Mr. Floyd, 401 años de racismo / por Sinia Bolaños Harris

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I am the master of my fate,
I am the captain of my soul.[1]
En memoria de Mr. George Floyd QEPD

En los servicios funerales de George Floyd, el reverendo Al Sharpton pidió a la congregación que guardaran ocho minutos 46 segundos de silencio… el tiempo que la policía de Minneapolis sometió a Mr. Floyd, un hombre esposado con los brazos a la espalda, tirado bocabajo en el pavimento, con tres policías encima de él. Uno sujetándole las piernas, otro oprimiéndole la espalda, y un tercero hincado, oprimiendo con su rodilla el cuello de Mr. Floyd, ignorando las súplicas de su víctima y los llamados de los transeúntes a liberarlo. Qué imagen tan paradójica; la posición de este policía es la misma que Colin Kaepernick, el jugador de los 49s de San Francisco, convirtió en 2016 en una señal de protesta durante el canto del himno nacional, ante el abuso de autoridad que la policía emprendía en contra de ciudadanos afroamericanos.  

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“No puedo respirar” Foto: The San Diego Union-Tribune

Fueron ocho minutos 46 segundos y cuatro siglos de asesinatos, discriminaciones, linchamientos, vejaciones, maltratos, secuestros… 401 años de rodillas oprimiendo el cuello de la población afro-estadounidense.

Se estima que entre 1500 y 1866, 12.5 millones de personas fueron secuestradas en África y traídas en 31,164 naves al continente americano para esclavizarlas.[2]  Actualmente, el país con mayor número de población de ascendencia africana es Brasil con 55.9 millones, seguido de los Estados Unidos con 46.4 millones. La población afro-latina en Haití, República Dominicana y Colombia suma 24.2 millones.[3]

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Foto: AFP, tomada de Internet

En los Estados Unidos, la diáspora africana se inicia en 1619, en Jamestown, Virginia cuando los primeros pobladores de ascendencia africana fueron traídos en calidad de servidumbre. Al estallar la guerra civil (1861), la población afro-americana era de 4.4 millones, de los cuales solo 488 mil eran hombres libres.[4] Recordemos que el motivo principal de la guerra civil norteamericana fue la discrepancia entre el norte y el sur con respecto a la esclavitud. La Unión buscaba emanciparlos, mientras los confederados (el sur) deseaba continuarla. El presidente Abraham Lincoln declaró abolida la esclavitud el 1o de enero de 1863. Sin embargo, el sur hizo oídos sordos y no fue hasta dos años después que 250 mil esclavos radicados en Texas se enteraron de que eran hombres libres. El 18 de junio de 1865, el general Gordon Granger al frente de dos mil soldados llegó a Galveston para hacer cumplir la emancipación.

La libertad adquirida por los afro-estadounidenses fue solo de papel. Ese mismo año de 1865 se aprobaron los códigos negros (Black Codes) que dictaban cómo debían comportarse en libertad los afro-estadounidenses; determinaban su obligación de trabajar por salarios bajos y su segregación de la población blanca. Para aplicar estos códigos, también conocidos como las leyes de Jim Crow, se contrataron ex soldados confederados para ocupar puestos en la policía y los juzgados.[5]  Las leyes de Jim Crow se mantuvieron vigentes hasta 1968.[6]

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El personaje Jim Crow. Imagen tomada de Internet

Y aquí nos encontramos con otra ironía, la más soez burla del sistema legal norteamericano, al denominar los códigos negros como la ley de Jim Crow. En 1830, Jim Crow era un personaje de teatro representado por un actor blanco que se pintaba la cara con grasa de zapatos. Jim Crow era el estereotipo negativo de los afro-americanos describiéndolos como perezosos, ignorantes, supersticiosos, hipersexuales, criminales o cobardes.[7]

No conformes con las leyes de Jim Crow, a finales del siglo XIX, los estados sureños legalizaron prácticas segregacionistas que estaban en clara violación de los artículos 13, 14 y 15 de la Constitución.  La doctrina se conoce como “separados pero iguales” (separated but equal) misma que legalizaba la segregación. Así, los ferrocarriles contaban con diferentes vagones para blancos y para personas de color; autobuses, hoteles, teatros, albercas y escuelas, también tenían espacios para llevar a cabo la doctrina de “separados pero iguales”. En Texas, por ejemplo, hasta las fuentes de agua portaban cartelitos para su uso según la raza.

