La calle, las miradas, el refugio: 10 de junio de 1971 / Por Gerardo Necoechea Gracia*

Agradecemos a nuestro colega Gerardo Necoechea compartir su escucha y mirada sobre los 50 años de la masacre estudiantil en 1971 en la ciudad de México. Los estudiantes de allá, sumaron a sus demandas la solidaridad con la movilización estudiantil en la Universidad Autónoma de Nuevo León, que defendía la autonomía lograda en 1969. En Monterrey, hoy en la UANL, esta fecha luctuosa y de protesta pasó desapercibida, como desapercibida es hoy su autonomía, como ausente es la memoria entre sus estudiantes y trabajadores. Va para todos ellos y ellas esta Voz Compartida.  

El pasado 10 de junio se cumplieron 50 años de la salvaje represión ejercida por el gobierno federal y las autoridades del entonces Departamento del Distrito Federal contra una manifestación estudiantil. El 10 de junio de 2021 fue jueves; también fue jueves en 1971, excepto que ese año fue Jueves de Corpus, y por eso de manera abreviada se alude a Jueves de Corpus para referirse a los sucesos de ese día, aunque es más frecuente denominarlos el halconazo, en referencia al grupo paramilitar de Los Halcones.

La manifestación fue convocada para mostrar solidaridad con los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Una gran movilización en 1969 logró la autonomía y un acuerdo para que estudiantes y maestros propusieran un proyecto de ley orgánica a la legislatura estatal. Una comisión de profesores y estudiantes entregó el proyecto en mayo de 1970, que incluía la creación de una asamblea universitaria que fuera el órgano supremo, compuesta por 3 maestros y 3 estudiantes por cada escuela, y procedimientos para la elección de rector. El gobernador Eduardo Elizondo, en marzo de 1971, rompió el acuerdo, designó a un coronel como rector e impuso lo que llamó Asamblea Popular, compuesta por 30 miembros: 3 profesores, 3 estudiantes, y el resto eran representantes de empresarios, sindicatos charros, grandes medios y la legislatura estatal. La respuesta estudiantil fue tomar la rectoría y declarar huelga; impidieron que el rector designado pisara la Universidad y exigieron el cumplimiento de los acuerdos de 1969. La intervención del gobierno federal, el 3 de junio, logró la destitución del nuevo rector, el reconocimiento de quien ocupaba antes el puesto, Héctor Ulises Leal, e impuso un Consejo Universitario que descartaba la participación paritaria de estudiantes y maestros. El gobernador Elizondo renunció al día siguiente.

1969. Marcha de estudiantes de la Universidad de Nuevo León por la autonomía. Fuente: Ruiz C., p. 191**

En la ciudad de México, los días anteriores al 10 de junio, hubo intensa polémica respecto de si salir o no la calle. Unos consideraban el problema de la UANL resuelto, mientras que otros consideraban que la demanda central de participación paritaria no había sido satisfecha. El Comité Central de Lucha de la UANL nombró tres representantes para que asistieran a la marcha, señalando así que su lucha continuaba.   

1971. Estudiantes y maestros de la UANL en defensa de la autonomía. Fuente: Ruiz C., p. 261**

El presente trabajo[1] recurre a entrevistas de historia oral realizadas en 2021 con personas que asistieron a la marcha. Presento tres distintos aspectos que resaltan en las entrevistas, que tienen que ver con el simbolismo de la calle, el espacio desde el que los entrevistados atestiguaron los acontecimientos, y el importante papel que jugó el barrio en ellos.

La calle

Investigaciones y testimonios subrayan la importancia que los asistentes a la marcha daban a la idea de nuevamente manifestar su postura política en la calle. Esta fue una de las razones para la marcha y uno de los motivos personales para asistir. Las personas entrevistadas recuerdan el lapso de tiempo entre el movimiento estudiantil de 1968 y la marcha de 1971 como un solo momento de activismo ininterrumpido.

Paco Ignacio lo expresó claramente:

Éramos jóvenes de izquierda y el movimiento sí nos había transformado potentemente en términos de jóvenes de izquierda con voluntad…. Éramos muy sesentayocheros… con lógica movimientista. Por lo tanto, cuando se decide salir a la calle de nuevo, por primera vez después del 68, la respuesta personal en mi caso era: hay que estar ahí… [En el trayecto a la marcha, Paco Ignacio observó la gran cantidad de tanques antimotines. La visión, recuerda,]…era francamente aterradora y, sin embargo, seguimos caminando. La segunda percepción que tengo es la sorpresa de ver que había 10,000 personas concentradas en el Poli, era aquello… Todos estos atrevieron. Porque lo que pasa es que el debate era “no que no, sí que sí, ya volvimos a salir”, era el retorno sesentayochero a las calles. 

