“Sin popote, por favor”… ¿quién se acuerda? /por Lylia Palacios

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“Las verdaderas crisis son aquellas dificultades que no pueden ser resueltas dentro del marco del sistema, sino que deben resolverse por fuera y más allá del sistema histórico del cual las dificultades son parte.” Immanuel Wallerstein (2005)

Qué poco tiempo hace  que gobiernos, ciertas empresas y consumidores nos sumábamos entusiastamente a la campaña para reducir el uso de plásticos en nuestra vida diaria y así comenzar de a poquito a revertir el desastre ecológico que hemos creado.  Y de repente, zaz!, el mundo se detuvo, un virus mete a media humanidad a su casa y todo se sacude. Nuestra vanagloria antropocentrista –de querer tapar el sol con un dedo o limpiar el mar sin un popote, según– nos impidió entender que nuestros tiempos no son los de la naturaleza.

LYLIA-sin popote (EL VIRUS HUMANO)

Y aquí estoy, es domingo por la tarde y no sé qué escribir ante el pasmo global provocado por la pandemia del COVID 19. Qué decir en este océano de información, memes, videos, recomendaciones, reflexiones críticas de todo tipo… ciencia, religión, estadística, humorismo, arte, política…  todo nos dice: el mundo ya no es el mismo y no sabemos para dónde vamos. Circulan tantas posturas sobre la pandemia y sus vicisitudes que me pareció más sano escuchar, ver, sentir. Y eso hice esta semana en la que de domingo a domingo me tocó cuidar de mi madre…

Vivo conmigo desde hace algunos años y tengo un hijo que hace su vida en otro país; hace tiempo, por tanto, el cuidado en casa se reduce a mi propia persona. Esto hizo que la vivencia de atender y acompañar a mi madre en este momento peculiar fuera sumamente aleccionadora. Ella es una ancianita muy feliz (así se autodefine), su salud es envidiable, duerme muy bien, disfruta de tejer, ama las flores, gusta de ver series de temas religiosos y películas que si son de caballos, mejor, y le encanta platicar. Así, dedicar esta semana a preparar nuestros alimentos, a apoyarla en sus necesidades, a mantener la casa aseada y desinfectada, además de ponernos a platicar y ver tele juntas, hizo que el tiempo se fuera volando, mis lecturas se redujeron a los titulares; y de escribir ni lo intenté.

Ojo!, no me estoy quejando (¡no le vaya a llegar a mi mamá este texto!), no, la experiencia me permitió dimensionar lo que infinidad de mujeres como mi madre han hecho y hacen todos los días. Ella fue la responsable de la crianza de sus 11 hijos (siete mujeres y cuatro hombres), del cuidado de una casa y de la atención de un marido, quien aportaba su salario de obrero fabril. ¡Cómo le hizo! Estoy hablando de una familia proletaria en donde una sola mujer cocinaba, lavaba, cosía y remendaba, planchaba,  barría, trapeaba, sacudía, cuidaba de sus flores y de sus pájaros. Recuerdo a una madre que nunca paraba y aun así nos dio tanto amor. Las bases de la economía feminista no son inventos, parten de realidades como ésta.

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Doña Hortencia en mi casa

Ahora que el comportamiento humano está marcado por la incertidumbre y el temor, por la cesión obediente de nuestras libertades (“¡Quédate en casa!”), por la parálisis colectiva y el cuestionamiento de los paradigmas, ¿qué vamos a hacer? A quienes nos gusta la literatura y cine de ciencia ficción ya nos vimos en los peores escenarios distópicos: H.G. Wells, Huxley, Orwell, Bradbury, Harrison, gracias a todos y vaya que si debemos releerlos. Y quienes nos asumimos anticapitalistas no dudamos en que estamos en medio de la más profunda crisis sistémica en la que el globo y todos sus gobernantes están recurriendo a fórmulas que en algún momento funcionaron (Keynes redivivo), aunque no desviamos la mirada de todas las tentaciones autoritarias y controladoras que se ciernen (por nuestro bien, dicen), en medio de la apabullante desigualdad y violencia que pone en entredicho las mejores políticas de intervención en contra de la pandemia.

Pareciera que el mundo se puso apocalíptico. No creo. No es capitalismo o barbarie, o peor, capitalismo o extinción. El capitalismo a secas es un sistema de explotación social y acumulación privada, por lo que cuando se predica acerca de la malevolencia del capitalismo salvaje o neoliberalismo, se olvida que ambos no son más que las respuestas que el sistema viene aplicando a su propia crisis. No hay capitalismo bueno.[1]

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“No es el fuego, es el extractivismo”

podría ser el fin de un sistema, tan histórico como lo han sido todos los sistemas anteriores al capitalismo. Pero, parafraseando a Gramsci, ni sabemos cuándo morirá, ni qué está naciendo. Aunque el no saber ni lo uno ni lo otro, no significa postrarnos a la espera de un destino que ya nos alcanzó. Estaríamos ahora en lo que Wallerstein (quien falleció el año pasado) llama “periodo de transición”, tiempo caótico en el que “cada pequeña acción llevada a cabo en este periodo es posible de conllevar importantes consecuencias” (2004, p. 105)[2]

Entonces, ¿no será este el momento para ver y aprender de las importantes consecuencias que ya generaron las que iniciaron, desde hace décadas, como pequeñas acciones? Las de pueblos indígenas y de las mujeres.

