Contra la desmemoria, a seis años de Ayotzinapa / por Luz Verónica Gallegos Cantú

Carta a mis estudiantes

A seis años de lo sucedido, el caso de la desaparición de los estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” continúa siendo un tema de desconcierto, tanto por la posición del Estado mexicano con relación a la (in)voluntad de hablar claramente sobre el tema, como por el contexto en el que se llevaron a cabo los hechos. Que eso haya ocurrido en el estado de Guerrero (con históricos movimientos sociales), que los jóvenes se dirigieran a una manifestación (conmemoración de la matanza de Tlatelolco), y que se tratara de estudiantes de una Escuela Normal Rural (currículum vinculado con el bien común), entre otras cosas, fueron aspectos que, en algún momento, pusieron a la opinión pública en un serio ejercicio de reflexión con relación a si se merecían o no cualquier cosa que les hubiera pasado, desde haber sido perseguidos y torturados, hasta que hayan sido víctimas de desaparición forzada o calcinados en un basurero. Los medios de comunicación masiva fueron particularmente perversos en el manejo de la (des)información y elaboración de juicios que confundieron a una parte de la población.

Hoy rememoro los hechos a seis años de distancia y comparto estas reflexiones pensando especialmente en mis estudiantes. He escrito una carta porque, en medio de tantas plataformas virtuales y recursos digitales, me resulta esperanzador retomar la narración libre para dirigirme de la manera más afectuosa posible a quienes pienso mientras escribo, aunque también a quien desee continuar leyendo.

Queridas y queridos estudiantes,

Este año, debido a las condiciones en las que estamos trabajando (cursos en línea) me será imposible realizar una actividad que había venido haciendo desde 2017 en el espacio áulico: ver, junto con ustedes, un video que da cuenta de lo que se puede lograr cuando trabajamos colaborativamente. Personas especialistas en diversas áreas del conocimiento unieron esfuerzos y saberes con un fin: tratar de entender lo que sucedió aquella madrugada en la que no se supo más de 43 normalistas que fueron víctimas de desaparición forzada en el Sur de México[1]. Como fuentes de información, estos profesionistas tomaron declaraciones de testigos, así como hallazgos de investigación de quienes se vincularon con la defensa de las víctimas desde diversas organizaciones, y las narraciones de familiares de los jóvenes estudiantes.

Se preguntarán por qué no simplemente dejo una tarea y abro un foro con preguntas que podrían responder después de haber visto el video, o hacemos una reunión en la que platiquemos al respecto. La respuesta es simple: para ver ese tipo de documentos es necesario estar en un ambiente en el que la reflexión y la libre expresión se generen a partir de miradas que también sirvan de contención a la confusión que puede causar que, quienes deberían cuidarnos, hayan sido “perpetradores u observadores” de la violencia, como queda claro en esa reconstrucción de los hechos. Como profesora, en el salón de clase asumo la responsabilidad de provocar y mantener un ambiente en donde me hago cargo de orientar y reorientar su atención a un punto particular: el cuestionamiento; lo que me es posible a través de gestos y miradas, y de movimientos y palabras que busco en función con lo que observo e interpreto a partir de sus gestos y miradas, y de sus movimientos y palabras. En ese sentido, la pantalla (aún) es un obstáculo para la interacción.

Sin embargo, confío en que encontrarán el momento adecuado para documentarse, y que tendrán la capacidad para elaborar juicios considerando lo que ustedes mismas y mismos han experimentado en primera persona en el medio en que vivimos. Eso será un ejercicio personal, y cada quién sabrá reconocer la ocasión para ello. Deseo profundamente que cuenten con las redes de apoyo (familia, amigas, amigos, profesoras, profesores) que les permitan compartir impresiones de lo que vayan averiguando.

La mayoría de ustedes tenía menos de 15 años cuando sucedieron esos atroces hechos en Iguala, por lo que es posible que su memoria esté algo nublada con relación a lo ocurrido esa madrugada, es por eso que hoy les escribo: para evitar la amnesia y reconocer lo que han vivido las familias de esos muchachos, así como las de muchas otras personas que padecen la incertidumbre y el desconocimiento del paradero de sus hijas, hijos, hermanas, hermanos, padres, madres, y parejas, casos que a veces sólo conocemos por su difusión en las redes sociales.

Entre otras cosas, el caso Ayotzinapa fue paradigmático porque nos llevó a observar con gran claridad los nexos que el Estado tiene con el crimen organizado, pero también nos permitió reconocernos sensibles y solidarios: las calles del centro de Monterrey, por primera vez en mucho tiempo, fueron escenario de la conjunción de miles de voces que, indignadas, exigían justicia. No tienen que creerme, busquen videos y periódicos, ahí comprobarán lo que ahora les digo. Además, la situación develó lo que ya sabíamos: que la sociedad civil organizada es generadora de acciones que deben ser vistas y escuchadas por quienes tienen cargos de autoridad en las instituciones de gobierno.

A seis años de la desaparición forzada de 43 estudiantes, y en medio de una contingencia sanitaria que nos mantiene en confinamiento, encontraremos la manera de hacer presente el hecho de que el problema (crimen) no ha sido resuelto. Aunque no estemos en el salón de clase, y no nos sea posible conversar cara a cara, es importante que busquemos la manera de mantener viva la memoria. De la misma manera que personas expertas en Derecho, Programación, Cartografía, Criminología, y otras profesiones implicadas en la reconstrucción de los hechos, unieron su energía para encontrar respuestas, es necesario que ustedes (y nosotras, nosotros, sus profesores) sigamos preparándonos para actuar responsablemente con relación a lo que la sociedad nos requiere: honestidad y compromiso ante la injusticia que presenciamos diariamente en un país como el nuestro.

Acción global por Ayotzinapa. Marcha en Monterrey, Nov. 2014

Sea este mensaje una invitación a pensar y pensarse, y a buscar tanto respuestas como personas con quiénes cuestionar y llevar a cabo acciones, trabajo colectivo que les mantenga en la esperanza de que la justicia es posible. Les hablo con la certeza de ello porque ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me siento acompañada por un grupo de Académic@s cuyas miradas coincidieron en 2014, a raíz de lo que les he platicado.

Con afecto,
Su profesora.

14 de septiembre de 2020


[1] “El caso de Ayotzinapa: una cartografía de la violencia”, es un video realizado por Forensic Architecture, quienes fueron comisionados para la creación de una herramienta que permitiera el análisis de lo sucedido el 26 septiembre de 2014, en colaboración con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y el Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez (Prodh). Lo pueden encontrar en: http://www.plataforma-ayotzinapa.org/

** Imágenes tomadas de Internet

*El logo de Ayotzinapa y los materiales acerca de los 6 años de búsqueda de verdad y justicia se recuperan de https://centroprodh.org.mx/ay6tzinapa/

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