Ayotzinapa y Zinn: la desobediencia como arma popular / Por Lylia Palacios

Ayotzinapa

El pasado 17 de agosto, la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia (CoVAJ) para el caso Ayotzinapa, presentó su informe. El 26 del mismo mes, el Comité de Padres y Madres de los 43, destacó en su comunicado los aspectos relevantes de dicho informe:

* En la agresión, secuestro y desaparición de los normalistas participaron autoridades municipales, policía federal y elementos pertenecientes a las fuerzas armadas. En los hechos estuvieron involucrados diversas corporaciones estatales y grupos delictivos que dirigieron la criminal represión de los estudiantes.

* La significancia de reconocer la Comisión que lo sucedido el 26 de septiembre de 2014 fue un Crimen de Estado. Por tanto, deben ser investigados y sancionados todos los implicados. Hasta ahora sólo está vinculado y preso el ex Fiscal Jesús Murillo Karam.    

* Puntualizan los familiares que en el informe de la CoVAJ, sigue sin estar claramente establecido el paradero y destino de sus hijos y sostienen que necesitan saberlo con el rigor científico que el caso exige.

«No podemos irnos a casa con indicios preliminares que no aclaran a cabalidad donde están y qué pasó con ellos. (…) La obscuridad continúa, el alba no aparece en el horizonte.»

Zinn

También en esos días, el 24 de agosto, en muchas partes se recordó a Howard Zinn, historiador y activista estadounidense por la justicia social , quien hubiera cumplido 100 años.

Zinn escribió la importante obra “La otra historia de los Estados Unidos. Desde 1492 hasta el presente.” Es otra historia porque escribió de abajo para arriba. Su guía no fue la ruta de los héroes ni los poderosos, sino de todos los pueblos y personas que han sido sus víctimas y sus oponentes. Como historiador, se negó a explicar el pasado desde el punto de vista de los gobernantes, los conquistadores, los diplomáticos y los líderes.

Tampoco idealizó ni mitificó a los pueblos, no quiso “inventar victorias para los movimientos populares.” Pero no cayó en la tendencia de sólo estudiar los descalabros de estos movimientos de resistencia, porque eso convierte “a los historiadores en colaboradores de un ciclo interminable de derrotas.” Para Zinn la historia tiene que ser “creativa”, descubriendo “esos episodios olvidados del pasado en los que, aunque sólo sea en breves pinceladas, la gente mostró una capacidad para la resistencia, para la unidad y, ocasionalmente, para la victoria.” Construir la memoria social desde abajo, pues los cambios sociales no son producto de la acción de grandes líderes, ni surgen de la noche a la mañana, “sino de las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida que llevan a esos grandes momentos.”

Activista social y académico hasta su muerte en 2010, concentró gran parte de su vida en oponerse a las guerras desatadas por las élites de su país (en su momento la de Vietnam), en estar presente en las luchas del pueblo estadounidense por derechos civiles, de resistencia obrera, contra el racismo…   

Ayotzinapa y Zinn: la desobediencia civil

Leer a Zinn, es darle la razón a los familiares de los normalistas de Ayotzinapa,  a las asociaciones de derechos humanos que les han acompañado en su camino como Tlachinollan, Centro ProDH… y de los miles de ciudadanos que desde hace 8 años nos sumamos a su exigencia: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos.”

Hacer otra historia significa evitar el error de concederle al gobierno el mérito de desmentir la farsa de “la verdad histórica”, o de atribuir a mejores prácticas gubernamentales el reconocimiento de que hubo contubernio entre gobiernos, grupos delictivos y fuerzas armadas en el crimen contra los estudiantes de la Normal rural Isidro Burgos. Aceptar de la CoVAJ que lo sucedido en Iguala fue un Crimen de Estado, no fue concesión gratuita de los actuales gobernantes, es el resultado de 8 años de no creer, de no resignarse, de “no superarlo”, y gritarlo y recordarlo cada día, cada mes, cada año. Es también consecuencia de la indomable acción de decenas de pequeños grupos de madres buscadoras, de familiares que preguntan por los miles de desaparecidos en este país: ¿dónde están?  Esas tozudas pequeñas acciones de desobediencia civil y política no son solo suma, son raíces para los cambios sociales.

