Especulación inmobiliaria, destrucción de historia y barrios vivos en Monterrey / Por Lylia Palacios

“Creíamos que demoler edificios antiguos y construir nuevos era una buena idea. Nos equivocábamos” Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA)

La declaración anterior, plasmada en un reportaje del año 2021, proviene de una de las asociaciones de arquitectos más antiguas de Europa, el RIBA, fundado en 1834. La reflexión viene motivada por los altos impactos climáticos y ambientales que conlleva demoler viejos edificios y  construir nuevos. El boom de la industria de la construcción inmobiliaria en Europa está siendo seriamente criticado ante un resultado evidente: se destruyó lo que había durado cientos de años por nuevos edificios que,  según los  expertos y arquitectos de dicha asociación, constituyen «un error grave debido a la cantidad de carbono emitido durante la construcción del nuevo edificio.” Y peor aun cuando “la vida promedio de un edificio moderno es de sólo 60 años”. Su llamado, por tanto, es a “restaurar los edificios antiguos en lugar de desecharlos.” Además, este frenesí inmobiliario ocurre no sólo demoliendo viejas construcciones, sino desplazando antiguos habitantes y destruyendo barrios y comunidades.

Meme contra Vía Zócalo, realizado por Panin.

Aunque alguien pensará: pero si esos nuevos edificios resolvieron la demanda de vivienda digna y accesible, vale; si mejoraron la calidad de vida de sus habitantes, vale; si ampliaron la infraestructura con mejores servicios y vialidades a su alrededor, vale. La respuesta es no, no y no. Y no, porque estos largos edificios que aparecieron y surgen como hongos en las principales ciudades del mundo (por favor, vean el documental Push) no se han construido para resolver nada de lo anterior; al contrario, existen porque son un mega negocio: “El mercado inmobiliario se ha convertido en algo ‘financiarizado’, así como el oro”, dice en Push  la activista canadiense Leilani Farha. Ella entrevista a la socióloga urbana Saskia Sassen, quien ante el fenómeno de la proliferación de los edificios vacíos señala: “Estos edificios son oscuros y vacíos… ¡Además son rentables!”

Y son rentables financieramente porque al igual que el agua, la educación y la salud, la vivienda también pasó de ser un derecho social a una mercancía a la venta de quien tenga con qué comprar, y quien no tenga, que haga filas para recoger agua de las pipas, que deje de estudiar por pobreza de recursos, que enferme y muera por falta de servicios médicos, que viva en una casa-palomar de 30 metros cuadrados.

En el estudio de Víctor Delgadillo (2021) sobre la financiarización de la vivienda se analiza la trayectoria reciente de la inversión inmobiliaria que, en países como el nuestro, pasó de la ola constructiva de vivienda social en las periferias urbanas, a la masiva construcción de altos edificios de departamentos de lujo y oficinas, torres de corporativos y enormes centros comerciales. La primera ola iniciada a finales del siglo pasado dejó a millones de familias endeudadas con el Infonavit y con el Fovissste al adquirir casas edificadas por constructoras privadas, las que por su reducido tamaño y/o por la falta de infraestructura urbana (escuelas, transporte, seguridad, etc.) resultaron abandonadas por miles.   

Casas abandonadas. Imagen tomada de internet

En la segunda ola inmobiliaria, la de los altos y lujosos edificios, paradójicamente, muchos están corriendo igual suerte. ¿Por qué? Menciona Delgadillo:

Muchos de esos espacios recientemente construidos, destinados a viviendas, oficinas y otros usos, permanecen durante mucho tiempo deshabitados o subutilizados, porque los precios de venta o alquiler están fuera del alcance de los ingresos de las mayorías, y/o porque esos espacios se construyen fundamentalmente como activos financieros, es decir, en función de la reproducción de capitales foráneos.

El punto es claro, los dueños del capital (que no tiene patria, dice Marx, ni madre, digo yo), en su afán de despojarse de toda responsabilidad laboral y social para seguir acumulando riqueza, decidieron desplazarse por el planeta sin traba alguna. Siguiendo a Delgadillo: “Se trata de una forma de reproducción de capitales que no se realiza en la esfera de la economía real, es decir, en la producción de mercancías materiales y los servicios asociados a ella; sino en la esfera de la economía ficticia, es decir, en los mercados financieros.” Y en ese circuito, lo que termina sucediendo son las burbujas inmobiliarias que luego azotan las economías.

