Batallas por la memoria y el archivo / Jaime Sánchez Macedo*

Hace un par de años, por sugerencia de un querido colega decidí titular un trabajo de investigación de mi autoría Donde habita el olvido[1], el cual trata acerca de la construcción del megaproyecto de espacio público que desde el 2007 integró la Macroplaza o Gran Plaza, el Paseo Santa Lucía y el Parque Fundidora en la ciudad de Monterrey, Nuevo León. En un primer momento aquel título me agradó por “lo poético” que resultaba, además del guiño “intelectual” a los versos de Bécquer y, sobre todo, a la lírica de Sabina. Dejando de lado el esnobismo, me pareció que Donde habita el olvido aplicaba muy bien para describir la ciudad en la cual se barrió con la mayor parte del centro histórico y se dio al traste con formas de habitar afincadas en esa porción neurálgica del espacio urbano: aquello no podía realizarse sino en una ciudad amnésica[2] y proto-apocalíptica.[3]

Producto de mis indagaciones, me parece claro que la tabla rasa del centro sirvió también para tratar de borrar mucha de la memoria sobre el convulso pasado reciente de Nuevo León, donde movimientos sociales urbano-populares, estudiantiles, guerrilleros y obreros pusieron en jaque a la burguesía y la clase política en más de una ocasión.[4] La cuestión es que la intervención urbana parece haber sido tan sólo la punta de lanza para lo que vendría después. 

Caricatura alusiva a la devastación provocada por la Macroplaza. Gerardo Rodríguez Canales «Geroca», «Los Bombarderos», El Norte, 30 de julio de 1982.

Nuestro estado, a pesar de contar hoy día con importantes instituciones encargadas de investigar, enseñar y difundir la Historia –con toda la intención crítica en el uso de la “H” mayúscula–, enfrenta severos problemas en términos de remembrar el pasado desde las experiencias de clases populares, otredades y disidencias, así como los hechos que resultan “incómodos” para quienes creen con fervor en el mito de la excepcionalidad regia[5] y el prodigioso espíritu emprendedor de su élite económica.[6] En ese sentido, los archivos juegan un papel fundamental como derroteros a través de los cuales es posible aproximarnos a las huellas de esa memoria silenciada e indómita.

Lo que sucede hoy día con el Archivo General del Estado de Nuevo León (AGENL) no hace entonces sino reafirmar el desprecio y la indiferencia hacia el conocimiento del pasado y la memoria. Y es que desde hace un par de años se trama el cambio de sede del AGENL sin que parezca haber un mínimo de certidumbre o acierto en cuanto las decisiones que se han tomado. Primero, a inicios de la administración del gobernador Jaime Rodríguez, el entonces recién nombrado director, Héctor Jaime Treviño, se prestó al juego político y anunció con bombo y platillo ante los medios locales una supuesta inyección millonaria de recursos para el AGENL, misma que a todas luces quedó solamente en el show mediático.[7] Tiempo después, hacia los últimos años de la misma administración, nuevamente el director del AGENL secundó –o por lo menos no contravino– al mandatario estatal cuando se anunció que el archivo dejaría su sede en el Parque Fundidora para formar parte del parque que se establecería en la otrora penitenciaria del estado conocida como Topo Chico;[8] cabe resaltar la entelequia de dicho proyecto cuyas numerosas desventajas comienzan por la enorme inversión de recursos que implicaría adecuar un espacio penitenciario para el resguardo de un acervo documental tan grande.[9]

Vista parcial del Penal de Topo Chico, hoy derrumbado. Imagen tomada de Internet.

La situación empeoró drásticamente cuando en el transcurso del 2019 se detectaron daños estructurales en la sede ubicada en el cruce de Juan Ignacio Ramón y Zaragoza.[10] No está demás mencionar que este espacio se creó ex profeso para el AGENL como parte del proyecto de la Macroplaza emprendido por Alfonso Martínez Domínguez, padre de la entonces directora del archivo, Leticia Martínez Cárdenas. En la mentalidad ochentera de quienes planearon la construcción de esta sede del AGENL no pareció mala idea edificar un archivo por debajo del nivel de suelo, encima de un cauce de agua subterráneo y, por si fuera poco, con jardinería por la parte de arriba del inmueble, básicamente las condiciones perfectas para tener filtraciones por todos los muros y una muy alta humedad relativa de manera constante. Al respecto, hay que valorar que el inmueble haya logrado sobrevivir cerca de 35 años, hasta que las autoridades ordenaron su desalojo inmediato por el riesgo de un inminente colapso.[11]