La resistencia a estas leyes y doctrinas empezó desde la era de la reconstrucción con demandas y actos de desobediencia civil, pero no fue hasta mediados del siglo XX que empezaron a ganarse demandas para declarar ilegales las prácticas fomentadas por las leyes de Jim Crow.  En 1964 se aprobó la ley de los derechos civiles, haciendo ilegal la discriminación basada en la raza, color de piel, sexo, religión u origen nacional (Civil Rights Act). Cuarenta y cinco años después, el 18 de junio de 2009, el Senado de los Estados Unidos emitió disculpas públicas por la injusticia, crueldad, brutalidad e inhumanidad de la esclavitud. No obstante, la comunidad afro-estadunidense sigue siendo blanco de discriminación social, maltrato policial y brutales asesinatos.

Ocho minutos y 46 segundos…en la iglesia de Minneapolis donde velaban a Mr. Floyd su familia y amigos lo recuerdan. “George era un hombre muy divertido, siempre sonriente, siempre alegre.” Por su estatura de 2 metros (6.7 pies) se ganó el mote de “Big Floyd”.  Era un apasionado de los deportes y promovía entre jóvenes la importancia de ir a la universidad. “No se me olvida ese touchdown que anotaste, cuando eras el 88.”

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Protesta de ciudadanos en Marshall, Tx. Foto proporcionada por Sinia Bolaños Harris

Al momento de escribir estas líneas, son ya 13 días consecutivos de protestas a nivel nacional e internacional. En grandes, medianas y pequeñas ciudades, los manifestantes tenemos muy claro que existe el riesgo de contagiarnos de Covid 19. Sin embargo, es más mortal enfrentarse a la policía que a la Covid 19.  Como le pasó al mismo George Floyd quien superó el coronavirus, pero no la brutalidad policiaca.

Mr. George Floyd será enterrado el 9 de junio en Houston, Texas, al lado de la tumba de su madre. Yo me quedo con la imagen de Mr. Floyd cargando en sus hombros a su hija Gyanna de seis años quien dice: “Mi papá cambió el mundo.”[8]

Marshall, Texas 7 de junio de 2020

 

[1] Soy el patrón de mi fe, soy el capitán de mi alma. Poema “Invictus” de William Ernest Henley. El poema completo puede leerse AQUÍ

[2] Fuente: Enciclopedia Virginia. En Slavevoyages.com puede encontrar mapas y estadísticas históricas del trafico de esclavos.

[3] Fuente: Where is the African diaspora?  

[4] Ratuva, Steven. Politics of Preferential Development: Trans-Global Study of Affirmative Action and Ethnic Conflict in Fiji, Malaysia and South Africa. ANU Press, 2013. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/j.ctt46n2xc. Accessed 5 June 2020.

[5] Jim Craw laws. Ver en History.com

[6] Ibid.

[7] Black face history. Ver en History.com

[8] Ver en Instagram


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3 Comentarios

  1. Excelente escrito. Pienso que el odio racista brota del miedo a lo diferente. Creo que está muy arraigado pues sus raíces se hunden en la prehistoria.
    ¿Qué cabe, qué hacemos caber en la palabra “nosotros”?
    Los “otros”, los diferentes, los extraños, esttanjeros, disidentes, etc., “amenazan” la sensación de seguridad que brinda la caverna.
    Los mexicanos, aunque con excepciones, no somos menos racistas que la población WASP, sólo somos más disimulados o hipócritas.

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    1. Gracias por su comentario. Efectivamente el odio es el propulsor de las prácticas racistas. El racismo se basa en la idea de que una raza es superior a las otras. La dominación de la raza blanca sobre las otras ha sido reforzada por los estereotipos negativos de que las personas de color (negros, morenos, indígenas) son perezosas y estúpidas. En los tiempos de la esclavitud como una actividad legal, el hombre blanco equiparaba a sus esclavos negros con animales de carga. Con ello, les restaba calidad humana y justificaba su explotación y maltrato. En México no hay estadísticas que reflejen la situación de su población afro-latina. Y si bien, el mestizaje se dio muy temprano, lo cierto es que ignoramos o negamos nuestros orígenes africanos. SBH

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  2. Muy buen artículo , es una pena que el pais que se dice “ paladín de la democracia y la libertad “ sea realmente un país gobernado por “ barbaros “ materialistas insensibles . Son un verdadero peligro no solo para sus ciudadanos , sino para el mundo entero.

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