Trayectoria de una burbuja inmobiliaria. Tomado del artículo citado La ciudad inhabitable.

La relación entre el capital financiero y el inmobiliario no es nueva, pero en lo que va del siglo, esta industria se ha convertido en una de las inversiones más lucrativas para capitales financieros globales asociados a las empresas inmobiliarias locales.

Este largo preámbulo tiene el propósito de ubicar la problemática que hoy vive Monterrey, particularmente su primer cuadro, en el cual se vienen construyendo desarrollos inmobiliarios verticales bajo la falacia de “repoblar el centro”. En el año 2020, el alcalde Adrián de la Garza anunció el proyecto “Renacentro”, acompañado por representantes de asociaciones nacionales y locales del sector inmobiliario, de bienes raíces y constructores, además del grupo Vertebra y de los distritos Tec y Purísima-Alameda. Anunciaba, aparte de todos los edificios ya construidos, 32 desarrollos en esta parte de la ciudad. Sus acompañantes han sido los más beneficiados con ese proyecto, que hoy, con nuevo alcalde y distinto partido político, no tiene traza de detenerse: para el 2021, los proyectos inmobiliarios de sector privado representaron 91.43% del total construido en Nuevo León.         

El alcalde de Monterrey Adrián de la Garza en la presentación del proyecto Renacentro

Así es, nos faltaba el tercer actor (además de los dueños del capital financiero y empresas constructoras): el Estado. Todo lo anterior, relacionado con esta desaforada construcción inmobiliaria financiarizada y especulativa, sería menos fácil de realizar sin el respaldo gubernamental. Tal como lo exponen para el caso de Guadalajara en la investigación periodística La ciudad inhabitable: ¿redensificación o destrucción de vivienda? En esa investigación se revisaron 56 desarrollos verticales en Guadalajara y Zapopan encontrando que la mayoría se encuentran deshabitados, “aunque se comercializan a altos precios por su valor como inversión.” Destacan el papel obsecuente de las autoridades para extender permisos y todas las artimañas para pasar por alto irregularidades o imponer míseras sanciones que terminan dejando a la empresa constructora continuar.     

Y hasta llegan a ser juez y parte, como en el caso de Vía Zócalo en el Barrio Antiguo de Monterrey: el proyecto está relacionado con Genaro García de la Garza, quien fuera titular de la Oficina del entonces Alcalde Adrián de la Garza. La nota de El Norte lo ubica como aportador del 11% de la tierra para el desarrollo, con predios adquiridos durante su gestión como funcionario. No obstante el rechazo argumentado de la obra por INAH-Nuevo León, poco antes de terminar su gestión, el alcalde firmó todos los permisos necesarios.

“Hay gente que compra departamentos no para habitarlos, sino para tenerlos ahí y en cinco o seis años poder venderlos.”

La especulación inmobiliaria vestida de fantasía. Retomemos el planteamiento inicial: estos desarrollos verticales no son parte de una política integral para resolver la necesidad de vivienda digna y accesible, ni para hacer una ciudad mejor planeada, arborizada, caminable. Nada de eso. La promoción mediática es directa al inversionista, pues difícilmente esa juventud a la que dicen dirigirse (“los jóvenes prefieren rentar porque ya no les interesa comprar casa” una tontería así se escucha en la radio) podría adquirir un departamento en cualquiera de estos edificios cuyos precios oscilan entre 2 y más de 5 millones de pesos (¡al día de hoy!). Veamos un ejemplo, tomado de La Haus. ¿Qué es lo más económico que ofrece Vía Zócalo? Un espacio llamado Taller de 40 mts2 por casi 2 millones y medio  ($2,423,160). Y sólo para comparar: las mini casas del Infonavit de ese tamaño cuestan 250 mil pesos aproximadamente.

El sitio La Haus promueve la oferta de 24 edificios, algunos ya en construcción, y es un encanto leer su autodescripción, cargada de ignorancia y de cinismo. Aquí destaco los que están destruyendo lo que nos queda de historia arquitectónica y que se ubican en barrios donde habitan más vecinos de los que conocen quienes llaman a “repoblar el centro”; son barrios vivos:

Héroes47 se convierte en un lugar cargado de historia; ofreciendo así no sólo la oportunidad de invertir en un patrimonio, sino además, ser parte de una nueva generación que habitará tan importante punto del centro de la ciudad, escribiendo una nueva historia, tu propia historia.          

