Sobre Radio Libertad y las radios comunitarias / por José Juan Olvera Gudiño

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A finales de julio inició el proceso para que entrara en vigor una nueva programación en la estación pública estatal Opus 102.1. La radio-emisora tenía una programación centrada en música clásica y su modificación no fue bien recibida por un importante sector de la sociedad regiomontana, que se movilizó desde entonces y hasta ahora contra la medida.

El tema me interesa. Acepto de inicio, que la señal de Radio Nuevo León no llega desde hace años a mi casa (vivo en Guadalupe, cerca del municipio de Juárez), de manera que no puedo hablar como radioescucha. Tampoco he seguido al 100 por ciento los acontecimientos y puede que se me escape información digna de tomarse en cuenta, por lo que me disculpo de antemano. Quiero exponer aquí tres temas relacionados con esta problemática: el autoritarismo, las potencialidades de la radio pública y la necesidad de radios comunitarias.

La desaparición de la programación de Opus de la frecuencia de FM no sólo eliminó –sin aviso- a parte del personal que laboraba en la programación, sino que no se presentó alternativamente un plan completo de lo que se ahora se pretende, como lo denunció el musicólogo Arnoldo Nerio ¿Cómo podría el público valorar y opinar al respecto?

Es verdad que el carácter cultural de una estación no lo da la transmisión de música clásica. De hecho, observo mayor diversidad de culturas musicales en la parrilla que la actual estación Radio Libertad tiene en Internet. La cultura popular es cultura tan válida como cualquier otra, en sus términos y los de sus receptores o consumidores. El asunto esta en la calidad con la que se transmite (información pertinente, contextualización adecuada, contrapuntos necesarios) y en la consideración para con el público que la escucha. A la queja de radioescuchas y locutores y a los temores de su posible uso político, las autoridades argumentaron que pretendían tener una estación más “plural”, y llegar a una audiencia más “diversa” (El Norte, 30 de julio). A este respecto, vale recordar el papel que deben tener los medios públicos, según lo establecido por la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO):

Los medios públicos son medios hechos, financiados y controlados por el público, para el público. No son comerciales ni de propiedad gubernamental, son libres de la interferencia política y la presión a partir las fuerzas comerciales. A través de los medios públicos, los ciudadanos son informados, educados y también entretenidos. Cuando garantizada con pluralismo, diversidad, independencia editorial, financiación apropiada, rendición de cuentas y transparencia, la radiodifusión de servicio público (RSP) puede servir como una piedra angular de la democracia.

Bajo esta óptica no quedan claros los mecanismos seguidos para llegar a la decisión de crear Radio Libertad. No encuentro un documento programático que informe de la planeación, resolución e implementación de un cambio de esta naturaleza.  ¿Como fue el proceso que llevó a esta decisión? ¿Se recibió algún tipo de asesoría, ayuda  de una consultora?

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Protestando cantando. Foto de José Juan Olvera

Por otro lado, nunca me quedó claro por qué las autoridades no utilizaron a CONARTE y a sus recursos (especialistas, gremios y el sinnúmero de promotores culturales que allí han laborado), para orientarse, al menos en parte, en la toma de esta decisión. Si lo hubieran hecho, probablemente habrían sido instruidas respecto a las enormes potencialidades de la radio pública en otras ciudades y países. En todo caso, los planes e intenciones, existentes pero no públicas, irán apareciendo.

La visión de una radio con música llamada “culta” y otra para música popular en sí misma carece de sentido. En mi opinión es más sensato ofrecer dos tipos de programaciones complementarias bajo un solo concepto consensuado; invertir recursos diversos para enriquecerlas y aumentar la potencia de transmisión para que ambas lleguen a toda la población.

Y si queremos destacar las músicas populares, habría que incluir entonces a las músicas populares contemporáneas del mundo (africanas, asiáticas, latinoamericanas  y europeas). Considerar también a las músicas tradicionales de los pueblos originarios de México, así como sus diálogos con las otras culturas musicales, cuyos nuevos artistas no tienen acceso a los medios masivos, públicos o privados.

