La pandemia desde la Gloria / por Anne Fouquet y Ana Lucía Heredia

Desde el principio de la pandemia, en paralelo a la vida encerrada, recluida y ralentizada nos ha tocado acompañar un proyecto de intervención social en la colonia Gloria Mendiola que nace de la iniciativa de varias organizaciones sociales, agrupadas en la Alianza para la juventud, la cual se ha propuesto intervenir desde diferentes frentes: la juventud, la niñez y las familias.

Si bien el confinamiento ha impedido la intervención durante los primeros meses del año, a partir de julio se han iniciado las actividades de la Alianza para la juventud con la labor de Nacidos para Triunfar A.C., que se dedica a trabajar con jóvenes pandilleros mediante una metodología basada en la organización de retas de fútbol cuyo fin es llegar a la firma de un acuerdo de paz entre las bandas rivales. Una vez conseguido esto se inician escuelas de líderes a las cuales asisten los jóvenes con el objetivo de insertarlos en el mercado laboral. 

Seguido de este proceso de pacificación, se inició un trabajo con un grupo de mujeres familiares de los jóvenes pandilleros con el fin de recabar cuáles eran, según ellas, las necesidades más urgentes que atender. De aquí se desprendieron dos grandes áreas de atención: los embarazos a temprana edad y la educación hacia la infancia. A partir de allí, ingresaron dos organizaciones más de la Alianza para la juventud: Creeser A.B.P. dedicada a la atención de los niños y niñas, y Supera A.C. cuya misión es informar sobre métodos anticonceptivos y ofrecer educación sexual. 

La pandemia en la Gloria tiene otro ritmo, distinto al que conocemos desde el privilegio del trabajo desde casa. Ahí las pocas mujeres que trabajan en el servicio doméstico se encuentran desocupadas; los hombres, después del primer mes de encierro, regresaron a la obra, que es su principal actividad. Los niños, niñas y adolescentes difícilmente siguen las clases en televisión y batallan para mandar la tarea a la maestra por falta de acceso a internet.

Incluso la comunicación en la colonia tiene otro ritmo. Los celulares no son la norma en la convivencia cotidiana. Muchas de las mujeres ni siquiera tienen uno, y si lo tienen, la relación con el aparato es distinta a la que conocemos. La comunicación de voz en voz y el encuentro personal prevalecen sobre el modelo de comunicación virtual que domina en otras partes de la ciudad.

Desde los altos de la colonia la vista sobre la ciudad es impresionante, dominante. Sus torres, siempre más numerosas y construidas por la mano de obra que aquí vive, en la periferia, se ven a lo lejos. Foto: Anne Fouquet

La colonia Gloria Mendiola aparece a finales de la década de los 70 del siglo pasado. Al igual que muchas de las colonias periféricas del Área Metropolitana de Monterrey, nace desde la necesidad de viviendas por parte de oriundos de zonas rurales (principalmente desde San Luis Potosí, Coahuila, Zacatecas, Tamaulipas y de zonas rurales de Nuevo León) llegados a la ciudad en búsqueda de mejores condiciones de vida. Durante las décadas de los 60 y 70, el flujo de migrantes[1] rebasó las capacidades de los diferentes actores a cargo de desarrollar una oferta de vivienda para los trabajadores formales (empresas, Estado, Infonavit, etc.) y aún más para el resto de la población migrante que no contaba con un trabajo formal.

Es así, en estas condiciones críticas de la economía del país, de abandono del campo, de un crecimiento poblacional, de la necesidad de mano de obra para la industria y de falta de planeación urbana, como inicia un movimiento de posesionarios que no tenían otra opción que la de ocupar terrenos vacíos para construir sus viviendas. Entre los posesionarios se distinguen dos formas claras de organización: los organizados por movimientos sociales urbanos politizados, como es el caso de Tierra y Libertad, y otros controlados por las Centrales Sindicales.

La colonia Gloria Mendiola se creó en terrenos irregulares que ya estaban habitados desde principios de los 60 por pepenadores que trabajaban en los basureros cercanos y que fueron objeto de tensiones entre “las gestiones que los propietarios de los terrenos hacían para venderlos y las luchas de las Centrales Obreras para obtener el control”[2]. Es en estas luchas de organizar el trabajo del pepenador, dignificar sus viviendas y de la mejora de sus condiciones de vida que aparecen varias figuras femeninas.

