¿Dónde están los niños? /por Sinia Bolaños

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El síndrome de Münchhausen o trastorno facticio lo padecen aquellos individuos que intencionalmente enferman a la persona que está bajo su custodia para luego propiciarle la atención debida para su recuperación. Apenas el paciente muestra signos de haberse recuperado, nuevamente su victimario lo hace enfermar. El individuo que padece este trastorno busca que su esmero y dedicación sean reconocidos, por ello es que constantemente hacen que su víctima enferme. Tal parece que la administración Trump padece de este mismo síndrome; sus víctimas son los migrantes. Los primeros síntomas de este trastorno aparecieron una semana después de que Trump ocupó la presidencia. Con la orden ejecutiva 13769, Trump vetaba la entrada a los Estados Unidos a los refugiados sirios y a los nacionales de Irán, Irak, Libia, Somalia y Sudán. Apenas fue implementada, cientos de manifestantes y abogados inundaron los aeropuertos de las principales ciudades a lo largo del país a manifestarse. La administración Trump ha apelado tres veces las decisiones de la Corte que han encontrado el veto inconstitucional. Este 26 de junio, la Suprema Corte anunció que el veto no es inconstitucional, la decisión se dio con cinco votos a favor y cuatro en contra.

El segundo gran ataque a la comunidad inmigrante fue dado a los dreamers. En septiembre de 2017, el procurador general Jeff Sessions anunció la cancelación del programa DACA. Las oficinas de los congresistas y senadores fueron ocupadas por activistas. Nuevamente, la Corte intervino para continuar con el programa. Hasta la fecha no hay una resolución definitiva, el Congreso de mayoría republicana no ha conseguido suficientes votos para aprobar un paquete que resuelva la situación de los dreamers.

Después de un largo mes de viaje, el 25 de abril de 2018, la caravana de los migrantes centroamericanos finalmente llegó a la frontera México-EU con la esperanza de solicitar asilo. En la frontera los esperaban 1,600 soldados estadounidenses que Trump ordenó movilizar para recibirlos. Desde ese momento, la movida se percibía hostil. “Pareciera que para el presidente el enemigo es la familia migrante”, declaró al Chicago Tribune Fernando Garcia, director de Border Network for Human Rights. Al tiempo que las tropas llegaban a la frontera, el Departamento de Justicia anunciaba la cancelación del programa de ayuda legal para los inmigrantes. ONG criticaron duramente la decisión, pues los migrantes estarían en gran desventaja para defenderse legalmente.

La política de “cero tolerancia” empezó a discutirse y aplicarse desde octubre del año pasado. Activistas y abogados empezaron a notar que los migrantes llegaban a los centros de detención sin sus hijos. Los casos parecían aislados, hasta que empezaron a apilarse y convertirse en un patrón. Pero no fue hasta el 6 de abril de este año que Jeff Sessions y Kirstjen Nielsen, la directora del Departamento de Seguridad Nacional, anunciaron que estaban aplicando esta política indiscriminadamente tanto a quienes habían cruzado la frontera sin emplear un puerto de entrada como a los buscadores de asilo. Es tal la desesperación de los padres que han sugerido retirar sus peticiones de asilo a cambio de que les regresen a sus hijos.

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Cero tolerancia. Foto: The New Yorker  /                                                             Foto portada: Convocatoria a mega marcha por Moveon.org

La crueldad desmedida de Trump y sus secuaces ha sido desenmascarada por ciudadanos de a pie: los propios trabajadores de los centros de detención para migrantes.  Fueron ellos quienes filtraron a la prensa las fotografías y el audio que aparecieron en el Internet la semana pasada (16-17 de junio). El audio donde se escucha el llanto desconsolado de los niños y sus llamados a sus padres resultó ser el testimonio más estremecedor. La condena surgió de inmediato. Miles de estadounidenses llamaron a sus congresistas y senadores para que bloquearan la política de “cero tolerancia”. Congresistas, senadores, activistas y abogados viajaron a los distintos centros de detención como en Brownsville y McAllen, Texas. Madres estadounidenses se lanzaron a hacer plantones en las oficinas de sus congresistas. Diversas ONG han recolectado en horas millones de dólares para ayuda legal a los migrantes. Moveon.org está convocando a una mega marcha a celebrarse en distintas ciudades este 30 de junio.

Al día de hoy se estima que son más de11,000 los niños detenidos en los más de cien centros de detención distribuidos en 17 estados de la unión americana. La administración Trump no estaba preparada para enfrentar el caos que ellos mismos generaron. Los centros de detención pronto llegaron al tope de su capacidad. El 19 de junio se anunció que se habían creado tres centros más, estos de atención a infantes y niños menores de cuatro años. Las ONG están denunciando que los centros no tienen personal entrenado para tratar a niños tan pequeños.

La política de “cero tolerancia” tiene como objetivo desmotivar la migración centroamericana; las medidas no solo son desalmadas, inmorales y crueles, también se han efectuado sin haber realizado ningún estudio de impacto. MSNBC estima que la estancia por persona cuesta $775.00 dólares diarios. Los contratistas que surten las colchonetas, cobijas, carpas, comida fueron contribuyentes a la campaña de Trump.

La Iglesia Metodista Unida (UMC) ha emprendido un juicio de ex comunión en contra de Jeff Sessions; se le acusa de maltrato infantil, inmoralidad, discriminación racial y por haber citado la Biblia para justificar la política de “cero tolerancia”.

La presión ha sido tal que el “gran redentor” Trump firmó una orden ejecutiva para detener las separaciones. Pero tal orden es un fraude, pues las detenciones continuarán, solo que ahora las familias estarán compartiendo la misma jaula, y los más terrible es que no ha resuelto la situación de 2,300 niños de quienes se desconoce su paradero. Aún más, la Corte tiene abiertos tal cantidad de procesos que no cuenta con suficientes procuradores para hacer los procesos. Por ello, Trump ha decidido mandar abogados militares, quienes carecen del entrenamiento para tratar casos de inmigración.

Los ciudadanos de a pie están trabajando para conseguir lo imposible: encontrar a los niños para reunirlos con sus padres. Se ha reportado que las aeromozas están tomando nota de los niños que viajan solos pidiéndoles su nombre y el de sus padres. Los activistas están yendo a los aeropuertos a la medianoche y entrada la madrugada para documentar la llegada de los niños. Las mujeres (Women’s March) están haciendo un llamado para participar en actos de desobediencia civil en Washington DC este 28 de junio.

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Solidaridad del pueblo estadounidense: migrar no es un delito

Los siguientes en la lista de Trump son los ciudadanos estadounidenses naturalizados. La semana pasada USCIS empezó a revisar sus archivos con la intención de retirar la naturalización a aquellos que “no debieron haberla obtenido desde un principio”.

Los individuos con trastorno facticio no dan tregua.

28 de junio de 2108

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