Centenares de obras de música de la Huasteca con influencia de la música “pop” (no son pop, no son música tradicional huasteca) se consumen masivamente en la Alameda Central. Dudo que sea de interés de cualquiera de las estaciones de Radio Nuevo León, porque no son tan populares como para elevar el raiting o no son “válidas” musicalmente hablando. Sin embargo, son evidencia de culturas vivas, que se abren paso ante la indiferencia los medios y la ignorancia de los políticos.

También podría desarrollarse uno de los más exitosos productos mediáticos de la ciudad: la radionovela. Nuestras problemáticas, experiencias y estéticas contemporáneas, vistas desde lo local o regional, nuestra historia, esperan ser difundidas en este formato que hizo famosa a la radio regiomontana. Esto es viable por la gran cantidad de especialistas y carreras de comunicación existentes en la ciudad y el estado (la más grande es pública y tiene miles de alumnos).

No son ideas al aire. Es el resumen de mi experiencia diaria como radioescucha de Radio Educación, medio oficial de la ciudad de México, entre 1976 y 1983. Aprendí que la música clásica no tendría por qué estar separada de las otras opciones musicales, pues bien contextualizadas cada una nos enseña sobre la diversidad cultural y nos empodera. Radio Educación tenía un esquema de módulos de tres a cinco piezas que se contextualizaban y se iban encadenando con otros géneros o países por criterios de similitud. Cuando uno acordaba, Debussy se había convertido en Pérez Prado.

Me entretuve y me instruí con las novelas adaptadas a la radio. Por ejemplo,  “La hija del judío”,  obra del precursor de la novela histórica, Justo Sierra O’Reilly, me enseñó sobre las luchas de poder entre las órdenes religiosas durante el periodo colonial en México.

Estos y otros materiales no tienen porqué encimarse con la programación de las radios universitarias y pueden conseguirse de inmediato, bajo intercambio con otras radioemisoras culturales, mientras se preparan las condiciones de producción propias.

Finalmente, la movilización alrededor del cambio de la estación Opus abre el debate sobre la pertinencia de los medios comunitarios; la necesidad de su desarrollo en Nuevo León y su pertinencia para una sociedad que está harta que le digan qué hacer, pensar y escuchar. En este gigantesco caos de la ciudad existen comunidades (de pequeños empresarios, de campesinos, de indígenas) que pueden llevar adelante un medio para proyectarse y continuar auto-construyéndose. Se necesitan permisos que no se han querido dar. Al respecto la misma UNESCO sostiene que:

Los medios comunitarios se caracterizan por su rendición de cuentas ante las comunidades a las que sirven. Surgen como resultado de los movimientos populares que luchan por lograr un espacio importante en la participación ciudadana y exigir el derecho a poseer y operar medios libres de toda interferencia política o comercial. Como un medio alternativo a los medios de comunicación públicos y comerciales, los medios comunitarios permiten una mirada distinta y amplia sobre diferentes cuestiones relevantes para las comunidades a que sirven. Son medios de comunicación independientes, de propiedad y gestión de las comunidades.

En los últimos años aparecieron esfuerzos de radios comunitarias –al menos en el propósito– en Monterrey, tales como Radio Tierra y Libertad y Somos uno Radio. Una reflexión pendiente y necesaria es aprender de sus experiencias y de los retos que intentaron superar. En el caso de Radio Tierra y Libertad, la maquinaria burócrata-legal que puso en riesgo de cárcel a su fundador, pone en evidencia la ausencia de voluntad política y el gran temor a la creación de opciones realmente diversas y entretejidas de comunicación. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Lo que las autoridades quieren es aumentar la cantidad de radioescuchas o de ciudadanos participativos?

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Protestando cada domingo. Foto de José Juan Olvera

Si se reconoce que es un buen signo democrático que una parte mayoritaria de votantes saliera a elegir a un candidato “independiente” para el gobierno de Nuevo León, debe reivindicarse también que un sector de los radioescuchas de Opus salga a reclamar de vuelta lo que considera suyo. Más aún, que mantenga su lucha. Salir a la calle a expresarse sigue siendo una de las cosas buenas que nos quedan para exigir justicia y apoyar lo que consideramos correcto. En tal sentido hacer radio comunitaria es salir a la calle todos los días, a reconstruirnos.

18 de septiembre de 2017

 

Fuentes:

“Medios públicos y medios comunitarios”, UNESCO

La hija del Judío”, en la Enciclopedia de la Literatura en México.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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