Por qué decimos NO a la cruz monumental

vozes43

El sábado pasado hicimos entrega personal al arzobispo Cabrera de la carta que abajo reproducimos. En una breve charla le expusimos una síntesis del contenido de la misma y le hicimos entrega de libros y documentos que sustentan nuestra posición desde la perspectiva académica. Estos materiales muestran la importancia de las colonias populares de la Loma Larga para la memoria y presente de la ciudad. También la estrecha relación entre los proyectos de interconexión San Pedro-Monterrey y el llamado Memorial de la Misericordia, los cuales, apoyados por el gobierno del estado, ponen en riesgo a comunidades vivas, al patrimonio cultural, al medio ambiente y a la propia historia de la ciudad. El domingo 13 apareció una nota en El Norte que podemos considerar una respuesta indirecta a nuestra visita: “Planean en Loma Larga zona espiritual”   

 

 

Monterrey, N.L. a 12 de enero de 2019

Monseñor Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Presente.-

Quienes suscribimos esta carta somos un colectivo de académicos y académicas, sensibles a la situación que actualmente vive nuestra sociedad. Congregados a raíz de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en 2014, desde nuestras áreas de conocimiento, buscamos contribuir al debate, la crítica y la justicia; nos identificamos con una academia comprometida con la sociedad y el bien común, más allá de intereses individuales o institucionales, privados o públicos. En este marco, somos solidarios con otros grupos, colectivos, comunidades y asociaciones que igualmente participan activamente en la construcción de una mejor sociedad, o que son víctimas de los poderes que egoístamente impiden avanzar a los pueblos o desacreditan su sabiduría. Nuestras actividades y perfil individual de los integrantes están publicados en nuestro blog https://academicxsmty43.blog/, además de nuestra página de Facebook https://es-la.facebook.com/AcademicxsMty43/.

Estamos aquí, preocupados por la inminencia del proyecto Memorial de la Misericordia[1]  impulsado por este arzobispado, financiado por empresarios y facilitado por el gobierno del estado. Nos permitimos desarrollar en los siguientes párrafos los argumentos por los cuales nuestra opinión es contraria a dicho proyecto.

Comunidad y procesos urbanos

A través de los años, la colonia Independencia y las aledañas en la Loma Larga han sido recipientes y laboratorios de tradiciones de la cultura regional, no sólo religiosas y no sólo de la ciudad de Monterrey. Algunas ya desaparecieron en las partes más antiguas del viejo Monterrey. Este valioso patrimonio cultural se creó gracias a las redes comunitarias que se fueron construyendo en las últimas décadas en ese lugar, a través de la solidaridad, el esfuerzo y el compromiso de los habitantes de la zona.[2] La experiencia ha demostrado que estos procesos se ponen en peligro con los megaproyectos urbanos, que siempre valoran más los criterios económicos de unos cuantos por encima del valor de nuestras culturas y nuestra propia diversidad.

La ciudad de Monterrey, otrora polo industrial del país, se ha transformado en una entidad orientada a la economía de servicios. En los últimos 15 años, esta zona urbana ha vivido un proceso de rediseño de tal manera que el desarrollo inmobiliario se ha convertido en una de las empresas con mayor crecimiento e inversión, impactando en los cambios de usos de suelo para adecuar la ciudad a los cambios de inversión del capital.[3] Dos ejemplos muy precisos de este proceso son los cambios sucedidos en los terrenos de la Fundidora de Monterrey y en el Parque la Pastora. El primero pasó de ser una industria a un área de recreación cuyo interés público ha sido cuestionado últimamente, el segundo cedió la mitad de su espacio a un estadio de futbol. En ambos casos, las transformaciones no fueron tersas. Al primero le antecedió el despido sorpresivo y fulminante de miles de trabajadores y el segundo se sustentó en el despojo de un bien público para beneficio privado en medio de denuncias por descarados actos de corrupción.

En este rediseño de la ciudad hemos visto en los últimos años el interés creciente por intervenir la Loma Larga (desde la Independencia hasta La Campana), poblada en su mayor parte por colonias obreras que proveían de fuerza de trabajo a las numerosas fábricas y talleres que originalmente circundaban el primer cuadro de la ciudad. En ese tiempo habitar la Loma Larga significaba vivir en la orilla, al margen del desarrollo urbano. Con el crecimiento de la ciudad, estas colonias quedaron en medio de un reordenamiento espacial hegemónico que ambiciona la centralidad de este territorio. Esto se puede observar en el siguiente mapa:

rsz_mapa centro rediseñado
Reconfiguración de Monterrey por “distritos”. Estudio realizado por AECOM Team, solicitado por el gobierno del estado y publicado en 2014 (figura en la p. 95). Documento completo en inglés.

