Comorbilidades sociales y ecología integral / Por Rodolfo A. García Martínez*

Lo que sucede en el mundo no es sólo el resultado de eventos naturales. Desde antes que alguien decidiera “comer un murciélago”, si es que fuera el origen de la pandemia, cargamos con una historia de interacciones complejas con el mundo de las decisiones económicas, de modelos de desarrollo, culturales y políticos que están en el origen de lo que hoy estamos sufriendo juntos.

En el contexto médico le llaman “comorbilidades” a todas las condiciones adicionales que padece alguien cuando se le diagnostica una enfermedad y que típicamente son independientes de la enfermedad primaria pero que hacen más compleja su sanación; es decir, no es lo mismo que hoy le sea detectado a una joven el virus que causa la covid-19, que a un anciano; ni que se declare “positivo” a un joven con obesidad que a un adulto de óptima salud; hay condiciones que agravan o facilitan la posibilidad de superar una enfermedad. Ahora bien, la obesidad o la óptima salud estaban allí antes de la llegada del virus, ni las causa el virus ni le dan origen, tienen más que ver con la vida cotidiana de la gente, con sus hábitos.

Lo mismo ha sucedido con las distintas sociedades que se enfrentan hoy colectivamente a la pandemia; había otras condiciones ya existentes que favorecieron o dificultaron la respuesta colectiva a la pandemia, así hubo sociedades que pudieron tener una mejor gestión de la crisis que otras; no sólo por las decisiones de quienes estaban a cargo, sino también por la disponibilidad de distintos recursos humanos, materiales o sociales. Unos países tuvieron más tiempo que otros para prepararse, unos optaron por confinar casi militarmente a sus pobladores mientras otros decidieron informarlos de los riesgos y dejarles decidir, unos podían hacer una gran cantidad de pruebas identificando los focos de contagio y otros impulsaron campañas de “distanciamiento social”[1].

Entonces volvamos a la propuesta de reflexión; no ha significado lo mismo la llegada de la pandemia a un país como Alemania que está mejor equipado en términos médicos que todos sus vecinos europeos y que nunca ha tenido ningún colapso de sus sistemas sanitarios, además de que sus pacientes pueden recibir atención médica suficiente; a que llegue a México, un país donde la mitad de los mexicanos carece de seguridad social, 4 de cada 10 personas viven con ingresos que no les alcanzan ni para comer, con un sector segmentado y sin recursos (Oxfam: online)[2].

Pobreza económica e incertidumbre social.

México era ya un tipo obeso en corrupción, pobre en una economía desigual, con diabetes, enfermedad mortal invisible, de su democracia, sin seguridad social ni trabajo seguros antes de la llegada de la pandemia; la llegada del virus se le pone como un gran desafío delante del cual esperamos sobrevivir y del que sabemos nos espera un largo camino, pues no queremos permanecer donde estamos ni volver del todo a la realidad anterior a la llegada del virus, una nueva “normalidad” más solidaria, ecológica, fraterna y sorora es muy esperada.

En el estudio “Vivir al día: medidas para combatir la epidemia de la desigualdad en México”, Oxfam México pone en la mesa algunas de nuestras comorbilidades estructurales y cómo la emergencia por covid-19 se convirtió, al menos, “en tres crisis simultáneas: una sanitaria, otra económica y otra social”; ya estaban allí pero el covid-19 le quitó el velo que “nos ocultaba” el abandono del sistema público de salud, la precarización del trabajo y toda una serie de situaciones culturales que agravan todo esto, como el racismo, el clasismo, la xenofobia o el machismo; todos síntomas de una sociedad inmadura democrática, social y económicamente.

Enfrentar la pandemia con desventajas sociales

Lo que estamos viviendo o vamos a vivir (por decir algunos ejemplos: el pronóstico del INEGI de un posible cierre de 2 de cada 3 empresas[3], sin hablar de otras pandemias sociales como los feminicidios, las desapariciones forzadas, la migración forzosa o la no estructura digital de los sistemas de educación o salud); todo eso ya estaba, sólo que la pandemia les quitó la cobija que lo cubría, y nos lo puso al descubierto. Quiero decir que no significa que no sabíamos, pero caminábamos como camina el diabético que, pretendiendo estar bien, sigue comiendo glucosa sabiendo que una cierta cantidad no lo mata… aún; es una  situación que nos puede dejar moribundos. Todo esto aunado a una oleada emocional que está por venir a causa de los duelos no vividos de las familias que perdieron uno o varios familiares por la pandemia, las angustias y ansiedades de quienes ven sus emprendimientos venirse abajo o el enojo social por las no tan acertadas administraciones públicas.

