Ni tan autónomas ni tan públicas, dos pérdidas y dos principios para recuperarlas / Por Lylia Palacios

A principios de este mes, el presidente de la República hizo una crítica a las universidades públicas urgiéndolas al regreso a las aulas y señalando como causas del retraso a los académicos que reciben “cómodamente su salario” sin dar clases presenciales y a la presencia de “mafias” y de “caciques que dominan en las universidades.” Para resolverlo, el presidente planteó la no intervención por respeto a la autonomía universitaria, y convocó a los alumnos y profesores que “sí pueden hacerlo.” Vámonos por partes.

Acerca de la crítica a los académicos, nada más lejos de la realidad que está viviendo la gran mayoría de los miles de docentes que han tenido que ajustar sus hogares –en espacio, tiempo, recursos, equipo electrónico– para preparar e impartir clases y evaluar a su alumnado. Las historias de dificultades y nuevas experiencias circulan y aquí publicamos una.

En lo que tiene absoluta razón el presidente es en lo segundo, aunque no podría asegurar que es responsabilidad única de esas “mafias” el retraso en la vuelta a los recintos universitarios. Es innegable el control que desde hace décadas ejercen grupos de poder en las universidades públicas, no sólo la UNAM o la UdeG mencionadas por el presidente. Trabajar y relacionarnos con colegas de otras universidades es el mejor observatorio del atropello que estos grupos han hecho a la autonomía en cuanto a la toma de decisiones, o cómo han contribuido al encarecimiento de la educación universitaria, que deja lejos su condición de “pública” y olvídese de “gratuita”. No es sólo el cacicazgo tapatío de los Padilla, ni aquel rector de la de Puebla que se movía en helicóptero, o la UANL donde todos los directores y directoras cuentan con auto y chofer. Vamos, ¡cuántas universidades están involucradas en la llamada “Estafa Maestra”!

Desde la década de 1980, las universidades se vienen consolidando como negocios: en la medida que las crisis económicas hacían pinole el raquítico presupuesto público para la educación, se fue abriendo la brecha para los llamados “recursos propios”, los cuales, con amplia flexibilidad y discrecionalidad en su obtención, manejo y utilización, hicieron de rectorías y direcciones puestos disputados, cuando no comprados por toda una ralea que sin importar grado académico van por el poder del billete.

Recicla UANL ‘Estafa Maestra’. Fuente: El Norte

Llego al tercer elemento de la crítica presidencial: ¿Cómo terminar con las mafias? El presidente conminó a los alumnos y los profes, de acuerdo, el asunto es, ¿podrán? Opino que no. No, porque los sujetos criticados y convocados son parte de una misma ecuación. Es decir, el comportamiento facineroso y desacademizador de las burocracias directivas tiene su fundamento en el sometimiento de alumnos y trabajadores universitarios. Existen porque acabaron con el contrapeso que estudiantes y trabajadores, mínimamente organizados, ejercían para frenar el autoritarismo y la rapiña. Hoy reina el desequilibrio y la polarización.

Convencida de que lo anterior es un fenómeno nacional, pondré como botón de muestra la institución en la que trabajé 30 años y de la que hoy soy catedrática jubilada.  La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) destaca porque sus trabajadores formaron en 1964 el primer sindicato en el país que integró a trabajadores docentes y no docentes (muchas otras incluyendo la UNAM tienen sindicatos separados). Sus estudiantes han sido ejemplo de defensa de la educación pública, desde marzo de 1968 hasta 1969 en que obtuvieron la autonomía de la universidad. En 1971, movilizados para defender la naciente autonomía, aplastada por una nueva ley orgánica que impuso una Junta de Gobierno que designa al rector, recibieron la solidaridad de estudiantes de todo el país. La manifestación fue masacrada por el grupo paramilitar “Halcones” el 10 de junio de 1971. No obstante, durante algunos años el sindicato (STUANL) siguió representando el interés general de los trabajadores, mientras que los estudiantes formaban y participaban en sus juntas de representantes para intervenir en el diseño de planes de estudio, contener alzas de cuotas… y se solidarizaron en muchas ocasiones con las movilizaciones de los universitarios sindicalizados.