La determinación de ganar la calle era una cuestión política clara e inmediata. Pero la calle también significaba un espacio de libertad que rebasaba la mera participación en los asuntos públicos. La disputa por la calle incluía enfrentar las muchas maneras en que los jóvenes sentían que vivían en una sociedad opresiva.

Volver a tomar la calle después del 68. Fuente: Colección Fotográfica Taibo/La Jornada.

Edna era estudiante en la Universidad Autónoma de Nuevo León en 1971. Ella recordó que unos años antes, siendo estudiante de secundaria, decidió irse de pinta con sus amigas. Para su mala suerte, fueron descubiertas. A ella no le sucedió nada pero sus amigas recibieron una fuerte regañada de parte de sus padres y algunas fueron expulsadas de la escuela. “La escuela estalló, me acuerdo, debió haber sido así. Era muy cerrada y muy católica creo. […] Yo creo que la gente todavía estaba muy encerrada en sí misma, en las familias… y no había una vida comunitaria.”

Esta era una sensación compartida por muchos jóvenes en el país, y que Enrique Ballesté captó en lo versos de Jugar a la Vida:

En mi casa hay una iglesia que se llama comedor.
Y de nuevo en la calle me remiendo la ilusión.

La calle adquiere así una dimensión simbólica en sintonía con el espíritu disidente y libertario.

Además (recuerda Paloma), sabíamos que iba a ser una manifestación que la iban a reprimir. Sí lo sabíamos, y aun así, pensamos que había que salir…. ¿Y sabes qué? Era una fiesta, una fiesta absoluta. Todo lo que era la parte de la entrada al Poli, al Casco, todos en el suelo, pintando las mantas y todo eso y era verdaderamente una fiesta, a pesar de que sabíamos que ahí estaba la represión afuera, esperándonos. Pero era el volver a salir a las calles… Estábamos allí pintando las mantas y muy contentos. Era esta cosa de sentirte verdaderamente en comunidad, todos como caminando por un mismo motivo. Esta cosa que de pronto sientes en las manifestaciones, que te llena tanto. Pero pues nos duró bien poquito…

Con economía de palabras, Benedetti en Te quiero expresó el mismo sentimiento:
Y en la calle codo a codo somos mucho más que dos…

La mirada

El segundo punto que quiero presentar tiene que ver con la mirada, o mejor dicho, con el punto en el espacio desde el que se refiere la experiencia. Cada recuerdo es un fragmento de lo sucedido, y cada una de las personas hizo posteriormente una labor de indagación para unir ese fragmento con otros y tener una idea más completa de lo sucedido. Esa posterior labor intelectual tuvo como germen y acicate ese fragmento atiborrado de sentimiento.

Paloma y varios otros con quienes fue a la marcha iban agrupados más o menos hacía en medio de la marcha. Primero vieron como en una boca calle, a una cuadra de distancia, un grupo de jóvenes salía de entre los granaderos corriendo hacia los manifestantes, gritando y blandiendo varas. Hubo confusión. En un instante más se escuchan disparos. El grupo corrió hacia un edificio cercano y trepó por las escaleras hasta llegar a las azoteas. Ella desde ahí observó lo que sucedía:

Y veíamos cómo abajo estaban golpeando con las varas de kendo a todo el mundo. Entonces había una desbandada, había algunos que se enfrentaban con ellos, pero era verdaderamente terrible. Cuando vimos que la cosa se ponía peor, decidimos cambiarnos de azotea, pero antes de eso, yo recuerdo estar asomada viendo lo que estaba pasando y de pronto ver que estábamos casi frente a la puerta de la Normal, la puerta que hay sobre Avenida de los Maestros, que es una puerta grande, enorme, metálica, de fierro; y los chavos empezaron a subirse por la puerta para poder acceder a la Normal.  De pronto la puerta, con el peso, se venció. Cuando vi eso, yo dije, aquí quedamos todos, esto ya no tiene remedio. Ya cuando veías que algo tan sólido como una puerta así de hierro se doblaba por el peso de los chavos, yo lo dije ahí, ahí perdimos ya.

