El futbol como revelador social / Anne Fouquet

Hace unas semanas, llegó victorioso el equipo de fútbol mixto representativo de Nuevo León de un campeonato organizado por la Fundación del Real Madrid, en Madrid, España. El equipo estaba compuesto por adolescentes provenientes de Centros Comunitarios. El proceso de selección duró varios meses. Primero fueron torneos de barrio, seguidos de torneos entre Centros Comunitarios y,  por último, una «clínica» de fútbol organizada por la Fundación del Real Madrid. Finalmente, 12 jóvenes (10 chicos y 2 chicas) de entre 13 y 15 años, fueron seleccionados para competir en Madrid. En el marco de mi trabajo, me tocó entrevistar a los campeones y a sus familias, y quisiera aquí compartir algunas reflexiones.

Provenientes de diferentes Centros Comunitarios[1], los 12 jóvenes comparten historias espaciales, sociales y económicas. Detrás de estas 12 personas hay 12 historias de familias que dibujan una sociología de la ciudad y sus alrededores. Me propongo hoy compartirles unos breves retratos de estas familias que nos dan a conocer de la realidad social de Nuevo León.

En resumen: Los cinco jóvenes originarios de las colonias Revolución Proletaria y Fernando Amilpa comparten mucho: se conocen desde la infancia, viven cada uno en casa de alguno de sus abuelos que edificaron mediante la autoconstrucción y las viviendas siguen creciendo al paso de la llegada de nuevos miembros en las familias; sus padres son originarios de la misma colonia y la vida laboral de estos se desempeña en su mayoría en el sector informal. Los cuatro jóvenes provenientes del sur del estado, tres de Hualahuises y uno de Montemorelos, comparten una cotidianidad rural donde todos se conocen y la vida es menos apresurada que en la ciudad. Al igual que los de las colonias urbanas, sus padres son originarios del mismo pueblo y, por lo general, sus abuelos también. Dos viven en casa de uno de sus abuelos, y el tercero  vive con sus padres en una casa de recientemente adquirida. Él de Montemorelos vive en una casa Infonavit propiedad de su madre. En el caso de Hualahuises, además, la presencia de la migración es otra realidad que comparten las familias. Así, dos de los tres jóvenes tienen familiares en Estados Unidos o un padre que ha ido a trabajar del otro lado. Los  tres últimos de la selección, si bien no comparten un mismo territorio, sí comparten un mismo espacio social que solemos llamar clase media. Sus padres son propietarios de sus casas, en las cuales cada miembro de la familia dispone de su propio cuarto, asisten a escuelas privadas y los padres son asalariados o dueños de negocio.

Todos, evidentemente, tienen el mismo gusto por el fútbol, aunque para algunos de ellos, en particular los que viven en circunstancias más adversas, lo ven como su única puerta para salir de su colonia. Para cuatro de ellos, el fútbol ha estado presente desde antes de que llegaran al mundo. Sea que un padre, un tío o un hermano mayor fue jugador de fútbol en su juventud y les han transmitido el gusto o las esperanzas a sus hijos o hijas. Mientras que, para los ocho restantes, el papel de los centros comunitarios ha sido central para  descubrir su pasión y llevar a cabo sus entrenamientos. El fútbol sigue así jugando su papel de ascensor social, de sueño de alcanzar la fama y la riqueza.

«Selección de Nuevo León conquista el Desafío Mundial Madrid 2023». Imagen tomada de POSTA

Contexto urbano Una movilidad social estancada

Colonia Revolución Proletaria

La primera, de 14 años recién cumplidos, va en segundo de secundaria. Es la segunda hija de su familia, tiene dos hermanas de 16 y de 8 años. Además, tiene dos medias hermanas del lado de su papá,  de 2 y 3 años. Vive actualmente con su mamá y su hermana menor en casa de su abuela junto con su tía, dos tíos y sus primos. El fútbol es una herencia familiar ya que su papá, fue, en su juventud, seleccionado por el equipo de los Tigres y su abuelo paterno entrena un equipo en la colonia vecina. Las «malas decisiones» no le han permitido a su padre seguir con sus sueños, pero ella al parecer podrá cumplirlos. Sus padres se conocieron de jóvenes en la colonia, hoy están divorciados, pero ambos están muy atentos del desarrollo de su hija tanto deportivo como educativo. El padre, contador, trabaja actualmente como taxista y la madre es empleada de una tienda.