Esta dimensión integral del rediseño de la ciudad hace que el proyecto Memorial de la Misericordia no sea una obra que afecte sólo a una pequeña comunidad (la de la parte alta de la colonia Independencia), sino que inevitablemente tiene vínculos con contextos que van más allá de ella. Esto sucede al menos en dos sentidos. El primero tiene que ver con lo que a todas luces es un proceso de Gentrificación. Desde bufetes de arquitectos, con asesoría legal y ventajosos vínculos con funcionarios públicos, se proyectan “distritos”, “edificios de usos mixtos”, “áreas verdes”, “estadios” e “interconexiones”, sin considerar qué piensa y quiere quien vive en los terrenos a ser expropiados, comprados o tomados. Síntomas que prefiguran lo que el geógrafo británico David Harvey llama “acumulación por desposesión”.[4] En este contexto, no hay manera de desvincular ningún tipo de proyecto o iniciativa, así sea la de más buena fe (Ver Anexo 1 con la opinión de los colegios de Arquitectos y Urbanistas de Monterrey). Esta relación se devela cuando se descubre que en el rediseño y desarrollo inmobiliario participan las mismas familias que en su momento se dedicaron a la industria, y cuyas nuevas generaciones se especializan ahora en la construcción y servicios. Empresas como Cemex, Femsa, Vitro, Alfa, Cydsa, etc., extienden y diversifican sus inversiones a esas áreas (ver Anexo 2).[5] De ahí que, considerando probable nuestra previsión de que el Memorial de la Misericordia se unirá física y conceptualmente al otro proyecto de interconexión entre San Pedro y Monterrey, no habrá centro comunitario que impida la fragmentación y dispersión de las comunidades locales. Generalmente, durante la construcción y  operación de estos proyectos, son estas comunidades y sus expresiones culturales las perdedoras. Terminan abandonando los lugares donde construyeron su esencia y su derecho a vivir la ciudad.

El otro sentido de afectación del proyecto Memorial de la Misericordia hacia la ciudad en general, tiene que ver con su expresión simbólica ya que “invade” simbólicamente a la ciudad y a gran parte del área metropolitana con la manifestación de un credo religioso que, si bien es el mayoritario en nuestra sociedad, no es el único. Según el Panorama de las religiones en México, publicado por el INEGI en 2010 (pág. 155), existen en el estado 321 tradiciones religiosas que son diferentes de la católica. Así, en atención a esta diversidad y convivencia religiosa y a los principios seculares de nuestro estado de derecho, consideramos que las ciudades son y han de seguir siendo laicas.[6]

Ausencia de una perspectiva ecológica integral en el proyecto

Es preocupante constatar que el proyecto Memorial de la Misericordia va claramente en contra de las ideas fundamentales de la Encíclica del Papa Francisco Laudato Sí! en torno a la mirada ecológica integral (2015: 143).

II. Ecología cultural
143. Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado. Es parte de la identidad común de un lugar y una base para construir una ciudad habitable. No se trata de destruir y de crear nuevas ciudades supuestamente más ecológicas, donde no siempre se vuelve deseable vivir. Hace falta incorporar la historia, la cultura y la arquitectura de un lugar, manteniendo su identidad original. Por eso, la ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio. De manera más directa, reclama prestar atención a las culturas locales a la hora de analizar cuestiones relacionadas con el medio ambiente, poniendo en diálogo el lenguaje científico-técnico con el lenguaje popular. Es la cultura no sólo en el sentido de los monumentos del pasado, sino especialmente en su sentido vivo, dinámico y participativo, que no puede excluirse a la hora de repensar la relación del ser humano con el ambiente.[7]