Los halcones preparados para acabar con una marcha pacífica. Imagen tomada de internet

Lourdes, debido a que vivía lejos, llegó tarde y se topó con la cabeza de la marcha ya cerca del cruce de Avenida de los Maestros y Calzada México-Tacuba. Ahí espero a que apareciera el contingente de la escuela de Derecho, donde ella era estudiante. Divisó a sus compañeros y estaba a punto de integrarse cuando un “ruidero espantoso” la alertó a la inminente represión

…Entonces lo que hice fue irme hacia una pared de esa calle que desemboca en Río Consulado, creo que es Río Consulado. Había un como quicio de puerta y ahí me escondí. Y entonces veo que vienen unos chavos con unas varas de bambú. Pero los compañeros no sé de dónde chingados sacaron piedras, botellas, palos y les empezaron a aventar. Entonces lo que hicieron estos monos fue replegarse. Y salen de entre sus filas unos cuates con M1 y empiezan a disparar. Y veo clarito como [a] un compañero que traía una bandera y les decía: “hijos de no sé qué, hijos de más allá y más acá”, le pegó un disparo. Y el disparo a la hora que le pega en el vientre salta un chisguete de sangre, y el cuate se desploma, evidentemente se desploma.

Y entonces fue una rabia y una impotencia, porque no me podía salir porque estos estaban aquí y estaban aventando balazos, y el compañero tendido allá. Es terrible esa rabia y esa impotencia. ¿Qué duraría? Una hora, yo creo que como una hora. Entonces sí me voy corriendo para ver el compañero tendido, a ver si todavía tenía vida. Vienen otros compañeros, entre esos un muchacho con la bata de médico que dijo que era el hijo de Edmundo Valadez y que estaba estudiando medicina. Y entonces dijimos: Oye ¿qué hacemos? ¿Cómo los llevamos? ¿Dónde los llevamos? Y entonces me dice: “Yo tengo la ambulancia”. No sé por qué chingados, pero él tenía la ambulancia. Se la trae y entre todos empiezan, empezamos a subir personas malheridas en esa ambulancia.  Y entonces fue muy dramático porque el muchacho que le dieron el balazo, que yo vi, era bastante pesadito, porque estaba corpulento, y no, no respondía. Entonces pus ya lo pusimos ahí. Después suben a un jovencito que traía la perforación exactamente en el vientre, parece ser que ellos traían la indicación de atinarle al vientre de las personas.

Halcones golpeando a estudiantes. Imagen tomada de internet

Santiago también llegó cuando la marcha ya había iniciado, y buscó al contingente del CCH Naucalpan, donde era maestro. Lo topó cercano al Deportivo Plan Sexenal, e inició a marchar con ellos.

De pronto empezaron los gritos adelante de nosotros y atrás de la cuadra, entre Carpio y Eligio Ancona. Vi a pocos pasos de mí… Vi que se venían contra nosotros, aullando y corriendo hacia nosotros no granaderos, como lo que yo pensaba, sino muchos vándalos con camisetas blancas y pantalones mezclilla…. Yo lo que vi eran de blanco y de mezclilla y con sus varas kendo, y otros con algo que a mí me pareció rifle, o algo así, y después lo comprobé. Cuando estábamos acorralados, de plano inermes, yo entré en pánico. De pronto escuché un grito de: “¡Por aquí, por aquí!” Y era una entrada al deportivo Plan Sexenal. Junto con otros, me metí a la casetita, y de la casetita luego luego había acceso a los campos de futbol. Corrimos por la primera cancha aterrados, bueno, al menos yo. Yo oía unos balazos a lo lejos y otros muy próximos. Yo… aprendí que cuando tú oyes un balazo, es porque la bala ya pasó. La cantidad de adrenalina que generé superó por mucho la insuficiencia cardiaca que padecía desde adolescente. El ruido que producía la andanada de balazos opacó totalmente mi taquicardia. A unas cuantas zancadas de la alambrada [que] separaba una cancha de otra, observé a un chavo que estaba paralizado, yo no sé si atorado o… Muy feo, en la mera alambrada, montado a caballo, vamos, en el borde, estaba enganchado o paralizado… No sé qué le pasó a este chico. Mientras, otro me pasó así como la bala, me pasó así ¡pa! ¡pa! ¡pa!, ¡pa!, se trepa como si fuera de tropas de asalto, de los que trepan y se dejan caer del otro lado. Y de nuevo la adrenalina me hizo trepar y saltar a mí igual, sin pensarlo, con instinto. Totalmente aturdido, disneico, salté la última alambrada para dar a una calle cuyo nombre pues todavía a la fecha no sé cuál es, no recuerdo, desconozco la calle. Pasó un taxi, se detuvo. Cuatro o cinco de nosotros nos, nos dijo que nos podíamos subir, todos apretados. Nos llevó por una ruta absolutamente inadvertida, al menos para mí, o sea, desconocida, hasta la avenida Reforma, donde nos bajó, sin cobrarnos un centavo.

