
Detengamos nuevamente la guerra contra los pueblos indígenas de Chiapas.
Lo que tanto se estuvo denunciando, reportando, temiendo, está sucediendo. El asedio a las comunidades indígenas zapatistas, existente desde hace años, en estos días se convirtió en terror y muerte con el grave ataque a la comunidad Moisés Gandhi; seguido de la masacre que dejó siete personas asesinadas y varios heridos en un poblado de desplazados en Chenalhó.
Los grupos paramilitares son los ejecutores, las órdenes son pagadas por caciques que se vieron afectados con el levantamiento indígena encabezado por el EZLN en 1994. A este clima de violencia se sumaron en los últimos años los cárteles del crimen organizado, y la clase gobernante más ocupada en complacer al presidente en su afán de imponer su idea de progreso con obras como el Tren Maya, el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, sin importar qué quieren y necesitan las comunidades campesinas ya afectadas por la destrucción de su hábitat y el destino de terminar siendo meseros, camareras, taxistas.

Las agresiones violentas no son gratuitas. El racismo, el poder autoritario, el interés económico, tienen objetivos políticos:
“El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que ha mantenido la paz y ha desarrollado su proyecto autonómico en sus territorios y que ha tratado de evitar el choque violento con paramilitares y otras fuerzas del Estado mexicano, es hostigado, agredido y provocado constantemente. Desde el final del siglo XX, y hasta ahora, el EZLN ha optado por la lucha política por caminos civiles y pacíficos, a pesar de que sus comunidades son atacadas a balazos, sus cultivos incendiados y su ganado envenenado. A pesar de que en lugar de invertir su trabajo en la guerra, lo han hecho en levantar hospitales, escuelas y gobiernos autónomos que han beneficiado a zapatistas y no-zapatistas, los gobiernos desde Carlos Salinas hasta López Obrador han tratado de aislarlos, deslegitimarlos y exterminarlos.”
Fragmento del Pronunciamiento nacional e internacional ante la agresión a la comunidad Moisés Gandhi
La inhumana situación de los desplazados por conflictos provocados para desestabilizar la organización autónoma indígena, es en lo que desembocó el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés firmados en 1996: ni Zedillo, ni Fox, ni Calderón, ni Peña Nieto, ni López Obrador, ningún presidente ha honrado lo firmado frente a los pueblos sublevados luego de aguantar 500 años. De lo que en el sur pasa lo conocemos por la labor de denuncia y acompañamiento de organismos de derechos humanos como el Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), por el trabajo periodístico de medios libres como Chiapas Paralelo, Pie de Página, Rompeviento y otros más.
La violencia y el sufrimiento escalaron: hostigamiento constante, balaceras nocturnas, heridos, muertes, desplazamientos. Y los gobernantes, coludidos por acción u omisión, lo sabían:


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Detengamos nuevamente la guerra…así inicié. Lxs de mi edad recordarán, y lxs jóvenes habrán de saber, que el 1 de enero de 1994 un insólito ejército de cientos de indígenas mayas organizados como Ejército Zapatista de Liberación Nacional-EZLN, tomaron sorpresivamente la ciudad de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, declarándole la guerra al Estado mexicano para exigir: “trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”.
El 12 de enero, luego de enfrentamientos totalmente desiguales, la presidencia a cargo de Carlos Salinas declara el cese del fuego del ejército. La respuesta fue obligada ante la presión nacional, la ciudadanía mexicana salió a las calles a exigir detener el ataque contra la población indígena y entrar en conversaciones. Por su parte, el EZLN asume el compromiso de replegar sus armas y pasar a la lucha social y política autónoma por vías pacíficas. Y vaya que lo han cumplido.

La pedagogía de la vida contra la pedagogía del miedo
En un capitalismo decadente pero pataleando, la experiencia de los pueblos zapatistas significa una esperanza social, porque en casi 40 años de organizarse de forma autónoma, han mostrado que desde abajo y colectivamente es posible aprender a gobernarse, es posible resolver las necesidades, es posible educar para la vida, para el respeto entre diferentes, para la paz. Decidieron apostar por la vida.

En cambio, desde arriba nos llegó el miedo. En cada estado, en cada ciudad, en cada poblado de este país nos fue llegando el terror de las balaceras, de los encajuelados, descuartizados, colgados, levantados, desaparecidos, muertos… Y nos fuimos debajo de la mesa. De este miedo tan atrozmente individualizado, tan solitario, la indiferencia parece ser el mejor refugio, cerrar los ojos, voltear hacia el otro lado…
Que no gane la indiferencia. Porque conocemos el antídoto, es ser colectividad, raza, manada, compañeres, lo que gusten; que la soledad no venga más que cuando la invoquemos por puro gusto, ahora necesitamos hacer bola para, como en enero de 1994, ser capaces de detener una guerra contra los más olvidados que hoy son los más dignos.
Los pueblos zapatistas están dispuestos a defenderse a pesar de todas las desventajas y desigualdades. No los dejemos solos.
Sumémonos, se siente bonito hacer bola cuando lo hacemos conscientemente.
ACCIÓN DISLOCADA EN MONTERREY: JUNIO 8 a las 5 pm, en Morelos y Zaragoza
6 de junio de 2023
Adenda. Para lxs muy jóvenes que se preguntan qué carajos es el EZLN, o qué pasó el 1 de enero de 1994 en Chiapas, vean el magnífico documental Viaje al centro de la selva. Memorial zapatista, realizado por Epigmenio Ibarra.

Gracias querida Lylia, denunciemos y repudiemos las perversas maniobras del régimen, de los gobernantes y políticos, de las empresas para dividir y antagonizar a los pueblos y comunidades zapatistas. Desenmascaremos a los poderes hegemónicos empeñados en saquear a Nuestra Madre Tierra y a los pueblos.
No hagamos el juego a los de arriba, peleando entre nosotros los de abajo.
Eso quieren y buscan las autoridades estatales y federales, las fuerzas armadas, el crimen organizado y los empresarios.
No lo permitamos.
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Compañero José Luis, gracias. Justamente a eso le ha dedicado el sistema los mayores recursos económicos, culturales, políticos, a desarticularnos, a enfrentarnos, saben históricamente que un pueblo que se une, se convierte en una fuerza que derriba toda opresión. Abrazos!
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Precisamente del autor del documental, y de tantos otros (incluidos ex guerrilleros) que solían idolatrar a “Marcos” y al EZLN y llenarse la boca con su «indigenismo», habría que preguntarse por su silencio en torno a esa larga y dolorosa situación, y en algunos casos incluso su hostilidad. La clave, creo yo, estaría en el sentido del olfato de la conveniencia, que es el único que jamás les ha fallado.
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Y sí! la lista es más larga de lo deseable; al menos algunos de estos olfateadores han realizado cosas rescatables, como el caso de E. Ibarra.
Buen día!
LP
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Apoyo total a las comunidades ZAPATISTAS
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Muy buen texto. Lamentable la situación. Ausencia de gobiernos, indiferencia, imposición de un modelo mestizo de desarrollo.
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