El segundo, de 14 años, va en segundo de secundaria. Es el tercero de su familia, tiene dos hermanas mayores una de 18 y otra de 15 años y un hermanito de 6. Vive con su familia en la casa que era de sus abuelos maternos, en compañía de sus papás, hermanas, un sobrino de 18 meses y otro en camino. Descubrió el fútbol en la escuela con el profe Jona quien también daba clases en el Centro Comunitario de la colonia. Así desde sus 6 años lo juega, de grande se imagina maestro si es que el fútbol no funciona. Sus padres son originarios de la colonia y se conocieron desde jóvenes. La madre se dedica al hogar y su padre es pintor de brocha gorda.

El tercero, de 13 años, va en segundo de secundaria. Es el hijo mayor de su familia, tiene una hermanita de 7 años. Vive en la pequeña casa de sus abuelos paternos, en la cual cada familia dispone de un cuarto y comparten un espacio para la cocina. Sus papás se conocieron en la colonia a sus 15 años, su mamá se fue a vivir a la casa de sus suegros donde siguen viviendo. Al igual que su compañero descubrió el fútbol gracias al profe Jona y desde sus 6 años entrena en el Centro Comunitario. Su futuro lo ve en el fútbol, pero sin dejar los estudios de lado, de grande quiere ser arquitecto. Su madre, después de haberse dedicado al hogar durante años, acaba de iniciar un trabajo formal de empleada de limpieza en un banco, lo cual la ilusiona mucho ya que podrá ir acumulando puntos para adquirir su casa a través de INFONAVIT. Su padre es albañil en diferentes obras.

Colonia Fernando Amilpa

El primero, de 14 años va en segundo de secundaria, es el mayor de su familia compuesta por su mamá, su padrastro, su hermano de 11 años y su hermanita de 7. Viven juntos con su abuela materna en la casa de esta. Desde muy chiquito asistía al Centro Comunitario en diversas actividades antes de descubrir su pasión por el fútbol. A partir de ahí, ha participado en varios torneos de barrio con diversos equipos. Aunque el fútbol es su sueño, de grande quiere ser arquitecto. Su mamá trabaja en una fábrica de autopartes y su padrastro es supervisor en una empresa.

El segundo, de 14 años, no asiste a la escuela. La pandemia y el contexto familiar le ha dificultado retomar el camino de la Secundaria, pero tiene previsto entrar a la secundaria abierta cuando cumpla 15 años. Vive, o más bien duerme en la casa de su mamá, junto con sus dos hermanos de 15 y de 6 años y su hermana de 7 años. La mayor parte del tiempo se la pasa en casa de su abuela, justo detrás de la casa de su mamá, donde convive con su abuela, el esposo de ella, sus primos y tíos. Desde chiquito acudía al Centro Comunitario que le queda a media cuadra de su casa, donde rápidamente el profe le vio futuro en el fútbol. Desde entonces, se la pasa en la cancha de concreto de la colonia entrenando todas las noches de 7 a 10 pm y su sueño es salir de la colonia mediante el futbol. Su mamá trabaja de mesera en una quinta y para ayudar a la economía familiar, vende ropa en la colonia. El padre no está presente en la vida de sus hijos, se divorciaron hace 5 años. Su futuro soló lo ve a través del fútbol.

Desde lo rural. Entre naranjos y migración.

El primero, de 15 años recién cumplidos, es estudiante de tercero de secundaria, vive con su familia en una casa de dos pisos, construida por su abuelo paterno, con una gran huerta detrás de la casa. Es el segundo de su familia, tiene un hermano mayor de 19 años, estudiante de Contaduría en la UANL de Linares, y un hermano menor de 9. Sus padres son originarios de Hualahuises desde generaciones atrás y se conocieron en el pueblo. El fútbol es parte de su vida desde su infancia, pasa todos los días entrenando en la cancha sintética del pueblo a unas cuadras de su casa, aunque  de grande quiere ser contador como su hermano y vivir en su pueblo. Su madre se dedica al hogar y a veces trabaja en casas para mejorar la economía familiar. Su padre, después de haber trabajado durante 17 años en Estados Unidos impermeabilizando techos, fue deportado hace más de 10 años por entrar varias veces de manera ilegal. Hoy en día, se dedica a la cosecha de naranjas, otra de las actividades del pueblo.