Tres perspectivas distintas. Una, desde arriba capta la panorámica de la acción, observa el derrumbe de la puerta y concluye que será el final. Otra, a ras de tierra, fija la mirada horizontal cargada de rabia e impotencia. La última, en movimiento, siente el miedo mientras registra imágenes impresionistas. La tarde del 10 de junio, durante una o dos horas, estas experiencias se repitieron en miles de jóvenes, con torturante regularidad.

El refugio

El tercer y último punto que quiero destacar es la solidaridad del barrio. En lo que yo he leído, y admito que es muy poco, la atención se centra en la represión y en los estudiantes. El barrio no es más que escenario. Sabemos, en cambio y gracias a las entrevistas, que los residentes de la zona abrieron puertas y ofrecieron refugio.

Joel: [Durante la balacera, corre y cruza hacia la colonia Santa Julia.] Fuimos primero a una vecindad en la calle Tamiahua y ahí la gente de la misma nos dio café y un bolillo –porque esa es la conseja popular- para el susto. No me gustó algo que vi de alguna gente ahí y dije vámonos a otra parte y nos fuimos a otra vecindad a la calle de Chalco y ahí otra vez la conseja popular – tómense un té- y todo esto ha de haber durado de las 6:00 p.m. como hasta las 7 de la noche…

Paloma: Entonces entramos, entramos corriendo por el edificio, empezamos a subir las escaleras y de pronto se abrió una puerta y una señora mayor diciendo: pueden entrar, pero solamente las mujeres. [Dos de ellas entran y el resto sigue subiendo hasta la azotea. Al poco tiempo, el grupo decide que es mejor brincar a la azotea de un edificio vecino, y ya ahí no ven lo que sucede en la calle. Paco y Paloma continúan la narración, a dos voces.]

Paco Ignacio: … Ya no se veía, no teníamos visión y ya no pudimos filmar nada. Y en esos momentos aparece un misterio.

Paloma: Empieza… Se empieza a oír por la escalera de caracol unos pasos que van subiendo poco a poco. Y todo el mundo se quedó así… ¡Ya vinieron por nosotros! Y cuando llega un tipo…

Paco Ignacio: ¡Con traje y corbata!

Paloma: …Dice ¿cuántos son? Y entonces como 20, como 30. Y entonces dijo: ni se preocupen, muchachos, están ustedes en el sindicato de aviadores. Bajen por favor por las escaleras, porque tenemos un sótano y ahí se pueden esconder.

[Pasado un tiempo, salen del edificio del sindicato y comienzan a caminar en dirección a la calzada México-Tacuba. Aún se escuchan disparos]

Paco Ignacio: … el tiroteo iba y venía, no era continuo.

Paloma: Por eso la gente corría cuando había un tiroteo, la gente corría… Seguimos avanzando hasta que llegamos ahí justo…

Paco Ignacio: A San Cosme.

Paloma: Dimos la vuelta y empezaron a abrirse ventanas, en las calles, diciendo: síganse de frente, de frente pueden pasar…

Paco Ignacio: … De frente y a la izquierda.

Paloma: Y otros: vayan a la izquierda porque por ahí sí van a poder… O sea, nos fueron guiando, la gente…

Paco Ignacio: Desde las azoteas y las puertas…

Paloma: Hasta que salimos al cine Cosmos.

Correr, había que buscar refugio. Imagen tomada de internet.

