El 2 de octubre en Monterrey… de 1934 /por Meynardo Vázquez Esquivel

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Dos momentos distantes. 2 de octubre de 1934 y 2 de octubre de 1968, treinta y cuatro años uno de otro. A pesar de la distancia cronológica y geográfica también en circunstancias políticas distintas los dos acontecimientos históricos tienen como protagonista al mismo sujeto social: los estudiantes. En este escrito abordare grosso modo los sucesos de 1934; la reflexión y los saldos del movimiento estudiantil universitario del 2 de octubre de 1968 lo dejo a mis colegas que iniciaron hace meses la lectura en archivos y entrevistas que conducen a una nueva  reflexión y  han adelantado presentaciones preliminares en congresos; no dudo estaremos leyendo en breve, sus conclusiones en este mismo espacio.

Como sabemos la Universidad de Nuevo León se fundó en 1933, iniciando cursos en septiembre de ese año. Su primer Rector el Licenciado Héctor González fue designado por el Consejo Universitario el 21 de diciembre. Ocho meses después el 16 de agosto de 1934, el flamante  gobernador sustituto Lic. Pablo Quiroga  (para la anécdota,  abuelo materno del tristemente célebre Maderito)  condicionaba a los integrantes del Consejo Universitario  para solicitar la renuncia al Lic. Héctor González y designar  al Dr. Ángel Martínez Villarreal, Rector de la Universidad  de Nuevo León e iniciar así la transición hacia la universidad socialista.

El gobernador Pablo Quiroga precipitaba la decisión de fundar la universidad socialista, para estar en sintonía  con el jefe de la clase política nacional el general Plutarco Elías Calles, quien poniendo el cascabel al gato, anunciaba por todos los medios desde Guadalajara y en plena  campaña del general Lázaro Cárdenas a la presidencia,  la reforma constitucional al artículo 3º y establecer la “educación socialista”.

El mismo  16 de agosto de 1934, Martínez Villarreal rindió protesta como Rector y por si hubiera duda de quien  decidió  su nombramiento, sus palabras iniciales son de agradecimiento al gobernador: “Una vez rendida mi protesta como Rector de la Universidad de Nuevo León, altamente reconocido por la distinción y el honor que para mí supone la confianza dispensada por el Ejecutivo del Estado (…)”. Ojo no por los universitarios, y sí, en segundo término agradecería al consejo universitario; y a los estudiantes que se expresaban a través de la Federación de Estudiantes Universitarios les dijo: “Los fenómenos de rebeldía de los núcleos estudiantiles no serán vistos por la Superioridad con gesto agrio siempre que alguna vez sean determinados por causa justa, a la que se prestara atención y estudio, y mientras ésta se verifique dentro de toda discreción y orden y con tendencia al mejoramiento progresivo de nuestra  Universidad.”

La promesa del rector a los estudiantes de no al gesto agrio, se acabaría el 13 de septiembre. Ese día el gobernador, el alcalde de la ciudad y el nuevo rector se dieron cita en el Teatro Independencia para el festival e inauguración de los  cursos universitarios 1934-1935. El evento con lleno completo se vio alterado cuando la policía intentaba impedir el paso a los dirigentes estudiantiles, gritos, forcejeos y golpes contra los líderes de los estudiantes que se enfrentaron a golpes en el vestíbulo del teatro contra los gendarmes. Voz en cuello adentro se pedía el retiro de la policía, y se hacía  burla cuestionando la nueva orientación  de la universidad y  exigían la renuncia del Rector.

Raúl Rangel Frías recuerda ese día así: “…en galería repleta de muchachos y muchachas se impusieron a gritar para que se me oyese…Fue una denuncia una protesta, un alegato por la verdadera Universidad y por los fueros de una Revolución  en ciernes y otra vez traicionada al igual que la educación y la verdad. Se hizo un alboroto fenomenal que obligó a suspender el festival, la oratoria y los cursos por inaugurar. El Consejo (Universitario) expulsó de la universidad a los dirigentes estudiantiles y estos actos dieron motivo a una Huelga General…”