Así en el proyecto en cuestión, la destrucción de los lazos de pertenencia y solidaridad a partir del uso del terreno asignado y el consecuente desplazamiento de las y los habitantes de las colonias afectadas por el proyecto es contraria a la perspectiva de una ecología integral, que va más allá del medio ambiente e integra los campos económico, social, cultural y la vida cotidiana, en donde todos los seres caben y son igualmente importantes. En este sentido, las implicaciones socioambientales de la obra proyectada, una cruz de 160 metros de altura que equivale a un edificio de más de 40 pisos y ocupar un área de 10,022.50 m2, sin duda demanda de estudios técnico-ambientales demostrables y consultas serias y transparentes, ante radicales impactos tales como el sellamiento de suelos importantes para la diversidad ecológica, la construcción en zona de riesgo geológico p.ej. por la sensibilidad al desprendimiento de rocas [8]. Todo lo anterior, sin contar que la privatización del terreno donde se ubica el tanque de agua que abastece a colonias de la zona representa una amenaza a la sostenibilidad de la casa común que es nuestra ciudad de Monterrey y su área metropolitana. El proyecto nos remite a la “cultura del descarte” criticada abiertamente en la encíclica papal, en este caso el descarte de determinadas culturas y formas de ecología humana en pro de proyectos que amenazan la sostenibilidad de nuestra casa común. Desde nuestra perspectiva, su realización representa una clara indiferencia ante el grito de los vulnerables y los pobres, a pesar de haber manifestado clara e insistentemente sus voces [9], y el privilegio de los intereses privados de poderosas élites.

Desde esta percepción teórica y empírica, se equivocan quienes en las magnas obras y megaproyectos ven necesariamente signos de progreso económico y social, de modernización, de embellecimiento o armonización, pues, por el contrario, muchas de las que hoy se emprenden forman parte de la avasalladora reproducción de un orden económico que se apoya en el sufrimiento de muchos cuya vida es marginada, silenciada, menospreciada y estigmatizada. Esos muchos son las poblaciones cuya voz no se escucha, cuyas viviendas y poblados son arrasados, cuyos lazos sociales (familia, colonia, comunidad) son destrozados y aplastados por una mole de concreto.

La cultura de encasillar al desposeído  en las categorías de “marginados” y “pobres”, entre otras, es una reminiscencia del “colonialismo interno” estudiado por González Casanova[10] y son formas de estigmatización a las cuales estas personas se deben enfrentar en el día a día. La ciudad, la sociedad, cotidianamente impone obstáculos para el bienestar, la armonía y la felicidad de los habitantes de estos sectores. Su historia es una de lucha constante, de enfrentarse y subsistir ante la adversidad. Los estigmas, los prejuicios, las categorías provenientes desde la comodidad, lejos de escuchar las voces de estos hermanos, las ignoran o las silencian. La violencia, la inseguridad, la marginación, lejos de ser resultado de carencias intrínsecas a la población local, son el resultado de la ausencia de diálogo, de la falta de disposición para escucharles, de negar su derecho a construir su vida digna. Pretender “ayudarles” es negar una vez más su capacidad de autogestión y transformación colectiva. Pretender modernizar su entorno desde afuera, desconociendo sus modos de vida, no es más que someterles a nuevas formas de subordinación inscritas en las lógicas extractivistas del capital que inciden en un intercambio desigual. Como ha sido dicho por Silvia Rivera Cusicanqui: “En el trasfondo de un proceso de modernización -económica, estética, urbanística- la sociedad vive una regresión”, puesto que los sectores que encarnan aquello que se pretende transformar “no consiguen desmontar los mecanismos que conducen a la reactivación del yugo colonial[11] y ese futuro que se les anuncia promisorio termina resultando en el pesado lastre que a sus espaldas tienen que cargar.

Un proyecto para la ciudad, desconocido por la misma

Tanto porque lleva aparejados otros proyectos cuestionados por la ciudadanía y colegios de profesionistas, como los que se detallan en el punto anterior, como por la clara oposición de vecinos que ya están siendo afectados por quienes promueven la interconexión, es inexcusable no demandar como ciudadanos que las diferentes instancias de gobierno actúen con transparencia y con apego a los principios constitucionales de velar por el interés público por encima del interés económico privado.

Resulta preocupante que ante una iniciativa católica-empresarial, es decir, religiosa y privada, el gobierno constitucional del Estado de Nuevo León, declare abiertamente su participación, como lo declaró el entonces gobernador interino Manuel González:

“En el proyecto de la cruz nosotros somos facilitadores, nos estamos sumando a la idea de varias instituciones y de mucha gente. El Gobierno de Jaime Rodríguez y el mío nos hemos dedicado a propiciar las condiciones para el desarrollo de proyectos” (Aquí la nota).

Más aun, el gobierno que debiera ser garante del derecho a la libertad de cultos, desincorporó y donó al Fideicomiso privado “Cruz de Monterrey”, un gran terreno en la Loma Larga donde se encuentra el tanque de agua que provee de ese servicio a la colonia Independencia (ver Periódico Oficial del Estado de Nuevo León, del 21 de mayo de 2018, pp. 14-16)

Ante hechos como el anterior, no es posible dejar de recordar las críticas y mofas de que fue objeto la entonces alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes, cuando hizo “entrega simbólica de la ciudad a Jesucristo para promover la paz” en un evento público de grupos religiosos cristianos. El hecho fue cubierto por toda la prensa local y nacional (p.e. en El Excélsior).