Entonces viene la incerteza de las vacunas; ¿cuándo estarán listas? ¿qué tan efectivas pueden ser? ¿ya fueron probadas para su difusión? ¿van a funcionar?

¿Una vacuna posible? Una ecología integral.

Desde la sociología de la salud nos ponemos a reflexionar que no basta sólo una vacuna que detenga los efectos del virus y lo elimine; no basta un medicamento. Eventualmente para sanar hace falta transformar los entornos junto al tratamiento médico, es decir, hace falta evitar la discriminación en un grupo para que sane una víctima que padece alta presión a causa de ello, o hemos de transformar la movilidad en la ciudad para sanar de ciertas enfermedades respiratorias; la transformación del modo en que nos relacionamos con el entorno, con los otros o las autoridades también puede evitar frenar el avance de la pandemia[4].

En este sentido, desde hace algunos años, hay una propuesta de la Iglesia católica que venía dándose cuenta de estas comorbilidades sociales y estaba elaborando una propuesta. Esta comunidad religiosa dirigida por el Papa Francisco, ha puesto en marcha su propio laboratorio de vacuna, aún antes de la pandemia, pero fortalecido y revalorado ante tal acontecimiento para la elaboración de su versión de la vacuna social y de otros “remedios” a estas comorbilidades sociales; han puesto en marcha una propuesta fundamental para la vida social: una ecología integral  con la certeza de que todo está conectado y que la respuesta a esta crisis ha de ser comunitaria.

Precisamente el punto de partida (que le valió la acusación de marxista al líder), fue una crítica que hizo al actual sistema económico, al cual consideró injusto de raíz, basado en la exclusión e inequidad; y que concretó en una denuncia simple, clara y fácil de memorizar: “esta economía mata” (EG 53[5]). Mata porque predomina la ley del más fuerte, excluye, mercantiliza al ser humano mismo y luego lo descarta. No sólo mata por una fe ingenua en las teorías del derrame, sino que este modo de economía, se convierte en cultura, globaliza la indiferencia, incapacita a la compasión, deja al dinero gobernar en vez de servir al ser humano, lo que termina en violencia, fragmentación social e individualismos que lastiman la dignidad humana y el medio ambiente. Se trata de una grave crisis del sentido comunitario. Comorbilidad global ¿no?

Papa Francisco en la ONU, no pronunció el nombre de Jesús

Hay muchos otros temas en relación a esta comorbilidad, una economía que mata: disparidad social, crisis ambiental, migraciones forzadas, falta de promoción de los países pobres, precariedad laboral, violencias, etc. Todos estos desafíos sociales requieren, para el Papa, respuestas multidisciplinares que no pueden dejar fuera el diálogo social, el desarrollo humano integral, el cuidado del medio ambiente, la búsqueda de la paz, y otros temas que él resume en un concepto, y éste podría ser su propuesta de vacuna, aunque de muy lento efecto: la ecología integral.

La idea que el Papa ha seguido profundizando y proponiendo desde hace algunos años al hablar de ecología integral es que no basta sólo una cultura ecológica, sino que hace falta una sana antropología. Con la idea de que “todo está conectado” (LS 16[6]), Francisco no hace una invitación sólo a cuidar el medio ambiente en sus mensajes sino que, criticando nuestro modo de vivir, propone el cuidado y la evaluación de todas nuestras relaciones; considerarte dueño o parte del planeta supone una diferencia en la administración del ecosistema, considerar al otro como hermano, un “otro” con dignidad, supone una diferencia en el actuar económico a si se considera un competidor al que se debe destruir o un enemigo que quiere dañar mi bienestar; lo mismo en las relaciones individuales que en las macroestructuras: una política que sirve al dinero es distinta de una que quiere servir a las personas y no a los intereses de particulares sobre los intereses comunes; es distinta una economía que hace al ser humano su sirviente, de una que le sirve a su desarrollo integral; o una educación que abre el pensamiento a la pluralidad, al bien común, al desarrollo verdadero es distinta de una educación que perpetua el status quo y lo agrava.