En efecto el Consejo Universitario se reunió ese mismo día y decidió la expulsión de César Ortiz, Roberto Treviño, Fidel Garza, Francisco Plancarte, Ricardo Ramírez, Enrique Westrup, Josué Westrup, Fidencio de la Fuente, Filiberto de la Garza, Óscar Alvarado, Carlos Garza Elizondo y Miguel Rosani, “por estar plenamente justificada su actitud como promotores causantes de los desórdenes”. El Rector declaró: “La universidad (…) no va a interrumpir su marcha (…) a pesar de estos lamentables escollos tendrá abiertas sus puertas el próximo lunes (…) los descontentos (…) sin saberlo quizá,  están siendo respaldados por los eternos enemigos de toda marcha progresiva y ascendente de la nación”. Desde las altas autoridades universitarias y del gobierno se corría el rumor de que el movimiento estudiantil era dirigido por el clero y la reacción de Monterrey.

La decisión del Consejo Universitario enardeció al movimiento estudiantil, quienes a través de su Federación de Estudiantes decidieron ir a la huelga general hasta lograr la incorporación de los expulsados.

El 15 de septiembre el comité de huelga integrado por César Ortiz, Roberto Treviño, Otilia Villarreal, Gilberto Vázquez, José Lambretón, Manuel Valdés, José Maiz Jr., Carlos Curiel, y Eloy Villarreal  exponían a las autoridades un pliego de peticiones donde destacan:

El reingreso de los estudiantes  expulsados. La renuncia del Dr. Ángel Martínez Villarreal, por violar el artículo 14 de la Ley Orgánica.  Autonomía Universitaria. Libertad de cátedra. Subsidio anual para la universidad. Paridad en el consejo universitario. Modificación de las juntas directivas. Modificación de los procedimientos para nombrar al Rector. Reposición  en sus puestos de los catedráticos  que han sido obligados a presentar su renuncia. Creación de la Facultad de Filosofía y Letras, y el retiro de la policía de las instalaciones universitarias.

No es difícil suponer donde abrevaba la dirigencia estudiantil, sí reciente se encontraba el movimiento por la Autonomía de la Universidad Nacional y reciente aún estaban los reflejos del movimiento de reforma universitaria y autogobierno en  Córdoba, Argentina, desde ese movimiento se volvió común hablar de libertad de cátedra, paridad en el gobierno universitario y de la vinculación de la universidad con la sociedad, lo que se traduciría en extensión de los servicios universitarios y el servicio social entre otras cosas. En el ambiente latinoamericano se respiraba  un aire de reforma universitaria.

Sin dejar de considerar la interlocución estudiantil de las distintas universidades con los estudiantes norteños, valga al respecto referir lo que el periódico El Porvenir anunciaba en su primera plana del 13 de septiembre de 1921. Ese día consigna la presencia en esta ciudad de Monterrey,  del joven don Daniel Cossío Villegas. Presidente de la Federación Estudiantil  de México y profesor interino de sociología  en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, su propósito –dice la nota- era hacer una invitación especial a los estudiantes de Nuevo León al segundo congreso de estudiantes a celebrarse el día último de ese mes en Puebla.

Volviendo a la primera huelga general que vivía  la Universidad de Nuevo León diremos que el movimiento estudiantil contó con el apoyo inmediato de los sindicatos de la Cámara del Trabajo Unitaria de Monterrey,  del Comité Campesino del Estado de Nuevo León y de la Confederación Nacional de Estudiantes.

Respecto al pliego de peticiones de los estudiantes,  las autoridades Universitarias y gubernamentales guardaban silencio, ante ello las brigadas estudiantiles recorrieron los sindicatos obreros  logrando el apoyo de la Sección 19 del Sindicato Ferrocarrilero.

El 24 de septiembre celebraron los huelguistas un tumultuoso mitin en la plaza del Colegio Civil, los sindicatos obreros hicieron  acto de presencia, también los padres de familia y público en general, los oradores aparecieron en el balcón central del Colegio Civil en medio de aplausos gritos y consignas, allí se anunció la adhesión de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Medicina al movimiento de huelga, el movimiento estudiantil  continuaba en ascenso.

El 26 de septiembre los estudiantes toman El Colegio Civil, sede de la Universidad de Nuevo León. Un grupo aproximado de ciento cincuenta personas entre estudiantes y sindicalistas se atrincheran en el edificio, remachan puertas y ventanas, el movimiento universitario está en el cenit.

