2018  – Año de esperanza, año de Marx / por Veronika Sieglin

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2018 es año electoral en México. Con ello se alimenta la esperanza a que se logren cambios políticos que ayuden a rescatar al país de los primeros lugares mundiales en los índices de criminalidad, corrupción, desigualdad económica y desapariciones forzadas, por mencionar algo. En 2018 conmemoramos también el natalicio de Karl Marx, filósofo y teórico social y uno de los más grandes pensadores que la humanidad haya producido jamás. Su obra filosófica y sociológica se enriqueció y retroalimentó por su militancia en los movimientos políticos y obreros que surgieron en Europa durante el siglo XIX.  Nació el 5 de mayo de 1818 en Trier, Alemania.

Karl Marx y su amigo y colaborador Friedrich Engels, filósofo y empresario alemán radicado en Inglaterra, no sólo aportaron una radiografía impecable de la lógica del capitalismo que aún hoy nos arroja luz sobre la dinámica del sistema económico; también nos proporcionaron una nueva ética. Llamaron a “derrotar todas las relaciones en las que el ser humano es un ser rebajado, esclavizado, abandonado, despreciado”. El núcleo de esta frase no hace únicamente referencia a un fenómeno económico y social; formula también un principio ético. La frase expresa una profunda conmoción y honda indignación ante la terrible explotación de niños y adultos, hombres y mujeres en las fábricas del viejo continente y en sus colonias, y por el brutal desalojo de miles de  familias campesinas y de trabajadores rurales,  quienes se vieron obligados a vagar por su tierra en busca de un nuevo hogar y un pedazo de pan. Esta frase articula al mismo tiempo la convicción de que los seres humanos se merecen vivir en condiciones más dignas por la simple razón de ser humanos. La esclavitud, la explotación laboral, la marginación y la miseria no son compatibles con la humanidad, es decir, representan condiciones de vida inhumanas. Las sociedades que exponen a sus integrantes a estas formas de existencia son ellas misma inhumanas. Por ello, para Marx y Engels la inhumanidad no alude a una condición pre-civilizatoria, sino a los arreglos políticos y económicos de las sociedades de clase que sobreponen los privilegios de pocos a las posibilidades de vida de muchos. La lucha para la humanización de la humanidad es una aspiración ética y por ende política del pensamiento marxista. Es su causa más noble y su aspiración más alta.

Desde joven Marx comprendió que la deshumanización tiene su raíz en la identificación de los seres humanos con objetos de uso y de consumo. Como ‘recursos humanos’ les es negada su humanidad, condición necesaria para tratarlos y administrarlos como meros insumos de producción equiparables a una máquina o un animal de tiro. rsz_vero-recursos_humanosAunque la objetivación del ser humano ha caracterizado a todos los regímenes de explotación, Marx y Engels remarcaron que es en las sociedades capitalistas donde se ha generalizado de manera absoluta. Esta observación sigue siendo válida hasta el día de hoy. Aquellos quienes no logran convertirse en un implemento útil para la producción capitalista, pierden de facto en nuestro mundo ‘civilizado’ el derecho a la existencia. Si las masas desposeídas y funcionalmente inútiles para la producción capitalista no se resignan a esperar mansamente su muerte por inanición, si se atreven a luchar por su vida organizándose políticamente, si se rebelan o buscan un mejor destino en otros países, pueden ser liquidadas sin que su muerte sea considerada un crimen. Son el homo sacer de nuestros tiempos, como nos ha dicho Giorgio Agamben.

Marx y Engels no se conformaron con describir el modus operandi de las sociedades capitalistas. Su pensamiento giró también en torno a los principios organizativos de una nueva sociedad que ponga el desarrollo y bienestar del ser humano en el centro del quehacer político y económico; que ofrezca a todos los seres humanos las óptimas condiciones para el despliegue de su ser; y que garantice a todo el mundo una vida en paz y armonía. Para Marx y Engels esta nueva sociedad verdaderamente humana – llamada ‘comunista’ – era incompatible con la sociedad capitalista. No vislumbraron una posibilidad real para humanizar al capitalismo. Y no erraron en su juicio. Con la adopción del modelo neoliberal, las condiciones de trabajo de los asalariados están retornando a los niveles del siglo XIX y en la periferia capitalista ha resurgido de forma masiva la esclavitud, régimen de explotación incompatible con los derechos humanos. Los progresos logrados a lo largo del siglo XX se están perdiendo hoy para transferir de forma irracional e irresponsable a los cuantos insaciables multi-millonarios aún más dinero y poder.

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La nueva sociedad verdaderamente humana tampoco tendrá que ver con las cursilerías de la compasión, la caridad y la misericordia. La ética comunista adoptará una forma económica (la propiedad colectiva de los medios de producción) como precondición de una distribución justa de la riqueza societal, como garantía de los derechos fundamentales y como fundamento de la democratización radical de la sociedad.

En su libro Acerca de Marx editado por la Editorial Suhrkamp en Frankfurt am Main en 1973, el teólogo y filósofo alemán, Ernst Bloch cita en alusión a Marx un aforismo de Ludwig Börne, escritor político y satírico alemán (1786-1837), quien describe metafóricamente la recepción que figuras como Marx y Engels han recibido de parte de los grupos dominantes: rsz_vero-marx1“Antes que amanezca una nueva época ésta envía siempre personas capaces y confiables para que vayan a identificar la nueva situación. Si se les dejara ir a estos mensajeros, si se les siguiera y si se les observara pronto se sabría a dónde quiere llegar este nuevo tiempo. Pero no es esto lo que se hace. Los vanguardistas son llamados alborotadores, seductores y soñadores y son retenidos por la fuerza. Sin embargo, el tiempo avanza con todo su bagaje y dado que no encuentra nada preparado ni dispuesto, se acomoda tal como le gusta y toma y destruye más de lo que necesita y requiere.”

Es tiempo que nos re-acerquemos a la obra de Marx y Engels, que entremos a la complejidad de su pensamiento, que leamos de forma cuidadosa, concienzuda y crítica sus propuestas y que nos inspiremos de la claridad de su análisis para encontrar nuestras propias respuestas a este mundo cada vez más problemático que inhabitamos. Y, en vistas del 2018 electoral, no estaría mal que en México lo hiciéramos desde ya.

8 de enero de 2018

 

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