La “4T” y la universidad / por Eleocadio Martínez

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El acceso al poder político del país de un sector de la sociedad que había sido históricamente excluido de la toma de decisiones ha generado un entorno propicio para la construcción de alternativas políticas, económicas y sociales al proyecto de globalización neoliberal dominante. Esta tarea es posible porque desde su implementación, cuatro décadas atrás, el neoliberalismo enfrentó una gran oposición social y cultural que aún persiste y que se ha convertido en las reservas sociales, culturales y políticas con las que cuenta el país, capaces de desatar una dinámica contra-hegemónica (Gramsci, dixit).

Estas reservas sociales son muchas y de diferente índole. Provienen de un histórico y amplio movimiento social que se expresa a lo largo y ancho del país: del movimiento indígena que conformó los caracoles zapatistas, ejemplo claro de organización social contra-hegemónica. Emana de la lucha y resistencia a los procesos de privatización y desmantelamiento de la gran empresa nacional; de la lucha de los maestros para enfrentar la reforma educativa que atentaba contra los derechos laborales; de la resistencia de campesinos e indígenas al despojo de sus tierras; del movimiento de familiares de desaparecidos en el actual contexto de violencia criminal; de los movimientos estudiantiles por la gratuidad de la educación.

También, la reserva social para la construcción de alternativas proviene del gran movimiento que logró resistir y salir victorioso a los fraudes electorales: desde el atraco del salinismo a la Presidencia de la República en 1988, pasando por los fraudes electorales en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, hasta la toma del poder presidencial en el 2018 por el amplio movimiento social de izquierda encabezada por el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

La actual coyuntura política y social puede darnos una posibilidad de construir un país más justo, democrático y libertario que propicie iniciativas contra-hegemónicas.  Hasta el momento, si no ocurre un movimiento golpista o un retorno del PRI por cualquier vía, nada indica que las cosas no se darán en este sentido si atendemos las recientes experiencias de los gobiernos de izquierda en Sudamérica: en el 2003, con la llegada al poder de la izquierda peronista, se redefinió lo político en Argentina. Fue en ese contexto de redefinición de la democracia que los trabajadores argentinos inventaron la “fábrica recuperada” (Gracia, 2011).

Con la llegada a la presidencia de MORENA, con orígenes en el 68 mexicano y con una base social y electoral amplia a lo largo y ancho del país, bien que mal se nos ha presentado una orientación en materia de desigualdad social, democracia,  lucha contra la corrupción y la búsqueda de la paz social: en las primeras semanas de gobierno, Andrés Manuel López Obrador se distanció de un sector de empresarios que controlaron el poder político y que fueron el soporte de la política neoliberal en los últimos 30 años. Se cuestionó la política energética anti-nacionalista seguida por los gobiernos neoliberales. Se delinearon compromisos con la justicia que se sintetizan en la búsqueda de la verdad en el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Se formularon propósitos democratizadores de la vida sindical con la ratificación por el senado del convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El golpe de optimismo del primero de julio de 2018 podrá ser la llave para lograr un cambio de rumbo económico y político del país, para establecer una nueva relación entre Estado, sociedad y mercados, para modificar las estrategias de gobierno y las políticas públicas. Sin embargo no será fácil. Mucho se tendrá que hacer para evitar que este éxito electoral se convierta en el regreso del PRI y, por el contrario, se abra una etapa de empoderamiento de los mexicanos de abajo, para enfrentar con nuevas estrategias sus problemas (Zermeño, 2018).

En las universidades públicas la tarea es monumental. También se trata de sacar al PRI. Destruir el verticalismo antidemocrático en la toma de decisiones universitarias: como es la elección del rector y directores de preparatorias y facultades. Decisión que es tomada por grupos cerrados a espaldas de los maestros, alumnos y trabajadores.

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Sacar el PRI de la universidad es desmantelar el poder brutal de los directores, que permite despedir de forma impune profesores y trabajadores no docentes que les son incómodos y mantienen un clima de acoso laboral a maestros en la mayoría de las preparatorias y facultades. Un poder de directores que determina el futuro de los profesores: en la promoción en el escalafón universitario, en el acceso a los estímulos económicos y asistencia a congresos, hasta en la permanencia en las dependencias.

Democratizar la universidad significa desarticular las desigualdades imperantes dentro de la comunidad de profesores. Impera una universidad en donde se ha perpetuado una casta privilegiada de maestros y funcionarios que  acapara los mayores salarios y todo tipo de privilegios académicos. Frente a una  masa vulnerable de maestros por contrato que percibe salarios paupérrimos y desligados de los beneficios que goza la casta dorada universitaria.

Se trata de reformar las reglas institucionalmente sancionadas y coercitivamente  respaldadas que especifican “quien obtiene qué” en un momento dado y dentro de los límites de la universidad (Brachet, 1996).

La estructura antidemocrática universitaria es un gran obstáculo que habrá que desmontar para sacar al PRI de la universidad. Misión bastante difícil dada la extrema fragmentación de los maestros: los de “abajo” en una permanente fuga de las escuelas en busca de ingresos que les permitan la sobrevivencia. Los de “arriba” en una permanente ausencia dada su situación de privilegios.

Ante la inexistencia de un espacio público universitario para generar una reflexión que permita sacar al PRI de la universidad, el aula de clases puede ser el espacio en el que profesores y estudiantes reflexionen sobre la función de la universidad en la sociedad: en donde se cuestione su actual función de formadora de cuadros para la empresa transnacional. Un espacio en el que se nos diga “qué hacer con la alimentación que tenemos, con el transporte, el deterioro ecológico, nuestra salud en manos de corporaciones, las trampas de la genética. Alcanzar y difundir un conocimiento que fortalezca la participación amplia e ilustrada de los mexicanos en el futuro de la nación, esa es la deuda que hoy tiene con la sociedad con la universidad pública ayer colonizada por la lógica de la ganancia. La reflexión sobre la transformación de la universidad ya no puede dejar tocar este punto: la recuperación de la autonomía respecto de empresas y gobiernos para así pensar el futuro de manera independiente y comunitaria” (Aboites, 2019).

7 de enero de 2019

Bibliografía

Aboites, Hugo (5 de enero de 2019), Rebelión, Universidad y empresa. La Jornada.

Brachet-Márquez, Viviane, El Pacto de Dominación: Estado, clase y reforma social en México (1910-1995). México.  El Colegio de México, 1994.

Gracia, Amalia (2011), Fábricas de resistencia y recuperación social. Experiencias de autogestión del trabajo y la producción en Argentina. México, El Colegio de México.

Zermeño, Sergio (2018), Ensayos amargos sobre mi país: del 68 al nuevo régimen, cincuenta años de ilusiones. México. Siglo XXI editores.

*Imágenes tomadas de Internet

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