Así, se sostiene que hace falta considerar el todo, la crisis socio ambiental en el fondo es una sola, pero requiere muchas respuestas, multidisciplinares, comunitarias, cooperativas; de modo que pueda combatir la pobreza, devolver la dignidad humana a los excluidos y cuidar la naturaleza, buscar el progreso humano integral (entendido como desarrollo y no como acumulación o enriquecimiento) en un clima de amistad social, fraternidad[7] (y sororidad) y diálogo de todos en el compromiso comunitario de buscar el bien común. Todo desde la vida cotidiana al mismo tiempo que desde la trinchera donde cada uno se desarrolla y teniendo como horizonte este proyecto de hacer a un lado la cultura del descarte y poner en el centro el desarrollo integral de todos los seres humanos y todo el ser humano que habita “en” un ecosistema al que pertenece y ha de cuidar.

La madre tierra: nuestra casa común.

En este sentido, el nacimiento de esta vacuna se está gestando, al menos eso pretendería Francisco con algunas acciones emblema que realiza: firmar e invitar a firmar el “Documento sobre la fraternidad humana, por la paz mundial y la convivencia común” que firmó en Abú Dabi con el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, que significa un parteaguas en las relaciones entre musulmanes y cristianos, es verdad; pero  además, desmarcándose de críticas a fundamentalismos religiosos, pone como brújula a otros credos religiosos una cultura de diálogo, colaboración común y conocimiento recíproco, hacia el que se ponen en marcha las religiones, también señaladas (y a veces culpables) de guerras, terrorismos y violencias; bajo este mismo interés se ponen otras dos propuestas que ha hecho el Papa al mundo, la “Economy of Francesco” por el que invitó a jóvenes economistas, activistas y emprendedores a hacer un pacto social para trabajar por una economía más justa, fraterna, sostenible e inclusiva; y el “Pacto Educativo Global” puesto que este cambio de vida requiere de una educación nueva, que se presenta como necesario, puesto que “el covid-19 ha acelerado y amplificado muchas de las emergencias que estábamos experimentando y ha revelado muchas otras” por lo que nos invita a, con esta nueva educación, “dar vuelta al modelo de desarrollo”. Esta podría ser una vacuna a la crisis… porque la crisis, vemos con más claridad ahora, es integral, y la respuesta debe serlo también.  Los planes del Papa son muchos y claros, vamos a ver si la comunidad creyente que lidera puede concretarlo y promoverlo, dialogar con otros actores sociales, superar las trabas internas y externas y llegar hasta la base con estas propuestas.

Propósito 2021: Cuidar la fragilidad

La pandemia no termina. Nos ha descubierto certezas falsas y seguridades superfluas; nos ha obligado a experimentar la interdependencia en unos y otros, personas y países. No es tiempo de un optimismo cándido que imagina que con el cambio de año todo lo malo se va y se acercan sólo cosas buenas; los retos continúan, el camino hacia la salud personal y social es largo y pesadito; pero es tiempo de esperanza, de solidaridad, de replantear y aprender. Es momento de ser innovadores, emprendedores, de buscar el “cómo sí”, de subrayar la cooperación y la solidaridad entre los distintos agentes de nuestro país y localidad: líderes políticos, empresarios, religiosos, sociedad civil, universidades… nos toca “estirar para el mismo lado”… todos los ciudadanos de a pie podemos aportar algo para sobreponernos: la resiliencia, la solidaridad, la hospitalidad, la sororidad y la fraternidad; toda esta energía social hemos de encauzarla hacia soluciones glocales (locales con mirada global) para retomar la tendencia positiva, no sólo económica sino humana, hacia la que nos queremos mover. Sin quitar la mirada del cuidado necesario de la tierra y de los pobres, de los más frágiles y lo más frágil. Cuidar lo frágil puede significar muchas cosas: cuidar a los mayores siguiendo las medidas sanitarias, favorecer políticas para las microempresas, cuidar la calidad del aire, comprar en la pequeña cafetería o a la señora de las empanadas; como propósito colectivo puede ser ya un cierto remedio a la realidad que vivimos y padecemos juntos; caminemos con esperanza, resiliencia y mucha creatividad. 