Una consulta parcial no asegura el consenso

 El proyecto Memorial de la Misericordia sigue siendo escasa y vagamente conocido no sólo por los habitantes de Monterrey, incluso por quienes viven en los alrededores del lugar donde se pretende construir. Es decir, la población en extenso que se plantea como la directamente beneficiada, no ha sido informada, menos consultada seriamente al respecto.

La ausencia de este interés por informar y consensuar socialmente por parte de los promotores del Memorial,  lamentablemente se confirma  al revisar el portal del proyecto. En él quedan en calidad de enunciados y afirmaciones contundentes: la realización de consultas sobre la cruz y el centro comunitario; estudio de mecánica de suelos y topografías.

El acceso que tuvimos al resumen (no al cuestionario completo)  y resultados de la encuesta aplicada por la empresa mencionada en el portal, evidencia serios problemas metodológicos  que pondría en entredicho la validez de los resultados obtenidos. En síntesis:

  1. El sesgo que conlleva el que el instrumento sea diseñado y promovido entre la población objeto por el mismo sujeto de interés, en este caso el arzobispado de Monterrey.
  2. No menor que el anterior es el sesgo en cuanto a la técnica metodológica. Sabemos que un encuestador no puede informar a la persona encuestada sobre lo que está preguntando y tomar luego para su análisis esa respuesta como válida. [12]
  3. No obstante el contundente 99.2% de aceptación, la misma empresa de investigación observa que 53.2% de los encuestados desconocían el proyecto.
  4. Y de los que dijeron conocer o haber escuchado el proyecto, dice la empresa: existe un alto desconocimiento del plan, refiriéndose en mayor medida a “una cruz que se va a hacer”.

Y del porcentaje que declaró no estar de acuerdo, un insignificante 0.8%, sus respuestas ¿no son un llamado a la reflexión?:

-“No hay igualdad para actividades de otras religiones”: ¿No debiera ser un llamado al ecumenismo e incluso al “diálogo entre las religiones” que plantea H. Küng?[13]

– “Prefiero que hagan un hospital”: Con todo el simbolismo que pueda tener una cruz para la feligresía cristiana/católica ¿puede una cruz monumental representar más misericordia que un hospital para una población carente de tanto?

– “Van a debilitar el cerro”: la población que allí vive ama el magnífico cerro que les da morada lo sienten y lo conocen mejor que muchos técnicos o ingenieros.

– “Está dedicado a una persona regia y no al creador”: simplemente refleja el grado de desinformación que tiene la población encuestada.

Sería altamente deseable que el arzobispado no sólo escuchara a estas humildes cuatro voces, sino que sirvieran de eco de la manifiesta preocupación y cuestionamiento a la obra que han externado otras voces de las colonias afectadas como de habitantes de esta ciudad como las asociaciones profesionales y académicas aquí mencionadas.

Monseñor Cabrera, a través de los argumentos aquí vertidos, nos permitimos llamarle a la reconsideración de esta obra tal como está planteada. Cuidemos nuestro planeta como nuestra casa común. En Monterrey ya hemos sufrido y seguimos sufriendo de un deterioro social, ambiental, integral. Sabemos que esto llegará a sus oídos pues la experiencia por usted vivida en el caso de la edificación del Cristo de Chiapas [14] nos hermana en la preocupación y consecución de mejores y nuevos modos de concebir lo que hasta ahora hemos llamado desarrollo.

Finalmente, acompañamos esta carta con varias publicaciones propias y de otros colegas (lista en anexo) que son resultado de nuestras investigaciones como estudiosos de la cultura, la economía y la historia de esta ciudad. En particular, le entregamos aquellas dedicadas a la colonia Independencia y al centro de Monterrey. Nuestro trabajo es fruto del interés genuino por una sociedad mejor. Con ese mismo ánimo redactamos los argumentos que aquí expusimos.

Reciba nuestras más sinceras y respetuosas consideraciones.

