El Monterrey de Pepe Charango / por Meynardo Vázquez Esquivel

La comuna de la colonia Guerra se terminó con nuestra salida de la prepa 8, Pepe Charango  buscó refugio en la casa familiar de Diego de Montemayor, los demás hicimos lo propio, menos Carlos Burgoa y Leonardo López Los Brujos, pues sus familias residían en Guanajuato, ellos en octubre de ese  1976  rentaron un cuarto de vecindad al lado poniente de Casa Holck, en la acera norte de la calle  Matamoros entre Emilio Carranza y Escobedo.

Setenta y cinco pesos semanales les cobraban de renta por un cuarto de tres  por tres metros, allí instalarían su recamara minimalista de la Guerra, los 75 pesos incluían los servicios de luz, agua  y gas.

Doña Licha. Así le decían a la encargada de la vecindad, que como toda encargada vivía a la entrada, su esposo trabajaba de vigilante en una agencia de autos y aunque no estuviera en servicio vestía casi siempre un pantalón y camisola color kaki, en su cinturón ancho portaba un bote de gas lacrimógeno y  unas esposas. Doña Licha entrevistaba a los nuevos inquilinos, les informaba de los costos y reglas del lugar, llevaba el control y recogía los pagos, un licenciado fulano de tal la visitaba periódicamente  y recogía los dineros de las rentas, se decía  el legitimo propietario.

Entre todos los inquilinos podían sumar  sesenta o quizá setenta personas, con oficios diversos: vendedores ambulantes, amas de casa, rotulistas, cocineros, sastres, obreros, prostitutas, más niños y ancianos.

Cuando alguno de los inquilinos se retrasaba en el pago de la renta, llegaba doña Licha seguida de su marido uniformado en su papel de gendarme y casi siempre llegaba a un acuerdo con los deudores, a cambio de efectivo  aceptaba prendas  en depósito, ella misma se convertía en valuadora, tomaba radios-grabadoras, relojes, anillos, abanicos, etcétera, si los inquilinos no recuperaban sus prendas liquidando su deuda, doña Licha se cobraba a lo chino y ofrecía las prendas en venta.

Carlos y Leonardo, en su breve estancia  se percataron de los abusos de la encargada enfatizando a sus vecinos cercanos -don Memo, doña Rita y Lucy- que entre rentero e inquilinos no existía  contrato ni recibos por pagos realizados.

Los Brujos daban trámite a su demanda laboral en contra de tarjetas Lapper, acudían regularmente al despacho del licenciado Manuel Magallanes, ubicado en una esquina de Washington y Guerrero , a principios de 1977 coincidieron con otros trabajadores despedidos de la Galletera Gamesa, de la empresa Flir y de Fundidora Monterrey,  ante la demora de las autoridades de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCYA) para desahogar sus demandas, surgió allí  la iniciativa de constituir un Frente Obrero e  instalar un Campamento  frente al palacio de gobierno, se  planeó entonces una manifestación de apoyo a los despedidos y mientras el contingente llenaba la plaza Cinco de Mayo (hoy parte de la explanada de los Héroes) y los oradores hacían uso de la palabra, los trabajadores despedidos se acomodaron a  los pies de la columna que sostiene al Benemérito de las Américas, y allí  instalaron lo que se conocería como el Campamento Obrero, con esta acción  se proponían  visibilizar los despidos injustificados  y  exigir a la JLCYA y al gobierno de Pedro Zorrilla Martínez, celeridad y justicia a sus demandas laborales.

Instalado el Campamento Obrero  sus integrantes organizaron el rol de guardias permanentes, acompañados por vecinos de las colonias populares integrantes del Frente Popular Tierra y Libertad y por estudiantes de la universidad, unas lonas grandes resguardaban a los allí presentes, bajo ellas quedaron los leones que custodian a Don Benito, algunas sillas, mesas, cobijas, botellones con agua y un equipo de sonido que permanentemente informaba a los ciudadanos que por allí transitaban o aquellos que  asistían a realizar gestiones al palacio de gobierno, se volanteaba todo el día y se solicitaba cooperación económica, era el famoso boteo.

Entre octubre de 1976 y el establecimiento del Campamento Obrero a principios del 77, Pepe Charango había logrado que Manuel Peña Doria, director de la Preparatoria 8, gestionara  la adquisición de instrumentos musicales para crear un grupo de folklore latinoamericano, así surgió Pionero. En uno de los pasillos de la prepa 8 un 21 de marzo de 1977 se votó para elegir el nombre del Grupo Pionero (Alazán Rodríguez dixit).

Entre los instrumentos solicitados había un charango, y Pepe empezó a rascarle, con lo obstinado que era… para lo que le interesaba, en un santiamén dominó aquel charanguito; al enterarse de que en la Escuela de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras, el maestro Sergio García trabajaba en el montaje de la Cantata de Santa María de Iquique, ni tardo ni perezoso se apersonó, habló con Sergio le  explicó y convenció de que el charango en la cantata era esencial y que él era el único que lo podía ejecutar y debía integrarse, así fue como se sumó a los músicos de la cantata: Luis Jiménez Pompa, Ricardo Garza “sexo”, Tomás Cadena, Javier Palacios “la liga”, y Fernando Elizondo “ el hippie”, el narrador de la Cantata era Jorge Segura, a ellos se incorporó José Garza, y allí y desde entonces adquirió el apelativo de Pepe Charango. Finalmente no solo ganó un  lugar en el elenco  de la Cantata de Santa María de Iquique, sino que obtuvo un nombre que lo identificaría para siempre, Pepe Charango.