Monterrey, 25 de enero de 2021

* El autor invitado es Sociólogo y Educador para la paz.

** Las imágenes fueron tomadas de internet


[1] Para mi espíritu social se equivocan no debríamos llamar “distanciamiento social” a la norma, indicación o política que se lleva a cabo en torno a la pandemia; en realidad se trata de un llamada a la distancia física solamente, al mismo tiempo que a la necesidad de una gran cohesión social sin la cual no podemos superar esta pandemia. 

[2] Vivir al día: medidas para combatir la epidemia de desigualdad en México. Oxfam México: online. (https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/VIVIRALDIA_OXF_042020-FINAL_SO_0.pdf).

[3] La Encuesta sobre el impacto generado por el covid-19 reportó que de los 1.8 millones de unidades económicas grandes, medianas, pequeñas y micros que hay en el país, casi 1.2 millones no podrán continuar con operaciones más de un año con el nivel de ingresos que actualmente manejan. INEGI: online.

[4] Bastaría pensar cuánto se pudo haber evitado en Nuevo León la difusión del virus si la ciudadanía estuviera más formada, organizada y participara más en los temas de interés público.

[5] Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), del Papa Francisco, Roma, 24 de Noviembre de 2014. Texto base para comprender el magisterio del Papa actual.

[6] Carta Encíclica Laudato Si’ (Alabado seas, mi Señor), sobre el cuidado de la Casa Común, del Papa Francisco, Roma, 24 de Mayo de 2015

[7] Es en este contexto que se ha publicado también la carta encíclica Fratelli Tutti (Hermanos todos) sobre la fraternidad y la amistad social, del Papa Francisco, Roma, 3 de Octubre de 2020; cuyo proceso de redacción final se encontró con la pandemia por covid-19.

7 Comentarios

  1. Excelente presentación global sobre el covid-19 saber cómo podemos coadyuvar a este problema difuso mundial donde hay muchas comorbilidades, no solamente médicas sino grupales y culturales, étnicas y religiosas, cómo poder, aquí entre nos, rescatar la tiendita de la esquina, el panadero, el recreado de zspatos, oficios que ya están desapareciendo, esto es volver a las masas y de ahí llegar a la cúpula. Primero los pobres.

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  2. Excelente análisis y muchísimo mejor la propuesta. Sin duda sucita el compromiso de poner todo el empeño por vacunar nuestros ambientes desde el lugar en donde nos encontramos.
    Mi bien mi hermano

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  3. Vaya reflexión Rodolfo. Que tarea tan larga y pesada tenemos encima, pero mas vale que vayamos poniendo manos a la obra antes de que la situación nos rebase mas de lo que ya lo ha hecho. Muchas gracias por ponerlo en palabras tan claras. Entender mejor lo que está pasando nos permitirá encontrar un mejor camino para afrontar esta tremenda situación.

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  4. Rodolfo aprovecha bien la actual coyuntura sanitaria para introducirse de manera excelente en una lectura muy acertada de las enfermedades socio-económicas y políticas preexistentes en el mundo antes de la pandemia. De otra parte, sintoniza con uno (el Papa Francisco) que, sin unilateralismos y/o extremismos, sin compromisos, observa y reflexiona sobre el camino de saludables aciertos, pero también de indiscutibles y graves equivocaciones emprendido por la humanidad en los dos últimos siglos, primero con la revolución industrial y luego con la actual revolución tecnológica, camino marcado por el sacrificio de lo más humano para privilegio de las economías de corte neoliberal y/o estructuras asfixiantes de poder, con evidente aumento, día a dia, de las inequidades y desigualdadades del orden mundial que, simultanea y peligrosamente, se lleva a pasos agigantados la salud entera del planeta.

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