ROSARIO / por Meynardo Vázquez

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          “Qué importa nuestra cobardía si hay en la tierra un solo hombre valiente,
qué importa la tristeza si hubo en el tiempo alguien que se dijo feliz.”

 J.L. Borges

 

El pasado martes 8 del presente, el senado de la república por unanimidad decidió otorgar a Doña Rosario Ibarra de Piedra la máxima distinción que el senado otorga;  la Medalla Belisario Domínguez: Por su incansable lucha y activismo por los presos desaparecidos y exiliados políticos.

 El 7 de octubre de 1913, el gobierno de  Victoriano Huerta mando asesinar al senador chiapaneco Belisario Domínguez, por  plantear  que  el senado  exigiera la renuncia del usurpador Huerta. En su memoria,  desde 1953, se expidió el decreto que creó la Medalla de Honor “ Belisario Domínguez” del Senado de la República, para reconocer a los hombres y mujeres mexicanos  que se hayan distinguido por su ciencia o  virtud en grado eminente , como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad. La medalla,  debe ser impuesta  en sesión solemne con la presencia de los poderes de la República.

Reconocer y otorgar la medalla a Doña Rosario, significa que los actuales poderes de la república,  reconocen  la guerra sucia y la herida  abierta por ella provocada,  las fuerzas militares del estado  ejecutaron esa guerra contra decenas, cientos  y miles de mexicanos que ante la cerrazón y represión de los gobiernos de Díaz Ordaz y Luis Echeverría optaron por la vía armada, para encaminarse a  la justicia social y abrir nuevos horizontes políticos en México; en el trayecto,  fueron víctimas de persecución, desaparición, exilio  y muerte a manos de grupos paramilitares como la Brigada Blanca, compuesta  por militares y policías de élite  al servicio del  Estado.

De la guerra sucia, a la guerra fallida de Calderón, su secuela llevó a la desaparición de los 43 normalistas de la escuela “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, y miles más. Si los poderes actuales de la república reconocen esta verdad, la decisión siguiente de estos poderes debe ser cumplir la demanda de JUSTICIA exigida  por décadas  por Las Doñas, de las que forma parte Rosario  desde 1977 con la fundación del  Comité de Pro Defensa de Presos Perseguidos y Exiliados Políticos, Eureka! La medalla debe trascender y  reflejar el reclamo de justicia, exigida no solo por  los familiares de los desaparecidos, sino por millones de mexicanos.

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De izquierda a derecha Rosario Ibarra de Piedra, Armando Gaytán Saldívar, Laura Elena Gaytán Saldívar, Elda Neváres, Meynardo Vázquez. Aula Magna de la UANL. Otoño de 1979. Foto: Carlos Piedra.

María del Rosario Ibarra de la Garza  nació en Saltillo Coahuila, el 24 de febrero de 1927. Desde  1934 su familia radicará  en Monterrey. Ese año del 34 el general Lázaro Cárdenas  en su gira hacia la presidencia de la república visita el estado de Nuevo León y realiza dos eventos de su cierre de campaña, uno en los  Herreras N.L.  y otro en la Alameda de Monterrey, donde la niña Rosario llevada por sus padres saludaría  al general  Cárdenas.

Su padre el ingeniero agrónomo Valdemar Ibarra, estudió en la escuela hermanos Escobar de Ciudad Juárez; deduzco participó en la lucha armada de la revolución mexicana, pues en  1921 preside  la XXXVIII Legislatura de Nuevo León, integrada  entre otros por: Francisco C. Reyes,  Eduardo Martínez Célis, Margarita  Martínez Leal y el Dr. Ramiro Tamez. Años después el ingeniero Valdemar Ibarra, se desempeñaría en cargos públicos relacionados con su profesión, en el departamento  de comunidades  agrarias y después en el área de obras públicas.

La casa paterna de la familia Ibarra, se encontraba  en la acera oriente de la calle Zaragoza, entre Ruperto Martínez y Aramberri.  María del Rosario, estudió la secundaria en el colegio Dolores Martínez, dirigido por su entrañable maestra María Valdés. Del mayor reconocimiento en la ciudad era el colegio de la maestra Valdés, aparte de contar con lo más granado del magisterio de Monterrey, ofrecía  una actividad cultural extracurricular notable: danza clásica, oratoria, literatura;  allí el inolvidable maestro Armando Villarreal, impulsó el canto coral. La educación física en el colegio se complementaba a través de los deportes: volibol, basquetbol, softbol, atletismo y natación.