Barrio Vergel. Un proyecto integral ubicado en el corazón de Barrio Antiguo diseñado para ofrecerte los espacios que buscas en un moderno estilo de vida.

La vida en el mejor pedacito de Monterrey. Átiko es la celebración de la identidad regiomontana: habitar el presente con lo mejor de las raíces de nuestra ciudad y la proyección de una vida más cómoda, orgánica y auténtica.

Vía Zócalo combina la historia de su ciudad con la vanguardia de un nuevo estilo de vida para tener todo lo que necesitas a tu alcance: Departamentos, Área Comercial y Oficinas en el Centro de Monterrey.

Barrio? Vergel? …Hogar? Casas-garage como diría Iván Illich. Las dimensiones son similares a las del Taller de Vía Zócalo. Imagen tomada de La Haus, sitio citado.

La realidad es menos cursi que estos retratos. Los inversionistas vienen a buscar la ganancia mayor que la empiezan saltándose cuanto reglamento y ley pueden, construyendo con el dinero de las preventas, ofreciendo lo que no existe; pues no importa que estén ubicados en medio de callecitas que debieran ser peatonales, que las redes de agua, de gas, de electricidad sean insuficientes, que las reducidas vialidades se colapsen por el aumento de flujo vehicular, pues al final, parafraseando una película de W. Allen, estos financieros y constructores Llegan, roban y huyen.   

La proyección del futuro próximo será peor que la que enfrentan comunidades y barrios europeos o norteamericanos; en la Ciudad de México, en Guadalajara, en Monterrey, la desigualdad y la complicidad gubernamental sólo ahondarán los profundos problemas que ya vivimos: desorden y abandono urbano, caro e ineficiente transporte público, inseguridad, crisis por contaminación, acaparamiento del agua y escasez.

En el Barrio Antiguo de Monterrey, los vecinos dicen no a Vía Zócalo. Solidaricémonos.

Ante este panorama, y tal como ya sucede en otros lados, este desastre sólo pueden detenerlo y revertirlo los habitantes de cada ciudad. A los de Monterrey nos está costando más, pues la historia de control colectivo y subordinación individual que se volvió parte de la cultura política local nos está cobrando la factura: nos cuesta organizarnos, llegan los temores, gana el individualismo. A eso y a más nos enfrentamos. En nosotros está voltear a vernos y aprender a ser habitantes de esta ciudad. Gobiernos y empresarios no deben estar por encima del bien común.  

28 de junio de 2021

lylia.palacios@gmail.com

  


2 Comentarios

  1. Una idea para generar vivienda económica es permitir la construcción de pequeños condominios. En terrenos donde actualmente sólo se permite vivienda unifamiliar. Es demasiada superficie urbana unifamiliar con “uso de suelo”exclusivamente de vivienda. Obviamente no en toda la ciudad pero por ejemplo en la zona donde hay muchas casas abandonadas del centro, la colonia independencia, etc.
    Hacer de verdad atractiva la inversión en las casas abandonadas.
    Permitir la subdivisión de casas unifamiliares en condominios pequeños.
    Que una persona que vive sola pueda por ejemplo vender en condominio la planta alta de su casa.
    Permitir que una persona que no es dueña de una propiedad construya en el techo de otro y que como resultado se genere un pequeño condominio donde cualquiera podría vender propiedad en condominio. Y así muchas posibilidades de densificar con vivienda “diferente”. Pero atendiendo a los intereses de la mayoría.
    Esto beneficiaría a muchas personas que habitan actualmente en el centro. A nuevos habitantes jóvenes que podrían adquirir esta nueva vivienda.
    A quien perjudicaría, seguramente a los desarrolladores a los que se refieren en la publicación y grandes especuladores. Finalmente a los que actualmente imponen “las reglas del juego” de alguna manera.

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  2. Excelente artículo que pone en perspectiva el futuro de nuestras ciudades y el llamado «centro histórico», la gentrificación de espacios que perdieron plusvalor por diversas razones vuelven a traer a la palestra el tema de la renta del suelo y quién aprovecha el mercado inmobiliario. ¿Algo que hacer en estos momentos de encono social? No lo creo.

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