En representación del colectivo “Académicxs de Monterrey43” hacemos entrega

Dr. Efrén Sandoval Hernández
Dra. Lylia Palacios Hernández
Dr. José Juan Olvera Gudiño
Dra. Libertad Chavez-Rodriguez
Dra. Séverine Durin
Mtro. Meynardo Vázquez Esquivel

rsz_carta_recibida_arzobispo
Carta con firma de recibido del Vicario General de la Arquidiósesis de Monterrey Pbro. José Francisco Gómez Hinojosa

[1] Proyecto integrado por una cruz monumental en la cima de la Loma Larga, un centro comunitario en terreno aledaño y la misión “Caminando con María” enfocada en las colonias de la  parte alta de la Loma Larga, desde el cerro de La Campana al oriente hasta el barrio de la Santa Cruz al poniente. Fuente: http://www.memorialdemisericordia.org/

[2] Parte de esta riqueza cultural que se expresa en distintos ámbitos tratamos de sintetizarla en el libro Colores y ecos de la Colonia Independencia, Camilo Contreras (coord.). Monterrey: El Colegio de la Frontera Norte y Municipio de Monterrey, 2010.

[3] Una reflexión al respecto se puede ver en el texto de Lylia Palacios, “La Segunda Reingeniería de Monterrey”.

[4] Ver texto de Efrén Sandoval en Vozes43: “Acumulación por desposesión”.

[5] A manera de ejemplos: los propietarios del Grupo Alfa, desde hace algunos años dueños de la Universidad Regiomontana, han creado el “Grupo Topaz” orientado al desarrollo inmobiliario con el proyecto “Distrito Alameda”; Femsa desde el Tec de Monterrey es uno de los grupos promotores del “Distrito Tec”, y Cemex contrata a ONG para emprender “proyectos comunitarios” en barrios desde La Campana hasta la Independencia, orientados a disminuir el conflicto social que pueda suceder al momento de avanzar los proyectos de interconexión y desarrollo inmobiliario a lo largo de la Loma.

[6] El proyecto es un segundo intento, en el mismo lugar del frustrado monumento conocido hace 19 años como “Cruz y Luz” impulsado por empresarios y por el gobierno de Fernando Canales, con una participación arzobispal menos protagónica que la actual (entre otras notas: https://abcnoticias.mx/no-hubo-cruz-ni-luz/9720 ).

[7] Laudato Sí! Ver texto completo. Al respecto el teólogo Leonardo Boff comparte una espléndida síntesis y reflexión sobre esta Encíclica: “La Carta Magna de la ecología integral: grito de la Tierra-grito de los pobres”.

[8] Hecho que se señala tanto en el Atlas Nacional de Riesgos publicado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres, CENAPRED, como en el Atlas de Riesgo del Municipio de Monterrey publicado por la Dirección Municipal de Protección Civil y actualizado en 2015.

[9] Sobre este mismo problema y aludiendo a dicha Encíclica, la Junta de Vecinos en Resistencia Independencia, Tanques-América publicaron la carta entregada en el Arzobispado el pasados mes de diciembre. Hasta la fecha sin respuesta.

[10] Pablo González Casanova, La democracia en México. Editorial Era, 1965. Atención capítulo  “La estructura social y política”.

[11] Rivera Cusicanqui, S., Un mundo ch’ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis, Buenos Aires: Tinta Limón, 2018, p. 25.

[12] Becker, H., Datos, pruebas e ideas. Por qué los científicos sociales deberían tomárselos más en serio y aprender de sus errores, Buenos Aires: Siglo XXI, 2018, pp. 35 y ss.

[13] Hans Küng y el diálogo interreligioso: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones”.

[14] https://es.wikipedia.org/wiki/Cristo_de_Chiapas Proyecto que tuvo que cambiar de lugar por el rechazo social a realizarlo en una reserva ecológica e inviable ambientalmente. Monseñor Cabrera era Obispo de Tuxtla.

13 Comments

  1. Muy buen artículo. La verdad como católica me da tristeza ver cómo la iglesia se colude con empresarios y gobierno en vez de ser un contrapeso y defender los derechos humanos y la naturaleza. Para mí la verdad una cruz enorme no me significa nada no tiene razón de ser pero a muchos católicos les han vendido la idea que la cruz derramará muchas bendiciones a la ciudad . En fin que tristeza que digan tantas mentiras y publiquen información engañosa dizque para convercer del proyecto.
    Yo espero que esto se pueda detener, tengo entendido ya hay amparos y demandas contra el proyecto.
    Saludos

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    1. Laura, gracias por tu comentario. Nuestra intención precisamente fue ofrecer algo de información en este mar de desinformación, tan habitual en quienes toman decisiones unilaterales que afectan a la ciudad y a sus habitantes. Ojalá logremos hacer mayor presión ciudadana. Saludos.

