Donaldo El Elegido o El Maligno/ por Sinia Bolaños Harris

Siempre me han llamado la atención los epítetos de los monarcas. Es increíble cómo en una palabra se concentra su vida y desempeño político. Quizás los más populares sean los reyes católicos, Isabel I de Castilla y su consorte Fernando II de Aragón; su hija, Juana I de Castilla, pasó a la historia como Juana La Loca ya que su consorte Felipe I, o El Hermoso, le provocaba tales celos que la enloquecieron de amor. Juana y Fernando fueron los progenitores de quien después sería conocido como Carlos V El Emperador, y no estoy hablando ni de chocolates ni de galletitas, sino de quien fuera el hombre más poderoso del imperio romano germánico y de las Américas.  Nieta también de los reyes católicos, hija de Catalina de Aragón y del rey de Inglaterra Henry VIII fue María Tudor o Mary I de Inglaterra conocida como “La Sanguinaria” (Bloody Mary), pues en su afán por restituir el catolicismo en Inglaterra, mandó a la hoguera a más de 280 disidentes. Algunos monarcas tuvieron dos epítetos, como Pedro I conocido como El Justiciero por sus seguidores y como El Cruel por sus detractores. O Enrique II de Castilla, El Fratricida o el de las Mercedes, el primero por haber matado, literalmente, a su hermano para llegar al poder y el de las Mercedes le vino por su generosidad al repartir propiedades y títulos para ascender al poder por primera vez.

María Tudor “Bloody Mary”

Si Donald Trump fuese monarca, también tendría dos epítetos. El Elegido, para sus seguidores evangélicos y ultraderechistas blancos. Los evangélicos le agradecen todos los días que designe jueces ultraconservadores.  La última vacante disponible es en la Suprema Corte de Justicia, puesto que ocupó Ruth Ginsburg, la segunda mujer en ocupar este cargo, quien a sus 87 años se mantenía en el puesto para evitar justamente que los conservadores siguieran desbaratando lo ganado en derechos de las mujeres y la comunidad LGTB+. Su último deseo fue que no se nombrara a su sucesor hasta que un nuevo presidente ocupara el cargo. Por supuesto que Trump no le cumplió y el sábado 26 de septiembre, se llevó a cabo la ceremonia de nombramiento de Amy Coney Barrett en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca. A Donaldo El Elegido lo apoya, además, el partido republicano. El presidente del senado, Mitch McConnell, ha sido pieza clave para avanzar la agenda ultraconservadora de su partido. En marzo de 2016, tras quedar una vacante en la Suprema Corte, el presidente Barak Obama nominó a Merrick Garland. McConnell se negó a confirmarlo con el pretexto de que era año de elecciones. Ahora, a solo días de los comicios, se le ha olvidado la regla que se inventó y se apresura a confirmar a la juez Barret quien, según Trump, será clave en definir unas elecciones “fraudulentas” si él las pierde.

Desde que Trump entró a la arena política no ha hecho más que aprovechar los medios, especialmente Twitter, para difundir mentiras y teorías de conspiración e insultar a sus contrincantes políticos, siendo los más virulentos hacia mujeres. Pero Donaldo se ganaría el epíteto de El Maligno, no por sus insultos, ni por ser un bully, ni porque grupos de psiquiatras lo han diagnosticado como “narcisista maligno”. No, el epíteto se lo habría ganado por las políticas salvajemente despiadadas que su administración ha venido aplicando. De lesa humanidad es el tratamiento a los niños migrantes, el haberlos separado de sus padres y literalmente haberlos enjaulado. También es tremendo el daño que ha hecho al derribar cada una de las protecciones al ambiente que su predecesor Barak Obama tenía funcionando y que ahora presenciamos en las imágenes apocalípticas de los incendios en California y huracanes en la costa este.  Pero, un momento, hay otro jinete del apocalipsis suelto, la pandemia. Al 4 de octubre de 2020, más de 211 mil personas han fallecido en los Estados Unidos a causa de la Covid 19. El acumulado de contagios rebasa los siete millones, entre ellos el propio presidente Trump, su esposa y gente de su círculo íntimo.  De acuerdo con CNN, parece que fue el evento del nombramiento de la jueza Barret el epicentro de estos contagios. Los invitados a este evento (unas 150 personas) pasaban a un pequeño salón en el que se les hizo una prueba rápida para detectar el virus Covid 19. Al recibir su resultado negativo, se les dijo que era seguro que anduvieran sin cubrebocas. Hasta el momento, ocho de los asistentes al evento están contagiados y varios miembros de la campaña Trump que asistieron al desastroso Debate presidencial del 29 de septiembre.

Las últimas tres semanas han sido una avalancha de revelaciones que se suceden una detrás de otra sin dar tiempo a digerirlas.  Quizás la más macabra sea la revelación que el mismísimo Trump le hizo al legendario periodista del Washington Post, Bob Woodward. En entrevista grabada en febrero del presente, Trump aseveró que sabía perfectamente que el virus de la Covid 19 era altamente contagioso, que se transmitía por aire y que había decidido minimizarla.

Después de que Trump anunciara su resultado positivo, Twitter se inundó con mensajes deseándole una pronta recuperación, pero también hubo otros deseándole lo contrario. No es la primera vez que mensajes amenazantes contra la vida de figuras políticas aparecen en esta plataforma, pero sí la primera en la que Twitter los remueve con la nota de que este tipo de mensajes está prohibido en su plataforma (Nota aquí).  La noticia también generó escepticismo y teorías de conspiración (Nota aquí). Pero tristemente es un recordatorio de nuestra calidad mortal y de que como animales políticos nos estamos equivocando y mucho.

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El presidente está siendo atendido en el Centro Médico Walter Reed, se le han suministrado un cóctel de drogas que, aunque experimentales, han funcionado en muchos pacientes. No nos queda la menor duda de que se va a recuperar. Es nuestro más ferviente deseo que también se recupere su alma.  Que salga de esta enfermedad con el alma renovada, que emerja con un tono conciliatorio, y que, de perder las elecciones, acepte su derrota.  Porque todavía nos falta lidiar con el jinete del caballo negro: el del hambre. Y porque ni Carlos V pudo tapar el sol con un dedo.

5 de octubre de 2020 / Marshall, Texas.

*Imágenes tomadas de Internet

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