Luis: [Luis era entonces estudiante en la Universidad Autónoma de Nuevo León; él y otros dos estudiantes de Monterrey fueron representantes enviados por el Comité Central de Lucha de la Universidad Autónoma de Nueva León. Portaban una manta e iban a la cabeza de la marcha cuando iniciaron los balazos.] Entonces pues corre uno hacia los extremos, buscando alguna parte donde protegerse de los disparos. Yo inicialmente subí un tiempito en un departamento. Era una especie de, tipo como vecindad, porque eran muchos departamentos; en la calle había una sola entrada, pero eran de dos pisos por dentro y había diferentes departamentos. Ahí nos permitió una señora la entrada. Habíamos unas doce, quince gentes y luego ya no quiso abrir ella, no. Lo que pasa es que tenía miedo la señora. Lo entiendo, estaba muy preocupada porque tenía hijos afuera y pues estaba muy angustiada por sus hijos que estaban afuera y, a la vez, le generamos miedo los que estábamos ahí protegidos dentro del departamento. La señora, viendo pues ya se calmó todo, por favor, váyanse. Y pues sí, todos lo aceptamos, no. Veíamos que la señora estaba asustada, nerviosa y nos salimos de su departamento. [Avanzaron un trecho y se introdujeron en una tintorería. El empleado les dio refugio, y ahí permanecieron hasta que consideraron era seguro salir.]

Jesús: Yo me fui por la calle Lauro Aguirre, que es paralela a la calle de la Normal de la Nacional de Maestros. Y ahí que empiezan a oírse tiros y a oírse gritos… Corro con otro amigo mío llamado Isidoro, que había egresado de la normal, que ahí me lo encontré y dice: no, pues vamos a protegernos porque ya esto es una balacera…. Nos metimos a una vecindad… unos departamentos, y en suerte, sí, nos dijo un señor muy amable: pásenle. Tres, cuatro o cinco que nos vio y entramos rápido y cerró la puerta…. Ya empecé a calmarme y dice [el señor]: no salgan ahorita porque ya se oyen más intensos los balazos. Y me dijo mi amigo, el que entra ahí conmigo: Oye, se oyen como tanquetas o a lo mejor como algún arma como bazuca, como en el 68, me dijo Isidoro, mi amigo.

Mario: Todos los grupos de policías, granaderos estaban formados, pero en descanso, entonces en descanso pues podían platicar, y eso hacían, platicar, reírse durante la balacera. No intervinieron para nada. Eso sí lo vi, yo los vi, porque pues estaban enfrente del edificio donde nos metimos… [Era un edificio] de tres niveles, a lo mucho tres niveles, planta baja y dos pisos, o tres a lo mucho. En las escaleras yo me encontré a muchachos, a muchachas llorando. Se sentaron ahí en las escaleras, por todo el edificio, no subieron. Todas las escaleras del edificio estaban llenas de muchachos y muchachas y estaban llorando. Nosotros nos subimos más arriba, hasta la azotea; y ahí observamos cómo estaban disparando directamente contra la gente, contra las gentes que corrían, contra las gentes que brincaban la barda…. Muchas vecindades protegieron a la gente y la dejaban entrar a sus casas, a sus azoteas. Ahí se quedaron todo el tiempo. Nosotros también nos quedamos todo el tiempo, todo el tiempo de la balacera nos quedamos ahí…

La revista Punto Crítico publicó en junio de 1972 una encuesta realizada entre la gente de la zona un año antes, a los pocos días de la represión del 10 de junio, cuya conclusión general era que los residentes culpaban al gobierno de lo sucedido y afirmaban la alta posibilidad de que sucediera nuevamente. No extraña que los residentes de esas colonias pensaran de esa manera y fueran solidarios con los estudiantes. León, que creció en la colonia Plutarco Elías Calles durante los años cuarenta y cincuenta, aludió a una tradición de lucha en el barrio y a una larga y estrecha relación con los estudiantes del Poli y con los estudiantes de la Escuela Nacional de Maestros. Fueron testigos de la represión a los politécnicos en 1956 y a los maestros y normalistas en 1960.

Sin duda es importante todavía hoy denunciar la represión y la impunidad de los responsables; es importante conmemorar la determinación de mujeres y hombres jóvenes. Pero también brindemos, para citar a los Rolling Stones, por la sal de la tierra.


[1] Trabajo leído en la mesa redonda “Jueves de Corpus: vivencias y memorias”, organizada en la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, 10 de junio 2021.

* El autor invitado es Doctor en Historia, profesor investigador en la Dirección de Estudios Históricos y en el Posgrado en Historia y Etnohistoria de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.


** Imagen de portada: Manifestación del 10 de junio de 1971 en la ciudad de México. Fuente: Periódico Excélsior

Interiores: Ruiz Cabrera, Carlos (2003) Imágenes. Universidad Autónoma de Nuevo León 1933-2003. Monterrey: Grupo Impulsor Cultural.

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