Responsabilidad pedagógica de un creador / por Luz V. Gallegos Cantú y Raúl González Guzmán*

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Homenaje al Maestro José Hernández Gama

El pasado sábado 18 de mayo falleció José Hernández Gama, compositor jalisciense adoptado por Monterrey en la década de 1950. Su muerte, lejos de generar un ambiente de duelo, ha creado una perfumada atmósfera de agradecimiento y anécdotas vinculadas con sus enseñanzas, particularmente, con su modo de enseñar, de abrir al mundo de la música.

Su devoción por la música fue su principal enseñanza. El desarrollo musical de la ciudad se vincula directa e indirectamente con el respeto con que se dirigió a esta manifestación artística, desde la educación musical hasta la creación. Niñas y niños, jóvenes y adultos deben su relación de goce con la música debido a su labor como educador y director coral. El gremio de compositores de Nuevo León reconoce que una parte de sus raíces están en el trabajo de Hernández Gama.

Foto 1

Maestro José Hernández Gama (Lagos de Moreno, Jalisco, 7 de febrero de 1925 – Monterrey, Nuevo León, 18 de mayo de 2019).

¿A qué se debe que su actividad formativa haya trascendido de una manera tan contundente?

Si tomamos la responsabilidad pedagógica como categoría de análisis para comprender la relevancia de su quehacer educativo, encontraremos aclaradoras respuestas. Para Jan Masschelein y Maarten Simons[1], la responsabilidad pedagógica es la capacidad de llevar a cabo la labor docente suspendiendo la cuestión inmediata de la utilidad de lo que se enseña, dando lugar al compromiso con el estudio y la práctica. Esto contribuye con la generación de espacios compartidos en donde la relación con el objeto de estudio es común y, por tanto, política y trascendental:

El elemento democrático -y político- de la educación se sitúa en esa doble experiencia: en la experiencia del mundo como bien común y en la experiencia del «yo puedo» (…) eso significa interesarse en el mundo (en algo) y sentirse comprometido e implicado en algo que va más allá de uno mismo en tanto que es un bien común. El sentido político de la educación radica en «liberar el mundo» (las cosas y las prácticas) de un modo tal que cada uno (como ciudadano) se sienta comprometido con el bien común.

La implicación y el compromiso permiten a las nuevas generaciones reconocerse capaces de empezar. Así pues, la muerte de José Hernández suscita a la reflexión y a mirar que su trabajo ha sido cimiento en el desarrollo cultural de Nuevo León. Lejos de perder a un compositor, el Estado cosecha el fruto de su trabajo creativo y diligente en el arte musical.

Durante el ritual católico en el que fue despedido por familiares, amistades y personas cercanas al compositor, fue ejecutada su música por un grupo de instrumentistas y cantantes que le rindieron homenaje de esa forma. ¿Cuántos de nosotros podremos decir que hemos creado algo que trascenderá nuestra muerte?  La evidencia de que su música se había propagado como semilla fue el Gloria. La particularidad de esa parte de la obra religiosa que se interpretó durante la misa de cuerpo presente fue haber resonado en el espacio, fue como si la planta de la semilla cultivada estuviera floreciendo. De pronto, no eran sólo el coro y la orquesta quienes hacían música, sino que la audiencia dejó de ser tal para involucrarse en el goce de formar parte de un ensamble musical más grande.

En términos freireanos, de eso se trata la extensión del conocimiento: de crear(se) y recrear(se). Su actuación docente iba más allá de mostrar contenidos: Hernández Gama disfrutaba la música y, siendo ese el tema que le convocaba con otros durante sus sesiones de clase, con su goce personal implicaba a sus estudiantes en el proceso creativo que es el proceso pedagógico. Quienes hemos comentado su vida, coincidimos en que la paciencia fue una cualidad de su acción educativa. En ese sentido, la armonía era más que un asunto académico, era un rasgo de su personalidad.

Además, su trabajo como educador musical fue democrático. El maestro José Hernández Gama dedicó su vida a divulgar sus saberes en diferentes espacios y por diferentes medios. Igualmente trató con estudiantes que se formaban en la ejecución o creación musical, como con quienes disfrutaban de cantar como pasatiempo; compartió su música en sitios religiosos y en organizaciones independientes del ámbito eclesiástico; dio clases en escuelas públicas y privadas. Enseñó música en el más amplio sentido de la expresión, y eso sólo lo hace quien tiene un conocimiento profundo de la materia, puesto que es capaz de entrar y salir de esa hondonada con la seguridad propia de quien conoce el terreno. Su condición de creador le permitía hacerlo, puesto que crear es hacer, dar lugar a que algo suceda; Hernández Gama proveyó los medios para el gozo a través de la apertura del mundo musical.

 

Foto 2

Ensamble: Mtro. José Luis Wario, Lupita y Martha Hernández, Mtro. José Hernández Gama y Francisco González Piñeyro.

La nota final de Hernández Gama es, al mismo tiempo, el sonido introductorio de una sinfonía que está siendo escrita por quienes lo llevan en la memoria, en un contexto que necesita de la convicción que él tuvo respecto a que compartir(se) paciente y armoniosamente es una forma de vida. La responsabilidad pedagógica es semilla de esperanza.

Descanse en paz el maestro José Hernández Gama.

[1] Masschelein, Jan y Maarten Simons (2014). Defensa de la escuela. Una cuestión pública. Buenos Aires: Miño & Dávila.

*Raúl González Guzmán es compositor

Foto de portada: Partitura manuscrita del maestro José Hernández Gama.

 

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