Pepe Chorongo, chorongo, chorongo, así se referiría con burla años después Checo Medina de Pepe. En los días del plantón Charango era un asiduo visitante al Campamento Obrero, su casa paterna estaba a unas cuadras del Campamento, eso le permitía convivir con los Brujos y con los visitantes que regularmente hacíamos acto de presencia o guardias en él,  desde el sonido allí instalado Pepe hacía uso del micrófono interpretando el canto que alentaba a los trabajadores… Ahora sí ya soy obrero, ya tengo mi credencial, ya me quitan mi dinero, los del seguro social… y la estrofa de mofa contra los líderes charros, …Y de caballo señores, nos agarró a los obreros, y nos viene jineteando, es uno de anteojos negros…

Los Brujos por su parte se la pasaban entre el Campamento Obrero y la vecindad, cierto día al llegar a la vecindad se enteraron que doña Licha había puesto candado al cuarto de Magüe su vecina dejándola adentro con su hijito de meses, Pancho -su pareja- no se apareció el fin de semana y como debía ciento cincuenta pesos pos… no se fuera a ir sin pagar, así que chirrrin chin chin y la encerró con candado.

Por una ventanita Lucy y doña Rita le pasaban de comer a ella y le calentaban los biberones al niño, por allí también Magüe les regresaba una bacinica donde hacia sus necesidades, uno o dos días estuvo encerrada hasta que llegó Pancho, liquidó la deuda y el candado se abrió.

Para entonces Leonardo y Carlos habían comentado la situación de la vecindad en el Campamento Obrero con los compañeros del Frente Popular Tierra y Libertad, a los vecinos les comentaron que a partir de ya los pagos de alquiler de todos los inquilinos  los depositarían en un juzgado. De alguna manera se enteró doña Licha y un día al llegar los Brujos a la vecindad  encontraron sus pertenencias tiradas en el primer patio y su cuarto con un candado nuevo, enfadados recogieron sus tiliches y se los llevaron  al Campamento …doña Rita y Lucy visitaban a Los Brujos en el Campamento Obrero y allí fueron planeando la toma de la vecindad, para entonces habían investigado en el registro público de la propiedad que el licenciado fulano de tal era puro pájaro nalgón y que junto con doña Licha se estaban robando el dinero de las rentas y descubrieron que la vecindad tenía una denominación catastral definida como bien mostrenco. Es decir que no tenía dueño.

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Manifestación universitaria. Foto Carlos Piedra c. 1979

Para entonces la toma de la vecindad se planeaba en el Frente, se designaron comisiones que apoyarían la acción, cierto día en un camión urbano de Tierra y Libertad llegaron los comisionados de distintas colonias con Los Brujos, Carlos y Leonardo al frente, a los primeros  gritos de las consignas que denunciaban los abusos de los casatenientes y el canto de A desalambrar a desalambrar que la tierra es nuestra es tuya y de aquel…, doña Licha y su marido  salieron por piernas y no se volvieron a parar por allí, algunos inquilinos incondicionales de doña Licha también desalojaron ese mismo día, otros se marcharon al no aceptar la nueva organización.

En la vecindad todo se transformó en fiesta, se  acordó que a partir de ese día la vecindad se llamaría Base Miguel Hidalgo, y se incorporaría al Frente de Inquilinos de Tierra y Libertad, al cual pertenecían los vecinos del  Barrio del Nejayote, La Manzana Uno en la colonia Independencia, la Salvador Allende, la Sarabia y otras vecindades más en el primer cuadro de la ciudad. Los compañeros de las comisiones con harta experiencia en estas lides enjarraron los medidores de agua y gas ocultándolos, después blanquearon toda la  fachada. La línea telefónica de doña Licha se cambio a casa de doña Rita, ella tendría su control.

Más tarde se realizó una redistribución de viviendas dependiendo del número de personas de cada familia, al frente de la vecindad se instaló la familia de Magüe y Pancho, Cheché el sastre ocupó la otra parte de la casa de doña Licha. En general al ser menos habitantes las familias que se quedaron tuvieron más espacio.

Los Brujos y Pepe Charango se instalaron en un cuarto amplio que acondicionaron con recamara y recamara-cocina, ese lugar lo bautizamos como las catacumbas, por ubicarse al fondo de la vecindad y en un desnivel de más de tres metros, para llegar allí desde el segundo patio donde estaban los lavaderos y tendederos, había que descender una escalera, tres metros abajo se encontraban las catacumbas ese  lugar tenía la ventaja de ser más fresco y contar con mayor privacidad.

