De edificios, Art Decó y torres /por Sinia Bolaños Harris

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Esta es la historia de la esquina de la Quinta Avenida, también conocida como la “Avenida de los Millonarios”, y la Calle 56 de Nueva York. Aquí había un edificio que albergaba, desde el 16 de octubre de 1929, a la tienda departamental Bonwit Teller. La tienda se especializaba en ropa y artículos para mujeres. Los interiores del edificio Bonwit Teller, así como su puerta, estaban diseñadas al estilo Art Decó, mismo que correspondía con la línea de la tienda: lujo, exuberancia, glamour. En 1939, el señor Bonwit contrató a Salvador Dalí para que le diseñara dos aparadores. La fachada de este edificio era famosa por las danzantes desnudas, dos esculturas en relieve de 15 pies de alto. La tienda Bonwit Teller cerró sus puertas en el año 1979 y el edificio fue adquirido por Donald Trump, quien prometió donar las esculturas, valuadas en $200,000 dólares de aquella época, al Museo Metropolitano de Arte antes de proceder a la demolición del Bonwit Teller.

Las esculturas nunca llegaron al museo; fueron demolidas. En su edición del 6 de junio de 1980, el New York Times publicó un reportaje de este hecho. Ahí citaba a un vocero de la organización Trump, “John Barron,” quien afirmó que tres avalúos independientes habían concluido que las danzantes no tenían ningún valor y que removerlas les hubiera costado decenas de miles de dólares además de retrasar la nueva construcción.  De acuerdo con el Washington Post, el vocero John Barron era el mismo Donald Trump.

La demolición del Bonwit Teller fue llevada a cabo por la “brigada polaca”, inmigrantes polacos, la mayoría de ellos ilegales, que trabajaban jornadas de 12 horas o más, los siete días de la semana, sin cascos y empleando como única herramienta el mazo. Su sueldo estaba entre los 4 y 6 dólares la hora, muy por debajo del sueldo de un trabajador sindicalizado, y no contaban con ninguna prestación salarial. Demolido el asunto, había que decidir los materiales para levantar la Torre Trump. De entre acero, premoldeados (bloques de cemento previamente moldeados, que se trasladan en piezas y se ensamblan en el sitio) y cemento de secado rápido, se escogió este último, que resulta ser el más barato y se contrató a S & A Concrete para suministrarlo. La Torre, lugar de residencia de Trump hasta el día de su inauguración como el presidente # 45 de los Estados Unidos, quedó lista en 1983.

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Escaparate de la tienda Bonwit Teller

Poco antes de concluirse la construcción de la Torre, en 1982, hubo una huelga en Nueva York de los choferes que transportaban concreto. Curiosamente, el único sitio que no fue afectado por la huelga fue la Torre Trump. El líder sindical de estos trabajadores era John Cody, a quien se le relacionaba por tener ligas con el crimen organizado. Cody y una “amiga” suya invirtieron en apartamentos de la Torre. De acuerdo con Politico, Cody aportó medio millón, mientras que su amiga obtuvo un préstamo por tres millones de dólares que Trump le ayudó a conseguir. Tan pronto Cody llegó a la cárcel por crimen organizado, Trump demandó a la amiga de Cody por 250 mil dólares argumentando que esta modificó los apartamentos que ocupaba en la Torre. La mujer contrademandó por 20 millones de dólares haciendo notar que Trump había aceptado sobornos de los contratistas, hecho que hubiera disparado una investigación federal. Las demandas no llegaron a mayores, Trump pagó a la mujer medio millón de dólares y el asunto quedó sepultado.

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Escaparate diseñado por Dalí

Según Politico, los trabajadores polacos junto con los no sindicalizados demandaron a Trump por no haberles pagado sueldo.  En 1991, un juez encontró que se habían violado los derechos de los trabajadores y se fijó la suma de 325,000 dólares para reparar los daños. Este caso también fue resuelto mediante la negociación de las partes.

En el año 1988, uno de los dueños de la compañía que surtió el cemento de secado rápido para edificar la Torre, S & A Concrete, fue encontrado culpable entre otros cargos de extorsión, tráfico de drogas y asesinato. Ese hombre era Tony El Gordo Salerno, jefe de la familia Genovesa. En este juicio, se encontró que la organización Trump había pagado precios inflados por el cemento. Este contrato fue determinante para probar el uso de la empresa cementera como fachada para las actividades criminales de Salerno. Tony “el Gordo” fue sentenciado a cien años de cárcel, lugar en el que murió en 1992 a la edad de 80 años.

Al juicio de Tony Salerno asistió un joven estudiante de último año Leyes, James Comey quien años después llegaría a ser el director del FBI. Comey ha pasado a ser una figura muy controvertida en los últimos dos años. Estuvo al cargo de la investigación de Hillary Clinton por los mentados e-mails, de la cual fue exonerada. También Comey fue el encargado de reportarse con Trump durante la transición. Fue quien le avisó que las agencias de inteligencia habían concluido que los rusos habían intervenido las elecciones y quien le dio noticia del famoso Dossier de Steele. Comey fue despedido del cargo hace un año, el 7 de mayo de 2017. El mes pasado, publicó su libro A Higher Loyalty. Thruth, lies, and leadership. en donde describe sus encuentros con el magnate y su modus operandi del que, afirma, es similar al de un gángster.  Para Comey, Trump es un hombre inseguro, pero autoritario, que exige lealtad al estilo de la Cosa Nostra. ¿Le sabrá algo o lo dice al tanteo?

24 de mayo de 2018

 


A nuestros colegas y lectores:

Esta columna Vozes Compartidas es una invitación de nuestro colectivo para todas aquellas personas que como docentes, investigadores o estudiantes de cualquier parte del mundo quieran compartir sus análisis, ensayos, propuestas, denuncias… que desde  los días que corren o desde la historia contribuyan al aliento del compromiso académico, ejerciendo la crítica social y  fortaleciendo la defensa de los derechos humanos, sociales y comunitarios.

Les agradeceremos que quienes deseen ser parte de esta convocatoria nos envíen sus textos con título, nombre completo e institución donde trabaja o estudia. Se recibirán escritos con una extensión entre 500 y 1000 palabras solicitando se incluya una o dos imágenes alusivas, de preferencia de alta resolución.  Tan pronto recibamos sus textos  alguno de los integrantes del Colectivo entrará en comunicación con él/la autor/a para la revisión-edición y publicación.

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