El poder de dar a luz / por Séverine Durin

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El fin de semana pasado vi el documental “Manos de mujeres cálidas” del director Andrés Macías Díaz en el Festival Internacional de Cine de Monterrey. Narra la experiencia de una pareja regiomontana que decidió tener un parto por vía natural y en el agua, dentro de una clínica de ginecología con la asistencia de una doula.[1] El documental entreteje esta experiencia con los testimonios de parteras del medio rural mexicano, quienes sienten orgullo por asistir a las mujeres en su proceso de embarazo  hasta el alumbramiento. Sus conocimientos los han adquirido de sus parientes féminas, y forman parte de un invaluable legado cultural que se transmite de generación en generación. Gracias a su saber, las mujeres  ejercemos nuestro poder de dar a luz.

Me identifiqué con la experiencia de esta pareja regiomontana, porque yo me hice madre en Monterrey y aprendí en carne propia que aquí se espera que las mujeres tengan partos por cesárea. Desde mi primera cita ginecológica, el especialista –un hombre de edad avanzada—me advirtió que el parto sería por cesárea en razón de mi complexión física –mis caderas y altura. En mis adentros, deseaba tener un parto vaginal, así como mis antecesoras y amigas lo habían hecho, por lo que no le hice caso. Pese a cambiar de ginecólogo y asistir a un curso psicoprofiláctico, las 16 horas de trabajo de parto no concluyeron como lo deseaba y mi hijo nació por cesárea. Siempre dude acerca de lo bien fundamentado de esta decisión y mi única certeza es que mi hijo nació sano, cosa que agradezco.

En la década pasada, Nuevo León era la entidad federativa que encabezaba la práctica del parto por cesárea en el país. Aquí la mitad de los bebés nacen mediante intervención quirúrgica, una tasa que asciende a 73% en los hospitales privados, es decir, cinco veces más que la norma internacional.[2] ¿Qué lo explica? ¿Qué las mujeres no quieran sufrir los dolores de parto? ¿Qué a las clínicas las cesáreas programadas les agiliza la logística de las habitaciones y de los quirófanos? ¿Qué los ginecólogos prefieren atender los partes en días hábiles?

Durante mi embarazo, escuché varias posturas al respecto y observé que las madres de las clases media y alta suelen desear que su parto sea por cesárea, porque no quieren sufrir los dolores, además, porque pueden sufragarse los gastos hospitalarios que la cesárea implica, a diferencia de las mujeres de medios populares que son atendidas en hospitales públicos.[3] Incluso, me parece que la medicalización de la práctica supone una higienización, la que se constituye como una práctica distintiva del parto vaginal y del natural, que son considerados dolorosos y sucios y que son ampliamente difundidos entre las clases populares y grupos indígenas. En concordancia con Zarembo (2001), el parto por cesárea es considerado más civilizado.

La práctica de la cesárea también resulta más cómoda para los médicos, clínicas y hospitales, ya que permite un mayor control de la agenda, a diferencia de los partos naturales. Pero una de las explicaciones más intrigantes acerca del éxito de la cesárea en Monterrey, me la compartió un médico. Me aseguró que los maridos también presionan al ginecólogo para que el parto sea por cesárea, es decir, para que el aparato sexual de sus esposas quede en buen estado. De pronto me sentí en el medievo y me resistí a comprender lo dicho, pero tiempo después supe que se practican también cirugías de reconstrucción de hímenes y vaginas. Para el disfrute de una eterna juventud.

Ginecólogos, médicos y maridos concertando cómo las mujeres habremos de dar a luz. Entender por qué ejercen tal control sobre nuestro cuerpo y sexualidad requiere, también, de reconocernos como las que tenemos el poder de dar la vida. Esto nos hace increíblemente poderosas. Mientras soberanos de toda índole van por el mundo con la espada desenvainada, animados por el deseo de dominar y dispuestos a matar, nosotras damos a luz a la humanidad.

Somos nosotras, por supuesto, quienes mejor sabemos cómo cuidarnos durante el parto, pese a que los saberes de las brujas de ayer, y de las parteras de hoy, hayan sido deslegitimados (Federici, 2011). Me alegra ver que en años recientes son cada vez más las parejas que deciden que su parto será natural. Han logrado que clínicas antes enfocadas al parto por cesárea en serie, tengan ahora espacios para partos en agua. Y no son pocos quienes deciden tener su parto en casa, con la asistencia de una doula.

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La ancestral sabiduría y solidaridad de las mujeres durante el parto. Alumbramiento asistido en casa  /   Portada: Cerámica Moche, Perú. Proceso de parto en posición vertical, donde la parturienta se encuentra acompañada de dos personas, una que la sostiene por detrás y otra que recibe el bebé.

Esas resistencias que lograron transformar las prácticas hospitalarias alimentan nuestra esperanza. El 30 de agosto, se conmemoró el día internacional de las personas desaparecidas, un crimen de lesa humanidad que las madres con hijas e hijos desaparecidos han denunciado a lo largo y ancho de México. Somos las madres quienes tenemos el poder de mover el mundo y de exigir paz y justicia, frente al poder de las armas.

4 de septiembre de 2017

 

[1] Una doula es una persona que brinda información y apoyo emocional a las mujeres durante el embarazo el parto y el posparto.

[2] Véase Zarembo, Alán, “The new latin labour”, Newsweek, consultado el 19 de septiembre de 2014, disponible en <http://www.newsweek.com/new-latin-labor-149139>.

[3] En las instituciones públicas también ha ido en aumento la práctica de la cesárea. Para el periodo 1999-2001, en Nuevo León, la tasa era de 43.05% de parto por cesárea en instituciones públicas y de 72.52% en las privadas, es decir, una tasa global de 49.95%, siendo esta la más alta en el país. En este mismo periodo, en la república mexicana las tasas de parto por cesárea alcanzaron 31.82% en instituciones públicas y 53.68% en las privadas, es decir, una tasa global de 35.78% de partos por cesárea (González, Vega y Cabrera, 2011: 22).

Referencias bibliográficas:

Federici, Silvia, 2011, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Tinta Limón Ediciones. Buenos Aires.

González, Guillermo Julián, María Guadalupe Vega y Carlos Enrique Cabrera, 2011, Cesáreas en México. Aspectos sociales, económicos y epidemiológicos, [versión electrónica], Universidad de Guadalajara.

Zarembo, Alán, “The new latin labour”, Newsweek.

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