Claroscuros de la reforma universitaria en Ecuador / por Juan F. Regalado*

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Ha habido en Ecuador una dinámica de reforma en el campo universitario y puede situarse en un punto de convergencia que llevó hacia el proceso político constituyente en 2008. Desde entonces se generó a nivel estatal un ejercicio político sistemático por efectivizar una mayor redistribución del producto nacional y se llegó a invertir 2% del PIB en Educación Superior, logrando que 70% de matrícula estudiantil corresponda estructuralmente a la primera generación de universitarios en su hogar.[1] Otros aspectos alcanzaron únicamente modificación parcial en las condiciones objetivas que han orientado y definido la educación a nivel universitario. Sin embargo, tal reforma ha sido suficiente para generar agudo conflicto y despertar diversos frentes de oposición y aun descalificación sobre lo efectivamente transformado.

En Ecuador hasta entonces se había arribado a un estallido de privatización educativa. Decenas de empresas que ofrecían servicios de educación “sin complicación”, en un país que bordeaba los catorce millones de habitantes. Se llegó a una situación cierta y figurada tal como “universidades de garaje” donde se emitían títulos universitarios en casi todas las áreas profesionales, incluidas medicina e ingenierías. Mientras tanto, la universidad pública era resultante de un caos financiero interno, exclusivo interés electoral afincado entre algunos segmentos de personal administrativo, docentes y alumnos, y una creciente presión social por el acceso a titulaciones entre sectores impedidos de pagar una universidad privada.

La Constitución de 2008 posibilitó regular ese mercado de ofertas de titulación y se suprimieron 16 universidades y 50 extensiones a nivel nacional. Todas las universidades restantes fueron obligadas a garantizar un mínimo de condiciones para emitir títulos. Actualmente, varios de los conflictos políticos más sonados (v.g. la comisión de educación en la Asamblea Nacional, entre otros) en realidad provienen de reacciones a tales marcos reformistas y regulación mínima.

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Cierre de “universidades garage”. Foto: Matarata                           Portada: Mural de O. Guayasmin en  la Universidad Católica del Ecuador, Quito, Ecuador

Simultáneamente, desde instancias de gobierno se emprendió un proyecto académico-científico que establecía cuatro nuevas universidades públicas dirigidas a establecer un alto estándar académico (aun con la ostentosa denominación como Universidades Emblemáticas). Entre las finalidades de ese nuevo proyecto se identifica: dar pasos reales para salir de una matriz productiva extractivista hacia una economía basada en la innovación y conocimiento; fortalecer la universidad en sus primeros niveles de pregrado; obligar al sistema universitario a elevar el nivel académico sin perder su carácter de servicio público; y avanzar en una soberanía nacional del conocimiento y salvaguarda de saberes de los pueblos. Se crearon paulatinamente desde 2014 cuatro nuevas universidades públicas: YACHAY (ciencias básicas e ingenierías); IKIAM (ciencias de la vida y ambiente); Universidad de las Artes (artes visuales, literarias, escénicas, etcétera), y UNAE (educación y pedagogías).

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La élite de investigadores extranjeros. Foto: tomada de Internet

Tuvimos ocasión de colaborar un año en IKIAM y es posible advertir algunos problemas irresueltos en la conducción global de ese proyecto de cuatro “universidades emblemáticas”. Básicamente, el proyecto se tornó en un sistema académico exótico. Frente a una minoría nacional, fueron contratados numerosísimos académicos (as) extranjeros con ventajas económicas altas y muy altas (el denominado programa Prometeos). Es sintomática también la idea en torno al mito Prometeo, como portador que arriba con la luz. El principal aspecto no consiste en algo así como factor “extranjerizante” sino que el/la académico/a externo pasó exclusivamente a aprovechar las ventajas de alto salario para impulsar sus proyectos de investigación individual. Algunos incluso mantuvieron sus filiaciones universitarias de origen, de tal modo que no hubo participación efectiva en los objetivos de la universidad que los había contratado. En cambio se desvirtuó la finalidad central de conducir y orientar la cohorte de jóvenes en el campo científico. Fueron académicos que trabajaron a espaldas del estudiante ecuatoriano. De tal modo que en los hechos se llegó a una contradicción antagónica entre investigación y docencia. Se produjo una división inusitada del trabajo que jerarquizaba y establecía una dicotomía falsa entre investigación versus docencia. Otro aspecto erróneo consistió en que el proyecto intencionalmente corrió paralelo al conjunto de la universidad nacional, como si se tratase de una nueva elite que automáticamente irradiaría mayor estándar científico. Se menospreciaron experiencias, trayectorias y el acumulado previo de trabajo universitario. Incluso se asumió una casi inexistencia de parámetros mínimos de trabajo universitario y se obligó una medida única de estandarización tomada mecánicamente del mercado académico norteamericano (llegando a un absurdo y situación febril por autocalificarse PhDs).

En ese marco, no obstante, el proyecto de universidad pública sostiene aun importantes potencialidades; algunas de las cuales pudieran resumirse como sigue: 1) probabilidades certeras de generar un sistema endógeno de impulso científico y regulación académica (en América Latina hay experiencias importantes en ese sentido); 2) condiciones para producir conocimiento en soberanía y por fuera de los centros hegemónicos globales. Se enfrentan casos ciertos de tráfico y piratería de conocimiento, algunos con anuencia de organizaciones locales; 3) voluntad política para extender la universidad con buen nivel académico hacia miles de jóvenes.[2] De hecho, la pertinencia de ese proyecto de universidades de pregrado es verificable en la ampliación de matrícula hacia jóvenes entre 17-18 años de edad de sectores con impedimento económico provenientes de todas las provincias del país y, en su mayor parte, de contextos rurales.

* Dr. en Ciencias Sociales por FLACSO-Ecuador.

19 de abril de 2018

[1] Cifras tomadas de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (www.educacionsuperior.gob.ec).

[2] En 2017 el número de estudiantes fue: 700 en IKIAM, 1435 en UArtes, 1280 en la UNAE, y 1010 en Yachay  (www.ikiam.edu.ec / www.uartes.edu.ec / www.unae.edu.ec / www.yachaytech.edu.ec ) en perspectiva de duplicar su alcance.

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