Hoy es innegable la posibilidad de organizarse desde debajo, con la construcción de la autonomía de pueblos indígenas como las comunidades zapatistas en Chiapas[3], o las del CRIC en el Cauca colombiano[4], entre otras. Como evidente es que la insurrección de las mujeres no es moda pasajera, más bien, como escribió aquí nuestro colega aumenta la legitimación social del feminismo”. La organización autónoma de pueblos indígenas, y la movilización y propuestas de las mujeres contra la milenaria cultura patriarcal, demuestran que la solución a los problemas de organización social y de relaciones entre géneros ya no es posible dentro de este sistema. Aprender, reflexionar, actuar colectivamente, esto de fácil no tiene nada, así que retomo la ruta crítica que propuso Wallerstein:

“El periodo de transición de un sistema a otro es un periodo de grandes luchas, de gran incertidumbre, y de grandes cuestionamientos sobre las estructuras del saber. Necesitamos primero que todo intentar comprender claramente qué es lo que está sucediendo. Necesitamos después decidir en qué dirección queremos que se mueva el mundo. Y debemos finalmente resolver cómo actuaremos en el presente de modo que las cosas se muevan en el sentido que preferimos. Podemos pensar en estas tres tareas como las labores intelectuales, morales y políticas. Las tres son diferentes pero estrechamente vinculadas. Ninguno de nosotros puede excusarse de estas tareas.” (ibíd. p. 122)

¿Es posible construir colectivamente nuestro destino? De hecho lo hacemos, con acción o sumisión. Esto ya vimos no se arregla con o sin popotes porque el mundo cambió desde antes del coronavirus. Los pueblos indígenas nos enseñan la centralidad del respeto y conexión a la tierra; y las mujeres, hoy devueltas masivamente “al hogar”, tal vez estemos cursando nuestro examen decisivo. Los cuidados, la salud, el bien común no es asunto de mujeres es asunto de humanidad.

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“Mujeres que luchan” nuestras maestras en la Escuelita zapatista de 2013. Foto, Lylia Palacios.

Y si pienso en lo difícil que es cambiar mentalidades me animo pensando en mi madre. Esta semana, nuevamente me platicó que cuando oyó “eso de la liberación femenina” se alegró mucho, pues pensó que así ya las mujeres no sufrirían tanto como las de su tiempo, porque ahora podríamos estudiar y trabajar y “valernos por nosotras mismas“. Y doña Hortencia tiene 99 años.

6 de abril de 2020

[1] Tal vez uno de los últimos intentos por tratar de salvar al capitalismo se planteó en el documento “Nuestro futuro común” o informe Brundtland, publicado en 1987. En sus 400 páginas se describe el horror económico, social y ambiental que el modelo industrial había producido en el planeta. No obstante las buenas intenciones por reorientar el rumbo terminó convirtiéndose en discurso de moda: el desarrollo sustentable y en el nuevo negocio del capitalismo verde.

[2] Wallerstein, Immanuel (2005). Análisis de sistemas-mundo. Una introducción. México: Siglo XXI Editores.

[3] Fernández C., Paulina (2014). Justicia autónoma zapatista. Zona Selva Tzeltal. México: Estampa/Ediciones Autónom@s. Este es un libro excelente para introducirse al proceso autonómico indígena, escrito por una de las intelectuales más comprometidas social y políticamente; lamentablemente fallecida este año.

[4] El portal del Consejo Regional Indígena del Cauca tiene amplia información https://www.cric-colombia.org/portal/

4 Comentarios

  1. Soy Maria. Pertenezco a la Congregacion donde esta tu Hna. Adryana. De hecho vivo con ella. Y me paso tu escrito.
    Me parece tan real. Y nacido de valorar la presencia de doña Hortencia tu mami.
    Yo soy feminista por opcion y conviccion. Hoy estamos mujeres, hombres niñas y niños abuelitas y abuelitos pegaditos en casa. Viendonos todo el dia el rostro. Escuchandonos..tal vez algunas veces gritos…o algunas risas y carcajadas y estoy de acuerdo ahora el espacio exclusivo y determinante para la mujer. Es el espacio de vida…de aprendizaje y de salvacion en este tiempo de epidemia…un abrazo Liliy.

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    1. Gracias María, y sí, pienso que a nuestro alrededor hay tantas mujeres comunes, como todas nosotras, de las que podemos aprender tant. Ojalá esta experiencia nos sirva a todas y todos para comenzar a vernos y aprender más entre nosotros. Y ruego porque la violencia intrafamiliar no se extienda al igual que la pandemia. Abrazos a todas ustedes y cuídenese mucho.

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