Teoría de los envases perfectos: de cáscaras, botellas y recicladores urbanos / Libertad Chavez-Rodriguez

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Paseando por un conocido supermercado en Monterrey observo la omnipresencia de un nuevo producto que nos remite al comportamiento ambiental: las bolsas reusables de tela de malla para llevar frutas y verduras, en lugar de las ya clásicas bolsas de plástico transparente, de vida efímera y casi nulo reuso en las que se empacan alimentos en mercados y supermercados. Poca gente lleva las de malla, pues son caras (60 pesos por 3 bolsitas, un precio prohibitivo si consideramos el salario mínimo) y su utilidad práctica aún no está del todo comprobada entre las, en su mayoría, consumidoras.

Y acerca de esta costumbre tan arraigada de embolsar todo lo que adquirimos, sería necesario generalizar esta idea, yo le llamo Teoría de los envases perfectos, de que muchos de los alimentos que consumimos, en particular frutas y verduras, vienen en su envase perfecto y biodegradable, y no requieren ningún recubrimiento o empaque especial adicional para el traslado entre tienda y vivienda o lugar de consumo. Las cáscaras de un plátano, un limón o un aguacate… son el mejor recipiente posible para su contenido: lo contiene, lo conserva, lo protege del medio y le permite realizar su ciclo vital de crecimiento, maduración y finalmente degradación. Al parecer eso lo sabían nuestras abuelas y tías mayores, que llevaban sus redes de compra, donde todo podía mezclarse, siempre y cuando se respetaran ciertas reglas de acomodo y almacenaje en los hogares. Hasta hace algunas décadas el plástico era un bien preciado que se reusaba todas las veces posibles, quién no recuerda ese cajón de la cocina lleno de bolsas de plástico dobladas… algún vestigio queda en las cocinas actuales, pero hoy es tanto que no sabemos qué hacer con él y terminamos desechándolo.

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El plástico en sus muy diversas formas está presente en las actividades domésticas y laborales – lo que vestimos, comemos, manipulamos está compuesto por plástico o al menos (exageradamente) envuelto en él. De la misma manera y en correspondencia la mayoría de los procesos productivos industriales implican el uso de materiales plásticos, con una alta concentración en el embalaje de los productos. Como resultado tenemos montañas de basura en cañadas, ríos y lagunas que terminan contaminados, rellenos sanitarios a su máxima capacidad o sobrepasados que comparten funciones con basureros no oficiales, islas de plástico en el mar con un impacto negativo en las cadenas alimenticias  y por tanto en los alimentos humanos.

Ahora que el plástico invade nuestro entorno y que la degradación ambiental es evidente junto con los cambios en el clima, las preocupaciones sobre el comportamiento ambiental son latentes: como sociedad hemos comenzado a revisar el sentido de usar popotes, vasos desechables para café, y bolsas de plástico en nuestras compras, pero aún queda mucho por recorrer.

Existen esfuerzos a nivel individual y de los hogares para reciclar, reducir, reusar y separar la basura en diversos materiales. La realización de composta de residuos orgánicos es poco frecuente pero existen talleres y ciertos hogares deciden probarlo. También existen proyectos vecinales, comunitarios y escolares de separación de materiales valiosos para el reciclaje como PET y PEAD, tapas de plástico, aluminio, cartón, metales, y recientemente vidrio. Y, además de los servicios públicos y privados de recolección de basura, existe un contingente de héroes recicladores y recicladoras urbanas, coloquialmente denominados carretoneros y pepenadores, que aunque es informal se encuentra organizado para recoger puntualmente materiales valiosos que desechamos; principalmente aquellos con un valor de mercado bien definido como latas de aluminio y cartón, pero también madera, metales, ropa, alimentos, y todo aquello que consideran que puede aún consumirse, reutilizarse o venderse para su reciclaje.