Así, la infructuosa iniciativa de adecuar la ex-prisión para el AGENL se conjugó con la aparente imposibilidad de permanecer en la sede que actualmente ocupa dentro del Parque Fundidora[12] y el desalojo de emergencia del edificio de la Macroplaza, motivos que llevaron a tomar la decisión de trasladar el acervo a unas bodegas particulares en los límites entre los municipios de Monterrey y Guadalupe. Todo parece indicar que las bodegas en cuestión ya se habían utilizado antes para el resguardo de documentación pública que presuntamente fue robada de ese mismo lugar. Según una nota de Sin embargo, parte de la documentación extraída daba cuenta, entre otras cosas, de la privatización de empresas filiales de la extinta Fundidora Monterrey y otras paraestatales que pasaron a manos de particulares entre la década de los ochenta y noventa.[13] A este oscuro antecedente se suma el que una bodega de uso industrial constituye un lugar sumamente inadecuado –por decir lo menos– para el resguardo de documentación que requiere de condiciones específicas de temperatura, humedad relativa, iluminación y seguridad, amén del riesgo latente de siniestros en las bodegas circundantes. Queda por saber el negocio que pudiera representar la renta del inmueble y conocer cuál será el protocolo del traslado y reorganización del acervo, labores que ya se han comenzado a realizar.[14]

Vista exterior de la sede del AGENL abajo de la Macroplaza, hoy abandonada; en todo el frente se aprecia, de manera notoria, la filtración de humedad por el muro exterior. Imagen tomada de Internet.

Es perfectamente entendible la enorme vulnerabilidad laboral que enfrenta el encargado del AGENL, esto por desempeñar un puesto de confianza que depende básicamente de la venia del gobernador en turno para su continuidad. No obstante, Héctor Jaime Treviño, así como quienes nos dedicamos a la investigación, la comunidad de archivistas y la ciudadanía en general debemos asumir el compromiso profesional y ético de velar por el patrimonio documental del estado de Nuevo León contra la inconsciencia de los tomadores de decisiones. Con el mismo ahínco que hace no mucho tiempo el dirigente de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, Óscar Tamez, “reprobó” públicamente los actos de las manifestantes del 8M[15], sería mucho más pertinente si ahora se pronunciase a nombre de su organización en contra de cualquier negligencia en la gestión del patrimonio documental, recurso fundamental para la labor del gremio profesional que representa.

Volviendo a los principios más elementales de la conservación de archivos es necesario recordar que bajo ninguna circunstancia una bodega es un archivo, así como tampoco un archivo debe verse nunca como una bodega; si al entendimiento del director del AGENL y las autoridades esto no tiene sentido, entonces es preciso insistir. Finalmente, no toda la gente en esta ciudad de Monterrey y estado de Nuevo León está dispuesta a vivir donde habita el olvido.

26 de abril de 2022


* Jaime Sánchez, historiador por la UANL y maestro en Estudios Regionales por el Instituto Mora, es docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL

** Foto de Portada: Antiguas oficinas generales de la Fundidora Monterrey, sede del AGENL en el Parque Fundidora que resguarda los fondos históricos del acervo, Monterrey, Nuevo León, febrero de 2021. Procedencia: Wikimedia commons. 


Bibliografía

Hernández, Marie Theresa, Delirio. The Fantastic, the Demoniac, and the Réel: The Buried History of Nuevo León, E.U.A., Universidad de Texas en Austin, 2000.

León Garza, Máximo de, ¿Grandeza de Monterrey? Respuesta a Don José P. Saldaña, México, 1970. Disponible AQUÍ  

López Feldman, Aarón, Re-sentimientos de la Nación. Regionalismo y separatismo en Monterrey, México, Centro de Estudios Humanísticos, 2020. Disponible AQUÍ 

Morado Macías, César, “Migrar la memoria. Traslado y equipamiento del Archivo Histórico del AGENL”, en César Morado Macías coord., El patrimonio histórico documental de Nuevo León, México, Bajo la Higuera, 2017, pp. 7-14. Disponible AQUÍ  

Nuncio, Abraham, El Grupo Monterrey, México, Nueva Imagen, 1982.

Sánchez-Macedo, Jaime, Donde habita el olvido. Conformación y desarrollo del espacio público en el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, 1980-2007, México, Conarte, 2019.


[1] Sánchez-Macedo, Donde, 2019.

[2] Carlos G. Bustani & Rolando Robledo, “Recuerdos de una ciudad amnésica”, Contextual, s/f. [Consulta abril 2022].  

[3] Federico Compeán “Monterrey como espacio proto-apocalíptico”, Contextual, 29 de enero de 2020. [Consulta abril 2022].

[4] Además de mi propio trabajo, véase Hernández, Delirio, 2000.

[5] Véase López, Re-sentimientos, 2020.

[6] Véase Nuncio, Grupo, 1982; León, ¿Grandeza?, 1970.