Amalia Mata fue la primera en organizar a los grupos vecinales en sus reivindicaciones y en la definición y medición de los lotes. Para el año 1982, la CTM aparece como propietaria de los terrenos y va a comisionar a Amalia Mata para distribuir y vender los lotes entre las familias.  En el mismo año, la lideresa de barrio integra la sección femenil de la CTM dirigida por Gloria Mendiola. Después de tensiones con la dirigencia de la CTM, Amalia Mata rompe con la Central Obrera antes de pasarse a la CROC. Finalmente, Gloria Mendiola, encargada de controlar las invasiones de terrenos y  las demandas de los movimientos populares afiliados a la CTM, fue quien le dio nombre a la colonia. Hasta la fecha aparece ella como propietaria de los terrenos que fueron pagando los habitantes.

Rodeada por colonias gestionadas por Fomerrey, la Gloria Mendiola fue urbanizándose, teniendo así acceso a una serie de servicios públicos como agua, luz y educación con la construcción de escuelas primarias y secundarias. Sin embargo, desde su creación, la colonia Gloria Mendiola presenta carencias importantes y altos niveles de violencia.

Por la naturaleza geográfica de la colonia, la movilidad y accesibilidad dentro de la misma es bastante complicada, lo cual dificulta la vida cotidiana de sus habitantes, cuestión que no siempre es percibida por los agentes de la sociedad civil que intervienen allí.

Como paliativo de estas deficiencias públicas y de la violencia endémica en la zona poniente de Monterrey, la colonia ha sido objeto de múltiples intervenciones por parte de varias organizaciones sociales o religiosas. Las mujeres que conocimos en la colonia recibieron cursos y talleres de todo tipo: desde economía familiar, pintura de uñas, horticultura y huertos urbanos, hasta cursos de pastelería dirigidos a propiciar este tipo de negocios en la colonia. Son profesionales de recibir cursos y talleres; los disfrutan, pero también les desespera que no haya seguimiento. Cada organización llega y se va dejándolas sin más que estos nuevos conocimientos que aplican un tiempo antes de irse.  

Al pie del cañón: listas para el taller. Foto: Anne Fouquet

¿Cómo formar ciudadanías activas en estas zonas periféricas que los políticos sólo visitan en periodo electoral? Pasar de una población-objeto y receptora de atención privada y pública a una población capaz de formular sus necesidades y organizar soluciones propias exige pensar al otro vulnerado desde otra perspectiva.

Hay que reconocer que su realidad llena de adversidades, de complicaciones económicas, de violencia en la casa y fuera de ella, también las fortalece y las forma para ejercer su ciudadanía, sus derechos. La vida en la colonia también respira solidaridad, los y las habitantes se conocen desde hace más de 30 años, los hijos crecieron juntos. Los vecinos muchas veces son familiares, todo lo cual contribuye a una vida comunitaria robusta. 

En conclusión, siguiendo las reflexiones que Partha Chatterjee[3] realiza en Calcuta, en la India, a partir de investigaciones en entornos parecidos a los de la Gloria Mendiola, para pasar de ser una población gobernada desde la sociedad civil a otra gobernada desde sí misma es necesario un ejercicio práctico de la democracia, el cual empieza con el reconocimiento de las capacidades de organización desde la propia colonia. Y ese ejercicio ha de empezar por aquello que la pandemia muestra desde la Gloria. Es algo de lo que la mayoría de las zonas más establecidas y acomodadas de la ciudad carece y allí abunda: comunidad. 

23 de noviembre de 2020



[1] El crecimiento poblacional en Monterrey da cuenta de esta migración urbana. Así si revisamos el crecimiento en 40 años (1940-1980) podemos ver que la población se dobla entre las décadas de 1960 y 1970 pasando de 699, 263 mil para 1960 a 1,213,479 para 1970 y llegando a 1,876,300 para la década de los 80. En Menno Vellinga (1988). Tierra y Libertad: los pequeños márgenes de desarrollo autónomo. Relaciones 33, invierno 1988, Vol.IX-Colmich.

[2] Alejandra Rangel. Participación política de las mujeres en un movimiento urbano de Nuevo León. Tesis de maestría, UANL, 2003.

[3] Chatterjee, Partha, La nación en tiempo heterogéneo, Buenos Aires: Siglo XXI, 2008.

Imagen de portada: El Cerro de la Silla desde la Gloria. Foto de Anne Fouquet

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