La desobediencia civil, que en Estados Unidos encadenó toda una serie de movimientos populares en las décadas de 1960 y 1970, la defendió, la ejerció y discutió intensamente Howard Zinn:

«Y nuestro tema está patas arriba: la desobediencia civil. Tan pronto uno dice que el tema es la desobediencia civil, están diciendo que nuestro problema es la desobediencia civil. Ése no es nuestro problema… Nuestro problema es la obediencia civil… Nuestro problema es que la gente es obediente en todo el mundo ante la pobreza, la hambruna y la estupidez, y la guerra y la crueldad. Nuestro problema es que la gente es obediente cuando las cárceles están llenas de rateros pequeños mientras que los grandes rateros están a cargo del país. Ése es nuestro problema.»[1]

Esa actitud de obediencia la aprendemos como parte de nuestra educación familiar, sexual, escolar, laboral, política, convirtiéndose en nuestra piel social, incorporándose a nuestro ADN cultural. De allí que la historia hegemónica y todos los medios creados existan para desvanecer de la memoria subalterna las acciones desobedientes, contraculturales, antisistémicas, rebeldes ¡que el ejemplo nunca cunda!, o, cuando más, lo asimilemos como la historia de los mártires, de los perdedores o de los “peligrosos” subversivos, sean pueblos indígenas, mujeres, negros, trabajadores, estudiantes… “el establishment depende mucho de la amnesia histórica”, sostiene Zinn.

En el crimen contra los estudiantes de Ayotzinapa se han volcado más recursos materiales y humanos para su extinción como demanda social, que en la búsqueda de la verdad y la justicia. Con el mismo velo de opacidad e impunidad ocultan y atomizan todo brote de descontento o de exigencia. Sólo para recordar algunos de los que más duelen: dónde están los responsables de la guerra sucia, de las matanzas estudiantiles y campesinas; quién acompaña a los padres de la guardería ABC; cuándo pagarán los empresarios que enterraron mineros en Pasta de Conchos y en toda la zona carbonífera, los que defraudaron a los trabajadores de Mexicana de Aviación; por qué dejaron en el olvido los Acuerdos de San Andrés y cercan a las comunidades zapatistas, por qué abandonan a quienes buscan a sus miles de desaparecidos y a quienes claman justicia ante los miles de feminicidios.  

Atrás de cada uno de estos hechos, aislados a fuerza de impunidad e invisibilizados a fuerza de volvernos indiferentes, está la rebeldía y la exigencia, está la desobediencia de los de abajo; que justamente por ir contracorriente, son indicios de esa fuerza que como clases subalternas podemos tener. Que no nos unamos, que no sepamos la fuerza que tenemos, ha sido la pesadilla de todas las clases gobernantes a lo largo de la historia de lucha de clases, hasta en las sociedades más pretendidamente democráticas o transformadoras.      

Esta es la fuerza de la lucha de los familiares de los 43 de Ayotzinapa, no rendirse ante las respuestas que le da el Estado, ni ante la “verdad histórica” del gobierno de Peña Nieto, ni ante el “Crimen de Estado” del actual gobierno. Que no nos acusen de malagradecidos, ni por favor, de neoliberales, que los abrazos sin escucha, sin justicia, sin democracia real, no detienen los balazos…ni de delincuentes, ni de soldados.

Los familiares le arrebataron con su lucha una respuesta más cercana a la verdad, pero todavía falta lo que falta, como concluye el comunicado de las madres y los padres de los 43:  

«Por nuestra parte seguiremos con la exigencia de presentación con vida de los 43. No podemos claudicar en la lucha hasta no tener prueba plena que indique su paradero. Será doloroso para nuestras familias saber de su destino, sobre todo si es sin vida, pero si nos dan prueba objetiva, científica e indubitable, nos iremos a casa a llorarles y vivir nuestro duelo. A la fecha estas pruebas no las tenemos, por lo tanto, nuestra exigencia y lucha siguen.»

El camino hacia la verdad y la justicia es tan escabroso como lo es el sistema legal de este país, con jueces que liberan implicados a diestra y siniestra, ministeriales que torturan para sacar confesiones, filtración de información desde la fiscalía y lo que se acumula.

A nosotros nos encontrarán gritando con los familiares: ¡Hasta que haya verdad! ¡Hasta que haya justicia!

26 de septiembre de 2022

** Fuente de la foto de portada: Ayotzinapa: 8 años de lucha y ausencias


[1] Discurso en un foro en Baltimore en 1970, al cual decidió asistir faltando al citatorio de un juez para ser sentenciado por un acto de desobediencia civil contra la guerra. Al regresar a Boston a dar su clase en la universidad, fue arrestado.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s