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  2. Ustedes Han caminando por todas las calles y callejones de las colonias mencionadas? Porque yo si ahí abunda el graffiti, basura, pandillas y muchos problemas sociales. Tal ves para no desplazar a las familias les deben destinar algún espacio ahí para no desalojarlos. Si se requiere URBANIZAR y si el problema es la cruz pues hay que concensar entre la población. Ecológicamente se gastará menos gasolina haciendo una vía de directa de San Pedro a Mty, hay que plantar más árboles y menos basura tirada en esas calles no tienen drenaje pluvial no paasan camiones recolectores de basura, hay mucho desorden. Un hospital sería grandioso es urgente pero este no es el medio para solicitarlo. Soy ama de casa y es mi humilde opinión. Gracias

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    1. Buenas tardes Gabriela, gracias por compartirnos su opinión. Sí hemos caminado las calles de la vasta colonia Independencia, no desconocemos la situación social que Ud describe y justamente por eso cuestionamos que se pretenda invertir millones de pesos en un monumento cuando, como Ud lo señala, sería más benéfico un hospital, o una clínica, un centro cultural, etc. Y lo que sí puede hacer y debería ser inmediato por parte del municipio, es justo lo que Ud señala: que se mejoren los servicios públicos como la recolección de basura, mejor iluminación, mejores calles, ciclovías de terracería, allí en esas colonias y en todas las colonias del área metropolitana que comparten las mismas carencias que los de la Independencia. ¿por qué desalojarlos? ¿Para que se construyan vialidades que van a arrasar con la enorme y extendida vegetación que cuidan o plantan los habitantes de la loma? ¿para que pasen más vehículos cuando en muchas partes del mundo ahora se invierte en mejores sistemas de transporte colectivo? Con la seguridad de que en el fondo coincidimos en una misma preocupación social, nuevamente le agradecemos su tiempo y reflexión que nos compartió al escribirnos. Saludos!

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    1. Pues ya se unió José Benito, gracias por su solidaridad. Por parte de este colectivo esperamos que el Arzobispado de Monterrey decida expresar la misericordia de formas distintas y no con una cruz monumental. Por ahora nos toca esperar.

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  3. Considero que los valores cristianos se materializan en la preocupación por los otros, en el interés por escuchar a los otros y en compartir el deseo de solucionar sus más apremiantes problemas, pero sin imposiciones externas y sin manosear símbolos. Monterrey y la zona metropolitana sufren problemas graves y los señores empresarios podrían canalizar su contribución económica a la solución de estos preocupantes desafíos: la inseguridad, la contaminación ambiental, la movilidad, entre otros. Aparte está el respeto a la diversidad religiosa y la no implicación del Estado en estas cuestiones.
    Considero que lo fundamental del cristianismo es el amor al prójimo, que implica un profundo respeto a su dignidad y a sus derechos como ser humano y esto, no tiene que ver con símbolos materiales necesariamente.
    La ciudad es una entidad viviente, en movimiento, en constante lucha no sólo por sobrevivir sino por ser y, desde este punto de vista, no es ajena a los intereses de los pocos por sobre los intereses de los muchos. Un buen cristiano se define por los hechos solidarios hacia los sin voz, y nunca por los rituales o por los símbolos materiales, por más respetables que estos sean. Los dirigentes católicos no deben perder de vista la historia del hermano Francisco, pero, sobre todo, la historia del mismo Jesucristo. Los empresarios tampoco deben olvidar la historia de aquellos que pensaron que comprando indulgencias ganarían el cielo.

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  4. Cuando digan en la televisión que esa explanada va a servir para que las peregrinaciones no anden en las principales avenidas, todos lo aceptarán.
    Soy vecina de la colonia y detesto como exaltan muchas cosas como el mercado ambulante, la feria que ya había semi desaparecido y que el PRI volvió a regresar, y toda la parte de arriba que ya ni Independencia es.
    Ni modo. Así como se hizo el túnel de la loma larga, tarde o temprano se hará el distrito independencia.
    Y sí, hubieron muchas quejas en su momento; ¿Ya quien se acuerda?

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    1. Vecina de la colonia Independencia, tiene usted razón, si nuestra capacidad de respuesta y de organización social, comunitaria, barrial, etc., es tan pobre que sólo nos quedamos en las quejas, sin duda, la mayoría de las colonias populares en la Loma Larga pasarán en algunos años a ser historia olvidada. Le agradecemos su opinión.

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