[7] Si bien no se logró recuperar la nota periodística con el anuncio de aquella inyección de recursos que en el momento se leyó, por lo menos se hallaron notas relacionadas a las solicitudes presupuestales del directo del AGENL, así como sus anhelos de utilizar dicho presupuesto para adecuar las sedes que entonces se tenían, o bien, buscar la construcción de una nueva. Véase Gustavo Mendoza Lemus, “Darían presupuesto histórico al Archivo de Nuevo León”, Milenio, 12 de diciembre de 2017. [Consulta abril 2022]; Gustavo Mendoza Lemus, “Busca Archivo General concretar su nueva sede”, Milenio, 3 de enero de 2016. [Consulta abril 2022].

[8] Orlando Maldonado, “Por construcción de Archivo General, también reubicarán Palacio de Justicia de NL”, Milenio, 29 de enero de 2020. [Consulta abril 2022]; Emanuel Aveldaño, “Iniciarán obras para rehabilitar edificio del Topo”, El Norte, 5 de julio de 2021. [Consulta abril 2022]; EFE, “Pasará Topo Chico a ser Archivo Histórico de Nuevo León”, El Siglo de Torreón, 4 de septiembre de 2019. [Consulta abril 2022].

[9] Las adecuaciones que ha sufrido la sede del Archivo General de la Nación en México, ubicado precisamente en la antigua prisión de Lecumberri, no hacen sino confirmar esta cuestión. Desde finales de la primera década del siglo XXI se comenzó a buscar una nueva sede para la institución. Sin embargo, después de diferentes vicisitudes presupuestales las autoridades tomaron la decisión de edificar un inmueble contiguo a la ex-penitenciaria. La cuestión es que resultó más óptimo construir un edificio hecho ex profeso para la conservación del archivo, en comparación con los proyectos de readecuación; este mismo criterio se observa en la construcción de la nueva sede del Archivo General de la Nación Argentina. Fabiola Martínez, “Frena el recorte edificación de una nueva sede para el AGN”, La Jornada, 23 de septiembre de 2009.  [Consulta abril 2022]; Humberto Ríos Navarrete, “En vilo, Nuevo Archivo General de la Nación”, Milenio, 26 de diciembre de 2015. [Consulta abril 2022]; AGN, “Momento histórico: se trasladan los primeros documentos al nuevo edificio de acervos del AGN”, Blog del AGN, 1 de marzo de 2016. [Consulta abril 2022]; Eva Marabotto, “Con edificio nuevo y muchos tesoros digitalizados el Archivo General de la Nación celebra su bicentenario”, Télam. Digital, 28 de agosto 2021. [Consulta abril 2022].

[10] Gustavo Mendoza Lemus, “Alertan por riesgo de colapso en AGENL”, Milenio, 29 de agosto de 2018. [Consulta abril 2022].

[11] Gustavo Mendoza Lemus, “Tras 36 años, retiran últimos documentos del Archivo del Estado en la Macroplaza”, Milenio, 30 de octubre de 2020. [Consulta abril 2022].

[12] Es importante señalar que, más allá de la negativa de la dirección del Parque Fundidora, los motivos de tal imposibilidad de permanecer en dicha sede no están del todo claros. De acuerdo con César Morado, quien fue subdirector del AGENL, en 2009 el AGENL firmó un convenio de diez años con la administración del Parque Fundidora para ocupar el edificio de las antiguas oficinas generales de la empresa Fundidora Monterrey como una sede alterna a la de la Macroplaza que para ese entonces ya resultaba insuficiente para el resguardo del acervo. A pesar del carácter público y no lucrativo de la institución, se trata tal vez de uno de los convenios de menor duración para la cesión de un espacio dentro del parque, esto si se compara por ejemplo con los comodatos que van desde los 30 hasta los 50 años que mantiene el parque con empresas privadas. Quizá en su momento quienes realizaron el acuerdo consideraron que al paso de una década la administración del supuesto espacio público aceptaría renovar el acuerdo con el AGENL. Sin embargo, no fue así; lo cual hace pensar en el enorme y fútil gasto presupuestal realizado para adecuar el edificio en Fundidora con cuestiones como la estantería móvil que sólo resultaron útiles para el archivo durante diez años. Morado, “Migrar”, 2016, p. 7; César Cepeda, “Fundidora, S.A.”, Reporte Índigo, 16 de mayo de 2014. [consulta abril 2022].

[13] Álvaro Delgado Gómez, “Millones de archivos que documentaban privatización de Salinas fueron robados”, Sin embargo, 17 de agosto de 2021. [Consulta abril 2022].

[14] Morado menciona que, en su momento, cuando los fondos históricos fueron trasladados de la sede de la Macroplaza al Parque Fundidora, el AGENL contrató los servicios de Córdova Plaza, empresa especializada en la transportación de obras de arte y bienes patrimoniales de alto valor. Morado, “Migrar”, 2016, pp. 7-9.

[15] Rosalinda Tovar, “Historiadores de NL lamentan afectaciones del patrimonio cultural”, El Horizonte, 10 de marzo de 2020. [Consulta abril de 2022].

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