En el patio de los lavaderos se reservó una habitación, la más grande de todas, como salón de actos. Allí, Toño el pintor realizó un mural entre alegoría a la tierra y  homenaje a  Herón Proal (1881-1959) anarquista, líder y precursor en los años veinte del mayor  movimiento de inquilinos que registran los anales en el puerto de Veracruz, esa acción generó  la mayor huelga en el pago de rentas. En el mural Toño pintó a varios inquilinos de la Base Hidalgo, hasta César Ruvalcaba estaba allí muy pintadito.

En el salón de actos con su mural al fondo, colgaba de una viga un letrero que decía: Orden del Día.  1º Lista de presentes, 2º Informe de las comisiones, 3º Comisiones de adentro y fuera, 4º Acuerdos, 5º Asuntos generales. Para los inquilinos estas pautas o puntos del orden del día suscitaron los conceptos solidaridad, justicia, democracia y brindaron sin menosprecio apoyo no solo a los compañeros integrantes del Frente Popular, también a los movimientos sociales que se expresaban en la ciudad.

El salón de actos y el patio de los lavaderos se convirtieron en el espacio de los eventos artísticos y culturales, talleres, conferencias, recitales, exhibición de películas y presentación de obras de teatro entre ellas, Viaje a un mundo Feliz, dirigida por ya saben quién. La Familia Chumada, creación del grupo Zumbón dirigida por Enrique Ballesté; y las tandas de Pablo Rodríguez y César Ruvalcaba, entre otras.

De las oleadas estudiantiles mencioné que se aceptaron en La Base como nuevos inquilinos a Lylia Palacios y Felipe Hernández, a Marta Martínez y su hermana Magda La Chiquita, Ismael Aguilera y Bertha, Sergio “Checo maracas” Medina y el hermano menor de Ismael, a Omarx Martínez y Samuel Briones.

De Psicología como población flotante llegaron Alicia, La Chiquis y Chayo esta última dejó su condición de flotadora y acabó siendo pareja de Leonardo López, uno de los Brujos. Recién llegada de Tuxtla Rosa María Rojas, atendió un taller de creación y lectura con los güerquillos de la vecindad; de Medicina llegaron las integrantes del Coro de la facultad entre ellas Graciela Salazar, Lupita y Rosy Cubos, orientaban a las madres de familia en temas de sexualidad, higiene y control de embarazo.

En el verano de 1979 Enrique Ballesté, fue huésped honorario de la Base Hidalgo e impartió un curso intensivo de teatro, nada más imaginen en leotardo a Chema, la Liga, el Hippie, y los demás integrantes del Grupo Silencio, para morir de risa, por cierto en ese curso conocí a Graciela Salazar mi compañera, mi cómplice y todo, dos años después en la Facultad de Filosofía nos reencontraríamos para siempre.

Huelga decir que la estancia y convivencia con Enrique Ballesté, León Chávez Texeiro, Nacho y Fernando Betancourt y tantos más que fueron nuestros invitados dejaron en nosotros conocimiento nuevo en la música, el teatro, la literatura, y en la política, si algo los caracterizaba e identificaba era su generosidad, su humildad y el deseo de compartir sus saberes, ahora recuerdo que solo les podíamos ofrecer de habitación el salón de actos y unas cobijas para tender en el suelo y los alimentos eran también modestos y racionados, pero nadie reparaba en ello, por las noches los temas de conversación eran largos e inagotables, entonces callábamos, hacíamos preguntas y preguntas, como aquella que Pepe Charango le hizo a Ballesté, preguntaba si un porro ayudaba en la creación artística, sonriendo Ballesté  contesto –Mira Pepe, si un mago trae conejo, saca conejo, así que para crear hay que trabajar, trabajar y trabajar.

Físicamente no está más mi Graciela, ni Pepe Charango, ni Chema Mendiola, ni Enrique Ballesté que cantaba… Eso de jugar a la vida es algo que a veces duele… En unos años incluyéndome, mi generación habrá desaparecido, antes de que eso pase quiero con este escrito -que navegará dentro de una pantalla en la mar cibernética- dejar  constancia del recuerdo, el cariño y las acciones quizá insignificantes que como estudiantes realizamos y que eran aligeradas por el músico y conversador inagotable José Francisco Garza Santos, Pepe Charango, recién fallecido.

 

Foto de portada: David Gómez. Viaje a un pueblo feliz, foto de Carlos Piedra c. 1979

3 Comments

  1. Muy buen relato, amigo Meynardo. Tuve la fortuna de conocer, admirar y aprender de todos uustedes. La herencia artística de Balleste, Pepe, los Betancourt, Graciela, etc., seguirá formando parte de nuestra identidad. Un abrazo. Los cantos de ellos los seguimos escuchando, así como leyendo la obra de Nacho, ahora investigador también en el Colegio de San Luis. Saludos Meynardo, paisano transerrado.

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  2. Buena recuperación de la memoria estudiantil de aquellos tiempos. Y creo que aún falta más historia urbana por sacar a flote. En el relato aparecen nombres, lugares y situaciones que bien podrían constituirse en vasos comunicantes hacia otras historias paralelas de otros actores de aquella época -los setentas-, donde ocurrían muchas cosas oscuras pero también luminosas… Aún hay tarea que hacer. Gracias Meynardo.

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