52 víctimas del Casino Royale en aquel incendio provocado por una banda criminal en el 2011, o el levantado en el Tec de Monterrey por el asesinato de dos estudiantes a manos del ejército en el 2010. En ambos casos, es altamente simbólico que los memoriales creados por familiares y compañeros de las víctimas, hayan sido destruidos. La invisibilidad también está presente en el memorial “Plaza de los desaparecidos” localizado en el centro de la ciudad. Ubicado en una plaza hundida, pasa desapercibido.

Plaza de los desaparecidos. El memorial ha permanecido gracias al cuidado de las propias familias. Imagen tomada de internet

En otros ámbitos de la memoria social regiomontana, a los ex trabajadores de Fundidora de Monterrey las autoridades del Parque Fundidora les han negado la edificación de un memorial para recordar a los 17 fundidores que perdieron la vida en un trágico accidente laboral en 1971.  

La memoria no es una representación del pasado, sino un fenómeno siempre actual, que como nos recuerda Marc Augé (1995) es un presente vivido con el presente eterno. Conservar la memoria colectiva resulta complicado pues la selección de lugares de la memoria es en sí misma problemática. Son una fuente de significación de opresión y de libertad que seguramente molesta e incómoda profundamente a nuestras elites dominantes.

8 de febrero de 2022
eleocadio14@gmail.com


Referencias

Ricoeur, Paul (2000). La memoria, la historia, el olvido. Fondo de Cultura Económica, México.

Augé, Marc (1995).  Hacia una antropología de los mundos contemporáneos. Gedisa, Barcelona

Un comentario

  1. Sin duda su articulo es una descripcion pequenoburguesa de la violencia en si, se hace un lado su contenido de clase,la violencia sin contenido es una violencia que carece de concatenacion y el motivo de su expresion…. 

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