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Esfuerzos comunitarios de reciclaje en el barrio de La Luz, edificio Carvajal. Foto: Libertad Chavez Rodriguez

Aun así existe un abismo entre la conciencia y el comportamiento ambiental, el cual ha sido bien identificado por la sociología ambiental. El sociólogo ambiental Helmut Lange, profesor del Artec Centro para la Sustentabilidad de la Universidad de Bremen, ha demostrado que este abismo solo puede superarse o al menos reducirse si los esfuerzos individuales y comunitarios encuentran una franca correspondencia de medidas de política pública a través de lo que él llama Estructuras de Oportunidad (Gelegenheitsstrukturen) que contribuyan fuertemente a establecer sistemas integrales de recolección, reciclaje y desecho de residuos urbanos e industriales. Estas Estructuras de Oportunidad consisten no solo en medidas de infraestructura gris (léase botes de basura, puntos de reciclaje en toda la ciudad, máquinas recicladoras) sino también en campañas de información y concientización, y, muy importante, incentivos económicos públicos y en cooperación con la iniciativa privada, que manden señales claras al consumidor de que es más fácil, económico y ambientalmente responsable reciclar y reusar que desechar (Lange 2000). Actualmente los esfuerzos individuales y comunitarios de reducción de basura y reciclaje se ven frecuentemente frustrados por la falta de estas estructuras, sobre todo de parte del Estado – quien por cierto también podría promoverlas es la iniciativa privada (¿Qué le costaría a HEB o Soriana regalar las bolsas de malla por cada cierta cantidad de dinero en compras?).

Si acaso se reconoce al Grupo AlEn con su programa local de educación ambiental en escuelas a nivel estatal y de recolección de PET y PEAD con 6 máquinas recolectoras en puntos centrales ha reconocido el beneficio económico del reciclaje al convertir las botellas en hojuelas de PET para su propio consumo y el de otras empresas (Grupo AlEn 2019). Otras empresas como KIA Motors han traído consigo sus propias empresas recicladoras, como su negocio Mobis Materials que se dedica exclusivamente a la recolección y reciclaje de las toneladas de embalaje plástico y de cartón de sus insumos de producción. Pues en definitiva el reciclaje de materiales es una industria establecida y rentable, que es realidad en muchos países, donde se recicla desde el PET hasta los residuos orgánicos de los hogares para producir biogas. Es increíble que en Monterrey, con el grupo Vitro y las empresas embotelladoras regiomontanas, no se haya reconocido el valor (económico, no se diga ambiental) de reciclar el vidrio que producen, considerando además la creciente escasez de arcilla como elemento disponible naturalmente en el entorno y el consecuente incremento del precio del vidrio.

En Monterrey el esfuerzo individual y comunitario de reciclar es mayor que el incentivo económico, y pocas veces se tiene la seguridad de qué pasa con lo que se recicla, a dónde van a parar esos esfuerzos. Estamos ante una individualización de la responsabilidad por el medio ambiente sin una correspondencia de medidas por parte del estado que acojan estos esfuerzos y provean de estructuras de oportunidad que lo promuevan y lo generalicen.

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Intervención de vecinos de Monterrey por el mal servicio de recolección. Foto: News Mty

Por el contrario, a nivel ciudadano la información es casi inexistente o inaccesible, la infraestructura es escasa y los incentivos son bajos en términos de tiempo y dinero. Surgen las preguntas: ¿Quién tiene idea de a partir de cuándo se prohibirán las bolsas de plástico en la ciudad? ¿Por qué no se ha considerado prohibir el uso de unicel, cuyo uso es indiscriminado en alimentos para llevar y restaurantes en general? ¿Son suficientes 6 máquinas recicladoras para una población de más de 4 millones de habitantes? ¿Quién se puede tomar el tiempo de ir al Pabellón ciudadano a recoger la tarjeta para reciclar PET?

Para cerrar esa brecha entre la preocupación y la conciencia ambiental, y lo que es nuestro verdadero comportamiento aunado a las oportunidades que nos encontramos cotidianamente para reciclar y desechar, nos queda mucho por recorrer como sociedad. Por ello es tan importante ser más activos a nivel individual, familiar, vecinal y barrial en la toma de conciencia de nuestros patrones de consumo y de desecho, de nuestra cultura del descarte y del plástico, tanto como exigir a las autoridades municipales y estatales la implementación de Estructuras de Oportunidad para lograr verdaderos sistemas integrados de gestión de residuos en el área metropolitana.

19 de agosto de 2019

** Imágenes tomadas de internet

Referencias

Grupo AlEn (2019). Grupo AlEn promoviendo la cultura del reciclaje en Nuevo Léon. Noticias. Página web. Disponible en: https://www.grupoalen.com/es/noticias/grupo-alen-promoviendo-la-cultura-del-reciclaje-nuevo-leon/

Lange, Helmut (2000). Ökologisches Handeln als sozialer Konflikt. Umwelt im Alltag. Opladen: Leske + Budrich.

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