Los años 80 en la UANL, como en el resto del país, aceleraron el sometimiento laboral y estudiantil. El sindicato que venía burocratizándose desde los años 70, cambia en 1981 de liderazgo: antes con militantes del Partido Comunista que se fueron acomodando a la negociación “tersa” con la rectoría, y después con elementos subordinados al rector en turno. Nuestro sindicato terminó siendo un sindicato blanco, un departamento de recursos humanos que estatutariamente sólo admite a trabajadores de base, o sea, la miríada de trabajadores por contrato que tiene la UANL no tiene derecho a sindicalizarse. Los más vulnerables no tienen ningún resguardo colectivo.[1]  

En el plano estudiantil, los 80 también significaron retrocesos. La política de la rectoría fue acercar a los directores y formar una instancia de gobierno apócrifa pero muy eficiente. Desde allí hubo despidos de profesores, hubo represión contra estudiantes y hubo compra de todo tipo de voluntades. Las mesas directivas estudiantiles ahora se encargarían de organizar graduaciones y festejos. Las elecciones de director acabaron siendo un trámite bullanguero, pues todo se decide desde la rectoría.

La crisis de 1994 terminó por quitarle lo “público” a la educación universitaria. Una clase media que ya no pudo enviar a sus hijos a escuelas privadas y una clase obrera que ya no pudo enviar a sus hijos a la universidad pública modificaron el perfil estudiantil.[2] La clasemediacización que describe Argüelles.

¿Y la autonomía? Vivita y coleando, si entendemos lo que entienden los directivos y sus aplaudidores: jugando en la política a quedar bien con gobernantes, enriquecerse con contratos y más contratos como prestanombres, vendiendo servicios especializados y negociando internamente para que el grupo médico y el de los ingenieros sigan administrando el negocio… ¡Perdón, la UANL!  

Las estudiantes son actualmente el sector más movilizado en contra del acoso sexual. Imagen tomada de internet

En la UANL (pregunto a lxs lectores, ¿y en su universidad?) reina el control y/o rechazo a toda disidencia; el acoso patriarcal es una constante denunciada por las estudiantes; los procesos de elección de directores se van sustituyendo por la retrograda figura de “coordinadores” que se pueden eternizar; los estudiantes pagan por todo, aunque las bibliotecas son precarias e ineficientes; predomina el contrato temporal de trabajo y la subcontratación, y el sindicato… cobrando cuotas.

Regresar a las aulas es urgente, son muchos los estudiantes que desean aprender y formarse más allá de las “competencias” para el mercado, y son muchos los docentes que anhelan desempeñarse dignamente con estabilidad laboral. Ojalá desde abajo le tomemos la palabra al presidente; ojalá él desde arriba exija más allá del discurso y la crítica lapidaria.

26 de octubre de 2021

lylia.palacios@gmail.com

  

*Foto de portada: estudiantes de la UANL en 1971 manifestándose por el centro de Monterrey. Tomada de internet


[1] Recientemente, un grupo de docentes de la facultad de Arquitectura publicó una carta anónima que narra con amplitud la situación precaria y de vulnerabilidad laboral que viven. Si la lee, quítele el nombre Arquitectura y estará leyendo lo que pasa en todos los planteles de la UANL. Aquí la liga.

[2] Al finalizar los 70, la movilidad aún era posible: 74% del alumnado eran hijos de obreros, campesinos, comerciantes, choferes; 56% de los padres de familia tenían estudios máximos de primaria, 87% de los estudiantes utilizaban el transporte colectivo. Fuente: Informe de Actividades 1973-1979, UANL, p. 15.

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