Después de la secundaria  María del Rosario ingresaría al benemérito Colegio Civil donde cursa el bachillerato. Entusiasta como siempre participa en las jornadas literario – universitarias, que eran  transmitidas  por la radiodifusora  XEFB. Su pasión por la literatura en especial por  la poesía,  la condujo a fundar la academia de declamación Gabriela Mistral. Si su maestra María Valdés mantuvo correspondencia con el poeta Amado Nervo, la joven María del Rosario Ibarra, recibió correspondencia de la poeta Gabriela Mistral al enterarse que existía en Monterrey, México una academia con su nombre.

Al paso de los años, María del Rosario, fue Rosario Ibarra de Piedra al casar con el Dr. Jesús Piedra Rosales, humanista, liberal y maestro universitario. Establecieron su vivienda al sur de la ciudad, tuvieron cuatro hijos María del Rosario, Jesús, Claudia y Carlos. Padres que conversaban  abiertamente con sus hijos todos los temas, que pasaban revista al pulso social del terruño y del país, que recorrieron las calles de Monterrey  exigiendo justicia  por los caídos y los presos del 68. Familia amante de toda expresión cultural,  de la naturaleza y de la fauna, su casa era expresión viva de lo dicho. Por fuera  rodeada de árboles frondosos, el bambú que salía por todos lados, piñanonas, helechos, lampazos, etc. etc.

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Las Doñas de Eureka, marchando en la ciudad de México en busca de sus hijos e hijas

En 1973 Jesús Piedra Ibarra cursaba el tercer año de medicina en la universidad, leía a Esquilo escuchaba a Bach a  Vivaldi, tenía una novia y tenía veinte años. En noviembre 25 de ese año,  por la noche salió Jesús de su casa al súper en el auto de su madre. Desde ese día  jamás lo volverían a ver ni sus padres ni sus hermanos. El auto fue encontrado con cuatro impactos de bala, la policía reportó un enfrentamiento donde un policía resultó muerto. La casa de la familia Piedra Ibarra fue cateada sin ninguna orden judicial y desde entonces quedó custodiada por agentes policiacos. En marzo de 1974 el Dr. Jesús Piedra Rosales, fue levantado por judiciales quienes con amenaza de muerte lo torturaron exigiéndole el paradero de su hijo Jesús.

El día 18 de abril de 1975, la custodia de la casa de los Piedra finalizó, Rosario como toda madre, por esa señal tuvo el presentimiento de que Jesús había sido detenido; su presentimiento  se confirmó  al publicarse el 30 de abril en la prensa su detención. Éste fue el inicio de la búsqueda de su hijo, en esa lucha de casi 45 años Rosario fue acompañada primero por sindicalistas y estudiantes universitarios, con el paso de los días fue conociendo e integrando a las madres de otros jóvenes presos o desaparecidos; así  fueron sumando el contingente de Las Doñas, que entre sí aprendieron  el quehacer de la política, y entre sí adquirieron una fortaleza humana, amalgamada por el ninguneo y la indiferencia. Con su fortaleza y el apoyo de organizaciones sociales decidieron  tomar el 28 de agosto de  1978 la Catedral Metropolitana de la ciudad de México e instalar en su atrio el campamento para realizar la Huelga de Hambre. López Portillo admitiría el 1 de septiembre de 1978 una ley de amnistía.

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La huelga de hambre en la catedral, seguida por los presos políticos en cárceles de México, como la del Topo Chico en Monterrey.

Las Doñas son ejemplo de dignidad, ellas nos han enseñado el valor de luchar por principios, sus reclamos y actuación han abonado para seguir luchando para que este país sea uno diferente. Estoy seguro que la medalla a Doña Rosario es también para todas Las Doñas, sabemos que ese reconocimiento no saldará  los hechos criminales del estado mexicano mientras no se cumpla con la VERDAD y la JUSTICIA. En hora buena este reconocimiento. Hoy que algunas organizaciones defensoras de los derechos  humanos se desdibujan.

¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!

14 de octubre de 2019

 

** Foto de portada: Dr. Jesús Piedra y Rosario Ibarra al inicio de campaña a la presidencia de la república. 1982. Foto: Carlos Piedra

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