Coincidencia o no, ese día llega a la ciudad de Monterrey, rumbo al Mante, Tamaulipas el presidente electo Lázaro Cárdenas, donde se reunirá con el general Plutarco Elías Calles. El Porvenir publica que Cárdenas tuvo reunión con el gobernador y el rector en casa del jefe de la zona militar Juan Andrew Almazán. También ese  día la Cámara de Diputados en la ciudad de México aprobaba el proyecto de reformas el artículo tercero constitucional  estableciendo la “educación socialista” y  ¡no incluyendo en esa normativa a las universidades!

Acto siguiente el 28 de septiembre de 1934, el gobernador Pablo Quiroga envía una iniciativa al congreso del estado solicitando la derogación de la Ley Orgánica del 31 de mayo de 1933, que daba vida a la Universidad de Nuevo León, acatando la iniciativa del gobernador, el Congreso del Estado formaliza el fin de la Universidad.

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Con este nuevo escenario los dirigentes estudiantiles desalojan el recinto universitario y dicen a la prensa: “Queremos una Universidad Autónoma(…) nos llevamos nuestras bandera, que es símbolo de dignidad y de la idea de la universidad autónoma.”

El ejército retoma el día 29  las instalaciones universitarias y el gobernador se justifica: “las organizaciones capitalistas y clericales (…) han provocado una  agitación trastornadora del orden público (…). Dichos conservadores, en extraña alianza con elementos comunistas que están siempre al acecho de una oportunidad de violencia, han logrado la paralización de algunos planteles escolares, desconociendo a las autoridades (…) y algunos jóvenes estimulados por líderes comunistas se han posesionado de recintos oficiales. (…) El movimiento de oposición es sólo un pretexto para combatir la obra integral de la Revolución”.

El 30 de septiembre el comité de huelga se reunió en el local de los ferrocarrileros para planear una marcha muda el 2 de octubre, para participar en esa actividad llegaron  los estudiantes representantes de la Federación Nacional de la Ciudad de México José Alvarado Santos  y Enrique Ramírez y Ramírez.

El martes 2 de octubre la cita fue frente al edificio de la  Unión de Ferrocarrileros, en la Calzada Madero. A las  ocho de la noche el contingente integrado por estudiantes, obreros, padres de familia, y pueblo en general partió de la Calzada Madero, todos marchaban en silencio, algunos llevaban antorchas encendidas, de allí se desplazaron al oriente hasta Zaragoza, después hacia Cinco de Mayo al Poniente hasta llegar a la Plaza de Colegio Civil, la manifestación llenó la Plaza y un orador estudiantil hizo uso de la palabra después habló un representante de los obreros, cuando se oyeron disparos de armas, desde vehículos que circulaban rodeando la plaza se disparaba a diestra y siniestra, el saldo trágico fue de más de treinta heridos y dos jóvenes muertos Benjamín Ibarra y Modesto López. Los elementos del  ejército que custodiaban el edificio del Colegio Civil, denunciaron los estudiantes, no hicieron nada por detener o repeler la agresión. Las autoridades gubernamentales prohibieron las manifestaciones para evitar nuevos atentados, y se dedicaron a hostilizar a los estudiantes integrantes del Comité de Huelga y pretendieron encarcelar a los estudiantes José Alvarado y Enrique Ramírez.

Los historiadores de mi generación recientemente han escrito y publicado  sobre estos hechos. Las generaciones anteriores decidieron guardar silencio, los que colocaron el nombre de Ángel Martínez Villarreal en el almanaque de la izquierda han omitido este capítulo. Mención aparte merece don Tomás Mendirichaga Cueva que en 1968 publicó en Humanitas su ensayo titulado La Universidad Socialista de Nuevo León.

La Universidad de Nuevo León fue clausurada y se transformó en  Consejo de Cultura Superior, la universidad socialista nunca fue una realidad.

13 de agosto de 2018

 

Las imágenes son tomadas del libro La Universidad Socialista de Nuevo León, de Daniel Sifuentes Espinoza. El Cartel de portada, diseñado en papel ulano es obra de Tomás Okuzono, ca. 1971.

Para leer más: la ya referida obra de Daniel Sifuentes. La Universidad Socialista de Nuevo León. ed. UANL. 2013. Tomás Mendirichaga. La Universidad Socialista de Nuevo León. Anuario HUMÁNITAS no. 9. 1968. Juana Idalia Garza Cávazos. La educación socialista en Nuevo León UNAM. 2010.

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