El segundo, de 13 años va en segundo de secundaria, vive con su familia en las afueras del pueblo en una casa reciente de estilo texano. Es el menor de su familia, con un hermano mayor de 18 años, estudiante de odontología de la UANL en Monterrey. El fútbol es una parte importante de su vida desde los 7 años, sin dejar los estudios. Juega y entrena todos los días, incluso cuando llueve o truena, bajo la vigilancia de su padre. Sus padres son originarios del pueblo donde se conocieron. Su madre es maestra de primaria en la escuela del pueblo, por lo cual es una figura pública en el mismo. Su padre es empleado municipal.

El tercero, de 13 años, es uno de los más jóvenes de este equipo. Actualmente cursa segundo de secundaria y vive entre las casas de su abuela materna, la de su madre y la de su padre. Es el segundo de su familia. Tiene un hermano mayor de 16 años, estudiante de secundaria, y un medio hermano de 1 año. Su familia es de migrantes, su abuelo materno tiene más de 16 años sin regresar al pueblo por miedo a no poder entrar nuevamente a Estados Unidos, donde trabaja. En el pueblo de Hualahuises, la cultura del fútbol compite con la del béisbol y él estuvo durante su infancia en los dos deportes bajo la influencia de su madre. Finalmente, se decidió por el fútbol, al cual ahora dedica todas sus tardes en la cancha sintética frente a la casa de su madre. De momento no se imagina hacer otra cosa que jugar fútbol. Su madre se dedica al hogar, y su padre es mecánico de Senda en Monterrey.

Hualahuises, pequeño municipio al sur de Nuevo León. Imagen tomada de internet

El joven de Montemorelos tiene 14 años y es estudiante de tercero de secundaria. Fue el capitán del equipo. Es el mayor de su familia y tiene un hermanito de 7 años. Vive en las afueras de Montemorelos en un barrio de casitas Infonavit junto con su mamá y su hermanito. Tanto su madre como su padre fueron futbolistas en su juventud y es ahí en las canchas donde se conocieron. Actualmente están divorciados y sus relaciones son algo tensas. Él juega al fútbol desde siempre ya que acompañaba a sus papás en las canchas y, en particular, a su mamá quien por un tiempo entrenó a un equipo. Ha estado en varias escuelas de fútbol hasta que empezó a entrenar, después de la pandemia, en el centro comunitario de Montemorelos. Para él el futbol es una herencia familiar y no sé imagina otra cosa que ser jugador profesional. Su mamá tiene poco de haber entrado a trabajar como chofer de Sabritas, su primer empleo formal después de una serie de trabajos de lavacoches o de venta de artículos.

Un mismo espacio social

Tres de los jóvenes (dos varones y una mujer) no comparten las mismas realidades socioeconómicas que sus compañeros, pero comparten un mismo espacio social entre ellos. De clase media y más o menos acomodados según las familias, comparten una visión de futuro muy diferente a los otros miembros del equipo. Su capacidad de proyección está a la altura de sus capacidades económicas. Así, los sueños de éxito en el fútbol no son los únicos que tienen, los tres se imaginan un futuro de profesionistas. Además, su trayectoria en el fútbol no depende de los centros comunitarios, los tres han pasado por varias escuelas de fútbol y han dado con los centros por azares del destino más que por necesidad.

La primera, de 14 años, está a punto de terminar la secundaria. Vive en Pedregal de la Silla, al sur de la ciudad de Monterrey en una casa grande, propiedad de sus papás, de dos pisos en la cual cada una de las niñas tiene su cuarto propio además de una sala de juego y otra de T.V. Tiene dos hermanas pequeñas de 12 y 8 años. El fútbol ha sido su pasión desde niña. Cuando era pequeña, su mamá la llevaba a clases de baile, pero lloraba y quería ir al fútbol. Así que, desde los 5 años, ha entrenado en varios equipos de fútbol hasta que encontró al Profe Chuy en el Centro Héctor Caballero en Juárez, municipio donde los padres de la joven tienen una ferretería. Del lado de su padre tiene tres medios hermanos que son jugadores de fútbol, incluso uno de ellos fue seleccionado en la Selección Nacional sub17 que ganó el campeonato mundial y hoy es jugador profesional. Ella tiene sueños relacionados con el fútbol, pero también muchos otros centros de interés como la escuela. Quiere destacar no solo en el fútbol sino también académicamente. Su madre es la encargada de la ferretería familiar y su padre se dedica a la relación con los proveedores.

Su primo de 14 años está cursando el segundo año de secundaria. Vive también en Pedregal de la Silla en una casa de dos pisos en una privada, propiedad de sus papás. Es el menor de la familia y están muy apegados a la religión cristiana. Su hermana de 21 años, es estudiante de producción musical en el Tec de Monterrey y su hermano de 17 años, está a punto de terminar la preparatoria en la UR. El fútbol también es una tradición en su familia, su padre fue jugador semi-profesional durante su juventud mientras terminaba sus estudios y empezaba a trabajar en la ferretería familiar. Los niños lo acompañaban a los entrenamientos en la cancha de la colonia y así él adquirió el gusto por el fútbol. Desde los 6 años ha entrenado con varios equipos y ha asistido a diversas escuelas de fútbol, hasta que su padre, después de la pandemia, lo llevó al Centro Héctor Caballero, donde, junto con su prima, comenzaron a entrenar. Sus sueños de fútbol son debutar con algún equipo local, pero los estudios siguen siendo la prioridad. Su padre es el encargado de la ferretería familiar, al igual que su madre.

El tercero de este espacio social es un joven de 14 años originario de Veracruz, al igual que sus padres, quienes llegaron a Monterrey hace unos 9 años. Vive con sus padres y su hermana de 11 años en una casa de dos pisos, propiedad de sus padres, en una privada en Escobedo. De niño le fue detectado un soplo al corazón, del cual fue operado en 2018. Sin embargo, eso nunca le impidió ser activo y jugar al fútbol desde los 3 años de edad. Antes de su operación, el fútbol ya era su pasión y ha jugado en diferentes clubes. Después de la operación, tuvo que bajarle la intensidad a la actividad física y su mamá lo inscribió en clases de ajedrez, deporte en el cual también llegó a competir. Después de la pandemia, se integró al Centro Comunitario de Prados de Santa Rosa. Sus pasiones no se limitan al fútbol y, de grande, quiere ser cirujano cardíaco. Su padre es consultor de sistemas y su madre, licenciada en Administración de Empresas, se dedica al hogar.

Reflexiones finales

Este clavado en la vida de 12 familias nuevoleonenses, desde lo rural hasta las colonias más vulnerables de la ciudad pasando por los barrios dibuja una sociedad estancada. La movilidad social para la generación de los padres, en particular para los originarios de las zonas más vulnerables parece no existir. Aunque lograron estudiar, más para las mujeres que para los hombres, no lograron hacerse de una casa propia y sus trabajos siguen estando en el sector informal lo que limita el acceso a una serie de beneficios sociales.

Para completar estos retratos, algunos datos:

69 por ciento de las familias…vive en la casa de alguno de los abuelos
69 por ciento…son familias intergeneracionales.
5 de los 12 jóvenes…tienen padres divorciados y el promedio de habitantes por casa es de 5.7 personas.
A excepción de una familia…todas son originarias de Nuevo León y el 67% de los padres son originarios de la misma colonia en la que actualmente residen.
La edad promedio…de los padres es de 43 años y de las madres es de 38.5 años.
En cuanto al nivel de estudios…25% de los padres solo tiene primaria, 52% cuenta con secundaria y 33% ha cursado estudios universitarios. Por otro lado, el nivel de estudios de las madres es más alto: 42% cuenta con secundaria, 17% con preparatoria y 41% con licenciatura.
Es importante señalar que…el 100% de los padres trabaja (de los cuales 50% tiene un trabajo formal), mientras que  75% de las madres trabaja fuera de casa (de los cuales el 77% tiene un trabajo formal).
Datos elaborados a partir de las entrevistas realizadas.

13 de junio de 2023

annafouquet@gmail.com      


[1] Tres de ellos son del Centro Comunitario (CC) Revolución Proletaria, en Monterrey; Dos del CC de Fernando Amilpa, en Escobedo; Tres del CC de Linares; Dos del CC Héctor Caballero, en Juárez, uno del CC de Prados de Santa Rosa, en Apodaca y uno del CC de Montemorelos.

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